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Masticó un poco más. Las naúseas eran cada vez mayores. Su estómago, vacío tras más de una luna de ayuno, se revolvía sin saber a qué agarrarse. A lo lejos, un grupo de chacales lo observaba, decidiendo si sería presa o enemigo. Cerró los ojos y pudo olerlos, notar el calor de sus cuerpos, oír el latido de sus corazones… sentir su hambre. Avivó las llamas con unas ramas de acacia que había dejado secar durante el día, mientras observaba cómo los chacales se alejaban hasta ser engullidos por la oscuridad del desierto. Las temperaturas habían bajado considerablemente al caer la tarde. Se acercó un poco más al fuego, absorto en las sombras que dibujaba a su alrededor. Las veía alargarse y encogerse, formando extrañas siluetas que cambiaban antes de que pudiera decidir a qué se parecían.

De repente, una de las sombras se separó del resto elevándose sobre su cabeza. Lejos de asombrarse, se dio cuenta de que de aquello debía ser lo que había estado esperando. Sin avisar, la sombra cayó sobre las rocas y éstas se convirtieron en tiernas hogazas ante sus ojos. El olor del pan recién hecho inundó el aire, lo oyó crujir en sus manos al partirlo y notó cómo su boca se llenaba de saliva… Entonces una punzada le atravesó el estómago. Hasta ahora masticar trozos de hongo seco junto al fuego le había ayudado a entender muchas cosas… Buscó la respuesta a su alrededor. Había decenas de piedras, puede que cientos. Sería tan fácil convertirlas en panes… aún así, era algo que ni siquiera se había planteado hacer hasta ese instante. Se metió otro trozo de hongo en la boca, inspiró profundamente y evitando dirigir su mirada hacia las piedras, dijo en voz alta:

‘Está escrito. No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’

La sombra no le contestó. Retirándose lentamente de las piedras, lo guió hasta la cima de la colina más alta. Desde allí, la vista era francamente impresionante. No había nada que lo separara del cielo. En contraposición, el negro abismo bajo sus pies parecía infinito. A lo lejos, un halcón planeaba sobre el vacío. Entonces la sombra se arrastró hacia él hasta convertirse en la suya, extendió los brazos, dispuestos para planear, y saltó. Él siguió su ejemplo, cerró los ojos y abrió los brazos… Podría dejarse caer a sabiendas de que Él mandaría a sus ángeles para sostenerlo. Sólo en ese momento lo entendió. Su padre le había dado brazos, no alas. Dio un paso atrás y, rompiendo el silencio de la noche, gritó:

‘Está escrito. No tentarás al señor, tu Dios’.

La sombra se enfureció por primera vez, dando vueltas a su alrededor con tanta ira que supo que no podría huir aunque quisiera. Atrapado en su interior pudo ver cómo el reino de Yahvé se extendía sobre la tierra: vio pueblos aniquilados en nombre de la salvación, miles de inocentes torturados y quemados por los defensores de la fe, hermanos levantados en armas por un trozo de tierra a la que llamaban Santa, países enteros donde el hambre se propagaba como una plaga mientras los sacerdotes nadaban en la opulencia… sin embargo no consiguió ver a Dios por ninguna parte.

¿Era eso lo que le esperaba? Por un momento dudó. Después de todo, él no había elegido aquello… Y justo cuando estaba a punto de claudicar, lo vio claro. Aquello no podía ser sino un engaño. Era imposible que un mensaje tan sencillo acabara de aquella manera.

‘Retírate, Satanás, porque está escrito: adorarás al Señor, tu Dios, y sólo a él rendirás culto’.

La sombra obedeció, regresando al fuego del que había salido. Un instante después, éste se apagó como si nunca hubiera sido encendido.

Se puso en pie y sacudió su túnica. Al fin podía dar su retiro por acabado. Ahora estaba preparado para llevar la Misericordia de Dios a todos los hombres.

Antes de partir contempló el amanecer en silencio. Sin duda la Gloria de Yahvé era infinita…


Esta semana me tocaba a mí proponer el tema, y (vaya usted a saber por qué) esto fue lo que dije: “El tema es Epifanías (en el sentido de “revelación”) y Penitencias. Mezclado, no agitado. A ver qué os sale.”

Justo cuando estaba pensando “a ver qué coño escribo yo ahora”, vi que alguien había dejado un comentario en un post antiguo de Blas, entré a cotillear (cuando se trata de mi viajero favorito soy así de curiosa, jeje) y ya que estaba releí el post. Primero pensé en escribir sobre una revelación de alguien que estuviera en el desierto y que fuera hasta el culo de peyote (o similar). Lo de que el protagonista fuera quien es, vino solo (desierto +revelaciones+penitencias)… Luego, buscando información sobre las drogas de la época en esa zona en particular, encontré este artículo en la Wiki, y pensé que no era una idea tan descabellada después de todo…

En el foro, Psiqui me dijo: ” Este relato me recuerda a ‘El evangelio según Jesucristo’ de José Saramago. No sé si te has inspirado o no, pero es muy parecido el planteamiento, sobre todo el párrafo donde ve el reino de Yahvé… Así que tendrás que citarlo”.

Lo cierto es que aún no he leído nada de esa señora (que diría Espe, jeje), y en concreto de este libro no había oído hablar en mi vida. Por eso no lo he citado.

Lo que sí me ha ayudado es releer partes del nuevo testamento (en concreto, Mateo 4, 1-11), así como algunos datos sobre los Esenios.

Espero que a nadie se ofenda por mi relato, porque no he pretendido ser irrespetuosa en ningún momento, sólo contar una historia.

Feliz Semana Santa a tod@s!!!