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Escrito por: Bloody el 28 Jul 2008

Hace 3 años A. vino a casa una mañana y me regaló el primer CD de Marlango. No parece un gran regalo, lo sé, no porque fuera de Marlango, sino porque sólo se trataba de una copia pirata. Pero lo era, teniendo en cuenta que A. no es un hombre de grandes (ni pequeños) detalles.

Durante mucho tiempo no pude escuchar a Marlango sin pensar en él. Pero es normal, supongo, cuando se trata de alguien que marca un antes y un después, cuando ha entrado en tu vida porque tú le has abierto la puerta y te la ha desbaratado para siempre, cuando te das cuenta de que de toda esa agua que aseguraste que no beberías ya no queda ni una gota.

Y arrepentirse a toro pasao’ no sirve de mucho cuando sabes que equivocarte ha sido tu elección, desafortunada, pero elección al fin y al cabo. Y es que aprender de tus errores no siempre compensa, y si hay algo que yo he aprendido de los míos es que siempre es demasiado tarde cuando lo único que puedes decir es lo siento.

(…)

El viernes pasado fui a ver a Marlango en directo, muy bien acompañada por cierto, por el Escocés y el hombre de la máscara. Teníamos las entradas desde hacía casi un mes, y un esguince de tobillo no me pareció motivo suficiente como para quedarme en casa…

Claro está, tuve que pasarme el concierto sentada. Dos horitas con el culo en un banco de piedra en el patio de la Diputación, con la pierna estirada y las muletas a los pies. Y no era la única, junto a las mías estaban las de mi compañera de banco, una chica joven que tampoco debió ver la zanja a tiempo.

Dejando a un lado el calor que hacía (no quiero ni imaginar el que debió pasar el grupo sobre el escenario), el buen rollito del teclista (al que Paco no ha bendecido con el sentido del humor), y el hecho de que no hubiera ni siquiera una barra donde comprar algo de beber, el concierto no estuvo nada mal.

Debería empezar aclarando que yo de música no tengo ni puta idea. No distingo instrumentos, ni sé si los bajos están demasiado altos o si sobra o falta una nota en un momento dado. Pero sé lo que me gusta. Y no es que me guste… Me encanta la voz de Leonor Watling. Es dulce sin ser empalagosa, grave sin ser ronca, potente sin hacer alardes… En realidad, me encanta toda ella. Se pasó dos horas sobre el escenario acompañando su voz con un baile un tanto peculiar, se comió (involuntariamente) un mosquito que pasaba por allí, cantó canciones de los 3 discos (algo que es de agradecer), y hasta tradujo algún estribillo para que el público participara, algo que resultó más fácil de decir que de hacer.

El grupo sonaba de puta madre y se notaba que lo estaban pasando bien sobre el escenario. Después de hora y media, cerraron con media hora más de bises, en la que nos regalaron versiones como “Semilla Negra” de Radio Futura, “Blackbird” de los Beatles, o “Vete” de los Amaya.

El post-concierto acabó con cada mochuelo en su olivo. Paula se había quedado con uno de sus titos y Chema se fue a darle el relevo. Nacho y yo alargamos un poco más la noche en el bar de la esquina, donde habíamos quedado con un amigo.

A la mañana siguiente las más de 5 horas de no-reposo de la noche anterior me pasaron factura. Pero mereció la pena. Aunque fuera por darme cuenta de que hay capítulos que por fin, parece, he conseguido cerrar.

‘Vete’ / Marlango.

‘Vete’ / Marlango.

El amor
Es algo bello que estropeas sin darte cuenta
Te di
Mi vida entera, mis besos, y ahora te alejas
Qué quieres de mí?
Qué quieres que yo haga más por ti?
Todo el amor que yo tenía te lo di
Qué quieres de mí?
Qué quieres de mí?

Vete, me has hecho daño
Vete, estás vacío
Vete lejos de aquí

Vete con tus mentiras
Vete, me has hecho daño
Vete lejos de aquí

Recuerdo
Aquellos días en que tú por mí vivías
Destruiste
Ese amor que te di con ilusión
Confiaba en ti
Yo pensaba que era todo para ti
Y ahora te alejas sin decirme un adiós
Qué quieres de mí?
Qué quieres de mí?

(*) Más coplillas pinchando aquí.