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Escrito por: Bloody el 10 Dic 2008.

Hay quienes para recordar algo importante se cambian el anillo de dedo, para no olvidar una fecha se ponen la alarma del móvil, y para saber por dónde se han quedado leyendo doblan la esquina de la página por la que van.

A mí no suele hacerme falta nada de eso. Yo tengo la increíble suerte de tener una memoria asombrosa para las cosas pequeñas. Y son esas pequeñas cosas las que se convierten en esquinas dobladas con el tiempo…

Si a eso le sumamos esta costumbre, tan molesta a veces, de asociar fechas, palabras, imágenes y sensaciones…

(…)

Pues eso, que después de un mes sin pisar este blog, aquí dejo mi meme de los libros. O algo parecido.


1. Barrie, ‘Peter Pan’. 1990.

Aquel verano aprendí un par de cosas que necesitaba saber… como que  la tónica no me gustaba, que los celos son un arma de doble filo y que no me hacía falta tener amigas para bajar a la playa.

Y tumbada en mi toalla empecé a darme cuenta de que estar sola no estaba tan mal. Sobre todo cuando sabes que si lo estás es porque quieres.

Lo que no recuerdo es de dónde saqué la absurda idea de que ‘Peter Pan’ era un cuento para niños.


2. Orwell, ‘1984’. 1993.

Esas navidades habíamos prometido no hacernos regalos. Pero tú rompiste tu parte. ‘Tenemos que hablar’, dijiste mirándome a los ojos… (serás cabrón). Y sacaste el libro no recuerdo de dónde.

Luego vinieron la colección de RBA, el sello con nuestros nombres, los metros y metros de forro, los asaltos a las librerías del centro…

Y aquella peli, Azul, que no-fuimos a ver juntos, y la primera noche, y la urgencia por estrenarlo todo, como si el mundo se fuese a acabar a la mañana siguiente…


3. Mendoza. ‘El misterio de la cripta embrujada’. 1994.

Domingo por la mañana. Villegas y Marmolejo. Una camiseta roja de los 49ers que me quedaba enorme, tú y yo leyendo en voz alta sobre las sábanas revueltas y el sol colándose por las persianas.

Por aquel entonces, que el sol me rozara la piel me parecía lo más normal del mundo.

Supongo que en eso consiste la felicidad, en haber tenido mañanas como aquéllas y que sigan siendo soleadas a pesar de llevar guardadas tanto tiempo…


4. Neruda. ‘Veinte poemas de amor y una canción desesperada’. 1996.

Una primitiva con las fechas que no quería olvidar (como si pudiera) y una doble pegatina que nos pusieron a la salida del Safeway a cambio de un donativo fueron los marcadores que usé para Neruda.

Y ahí estaba yo, en mitad de ninguna parte, agarrada a esta tabla diminuta, tratando de entender cómo había llegado hasta allí y por qué aquello tenía que doler tanto.

A cambio, llegué a aprenderme entera la canción desesperada.


5. Vázquez Montalbán, ‘Los mares del sur’. 1996 (after U.K.).

Lo que más me gusta de Montalbán son sus finales. Siempre se queda uno con la sensación de que las cosas podrían haber salido de otra manera. Mejor. Y éste es uno de los más tristes que le he leído.

De ahí fue de donde sacamos el nombre para nuestra primera gata, Bleda.

Tenía que haber supuesto que dándole ese nombre tampoco ella podría tener un final demasiado feliz.


6. Lindo, ‘Amigos del Alma’. 2002.

No pude esperar y lo leí en el coche, camino de casa. Y me harté de llorar, claro…

Paula aún no había nacido, pero nuestra vida ya giraba en torno a ella.

Seis años después aquélla ya no es nuestra casa. Y nuestras vidas son dos en vez de una. Y en el centro de ellas, Paula aprende a leer con 2 cartillas, mientras 3 adultos le dicen lo bien que lo hace.

Y yo, por mi parte, he comprendido cómo se sentía Lulai después de discutir con Arturo.


7. Le Carré, ‘El jardinero fiel’. 2004.

Antes del mp3 siempre había algún libro dispuesto a acompañarme allá donde fuera.Y fue precisamente éste el que lo hizo aquella mañana de Septiembre al instituto de idiomas. Ironic, isn’t it?

Cuando A. me vio leyéndolo, me contó que él se lo acababa de terminar. Luego fuimos a una cafetería y seguimos charlando. Y resultó que teníamos mucho en común…

Mala cosa cuando lo que te atrae de una persona es que sea capaz de entender aquello que más te duele.


8. Saint Exupery, ‘El Principito’. 2005.

No sé cuántas veces lo habré leído, cuántas lo habré abierto por cualquier página buscando respuestas, cuántos Principitos habré regalado.

Pero el que le regalé a Kike era especial. Porque era el mío, mi Principito. Por eso cuando me fui de allí me pareció que lo más lógico era que pasara a ser suyo.

Y aunque las cosas entre nosotros hayan cambiado tanto, sigo alegrándome de que sea él quien lo tenga. Ojalá algún día entienda por qué.


9. Ishiguro, ‘Nunca me abandones’. 2008.

Este libro es muy especial para mí. No sólo por el libro en sí, que es precioso (aunque descorazonador), sino porque tiene la dedicatoria más bonita que me han escrito nunca.

Supongo que cuando me lo regaló no imaginó que acabaría siendo suyo de nuevo.

Ni que yo me tomaría el título de Ishiguro al pie de la letra.


10. Y aunque podría dejarlo aquí, entre otras cosas porque el 9 es mi número favorito, tengo que añadir un último libro.

Es un poco complicado de explicar, porque aunque me consta que está terminado, no he podido leerlo aún. Pero sé que lo haré cuando llegue el momento. Y que merecerá la pena haber esperado.

Y no sólo eso, además estoy segura de que me encantará. Todo lo que ella escribe me encanta.


Éstas son mis esquinas. No todas, pero sí algunas de las más importantes. Y aunque no voy a pasarle el meme a nadie, quiero darle las gracias a La Bombilla por haberse acordado de mí.