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Cómo me gusta verlo dormir, con la babilla cayéndole por la comisura de los labios y el libro abierto sobre las piernas… Es que no sólo es guapo, encima es culto. Esta semana trae uno bastante gordo, El código Da Vinci. Más de quinientas páginas, que se dice pronto… A veces, cuando veo que se le va a caer, me acerco, se lo quito de encima y le pongo algo para que no pierda la página por la que va, un billete del metro, una factura de la comida, cualquier cosa… Lo hago con mucho cuidado, porque últimamente tiene muy mal despertar. Pero es normal… que tu mujer te deje para irse con tu mejor amigo no es plato de gusto para nadie. Aunque la verdad, yo creo que es lo mejor que le podía pasar. Menuda golfa era, lo sabía todo el mundo.

Antes de separarse siempre venía de buen humor. Llegaba canturreando, con su tupperware de albóndigas, pollo en salsa, filetes empanados o lomo adobado, dependiendo del día. Le pegaba una etiqueta con su nombre y lo guardaba en el pequeño frigorífico que compartimos. Cuando le conté que yo no comía carne ni pescado y que no tenía que preocuparse, porque ni por error me acercaría a sus tuppers, dejó de poner la etiqueta. Luego, poco a poco, se fue animando a probar la comida que yo me traía: ensalada de pasta, tortilla con pisto, albóndigas vegetales…

Cuando su mujer se fue, se abandonó muchísimo. A menudo llegaba tarde, sin afeitar, y en vez de tuppers, empezó a traer bocadillos. Me dio tanta pena que, casi sin pensar, empecé a cocinar para dos… Le llevó algún tiempo darse cuenta de que el bocadillo siempre acababa intacto. Hasta que hace cosa de un mes, me soltó, como el que no quiere la cosa: Mañana no cocines, invito yo. Pedimos a un chino. Allí tienen rollitos de primavera y todas esas mariconadas que ellos comen.

Desde entonces es como una tradición, los jueves pedimos al chino de la esquina: chop suey de pollo, cerdo agridulce, o pato laqueado, para él… rollitos de primavera, noodles o arroz tres delicias, para mí. Pero lo mejor de los jueves, sin duda, son las galletas de la suerte. Sé que es una tontería, pero reconozco que siempre las abro esperando encontrar una señal que me haga dar el paso, echarle valor y decirle de una vez lo que siento por él.

Mientras tanto, me conformo con verlo dormir y poder despertarlo cuando llega el pedido…

– Mi sargento, perdone que lo despierte, pero la comida ya está aquí…

– Joder, Fonseca, te he dicho cien veces que no te pongas tan cerca para despertarme… y déjate de tanto “perdone” y tanta hostia, que con tanta tanta educación la gente termina por no tomarte en serio, por mucho tricornio que lleves en la cabeza, te lo digo yo… A ver si voy a tener que acabar sacándote de putas pa’que espabiles, jajajajaja… Pero come, hombre, come…


Esta semana le ha tocado proponer tema a Psiqui, y ha dicho:
” El tema es: Comida china o japonesa y relaciones de pareja… Espero que sea difícil y que vuestras mentes imaginativas se vuelvan algo calenturientas…”

Casi na…🙂