counter for wordpress

 

Este fin de semana he vuelto a Cádiz. Llevaba mucho tiempo sin ir. Quizá demasiado.

Recuerdo que cuando nos mudamos, allá por el ’84, no era más que una ciudad cualquiera donde nadie nos esperaba, ni amigos, ni familia, sólo un piso enorme y vacío y un colegio nuevo. Pero todo eso no me importaba. A mis 12 años era una optimista nata que pensaba que los comienzos, por muy difíciles que parecieran, no dejaban de ser una oportunidad para empezar de cero.

Me fui de Cádiz en el ’96, con 24 años, dejando atrás muchas cosas. Dejé amigos que no pude o no supe conservar, dejé el mar y el olor a sal en el aire, dejé los años en los que todo estaba por estrenar y nada parecía imposible, y dejé de tener una habitación individual para irme a una compartida.

(…)

Este fin de semana he vuelto a Cádiz, y aunque al principio parecía que no hubiera pasado el tiempo, pronto supe que sólo se trataba de un espejismo. Al cruzar la puerta y recorrer el largo pasillo que antes llevaba a mi cuarto, me di cuenta de que aquélla ya no era mi casa, aunque sigue sin quedarme claro en qué momento dejó de serlo.

De las 5 habitaciones que hay, 3 siguen prácticamente iguales, incluído el cuarto de mi hermano, que también se fue de allí hace bastantes años. En su armario sigue habiendo ropa suya, en su escritorio papeles, en sus estanterías apuntes de la carrera, y sus paredes siguen llenas de posters y corchos con fotos de sus amigos.

Sin embargo, mi antigua habitación es ahora la sala de estar, y la antigua sala de estar, una habitación con cama de matrimonio en la que se quedan mi hermano y su mujer cuando van los fines de semana.

Me encantaba mi habitación. Tenía estrellas en el techo, una cama que de día era un sofá, fotos en las paredes, peluches, discos, libros, y hasta una jacaranda en la acera de enfrente que casi podía tocar desde mi ventana. En mi cuarto siempre había amigos: charlando, tirados en la cama, escuchando música, o esperándome para salir. Allí fue donde di mi primer beso de verdad y donde hice el amor por primera vez.

Anoche dormí en el cuarto de mi hermano, rodeada de cosas que no significan nada para mí. Y reconozco que eché de menos mi habitación, mis estrellas, mi cama… Eché de menos tener un cuarto al que poder regresar en una casa en la que parece que nunca haya vivido. Y a pesar de poder olerlo, me di cuenta de que el mar nunca había estado tan lejos.

Por eso cuando oí a mi tía Pili decir: ‘cuántos recuerdos te debe traer estar de nuevo en casa…’, no pude evitar sonreír mientras pensaba que no hace mucho, al despertar en el piso de un amigo -un piso sin muebles ni cuadros ni siquiera un sofá donde sentarse a ver la tele- me sentí más en casa de lo que me había sentido esa noche entre aquellas paredes en las que dejé 12 años de recuerdos que alguien se había tomado la molestia de borrar.

(…)

Hoy he vuelto a casa, a mi casa, a esta ciudad sin mar, sin olor a sal, y sin amigos, en la que después de 12 años sigo sintiéndome una extraña.

Al menos –he pensado- si algún día me voy de aquí no habrá mucho que echar de menos…