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Llevaba ya un rato mirándose, cuando se dio cuenta de que no se reconocía. Era una sensación rara y a la vez extrañamente familiar, como cuando en el colegio te mandaban copiar cien veces la misma frase y las palabras acababan por no tener ningún sentido. Se tocó la cara, los ojos, la boca. Al llegar al cuello sus manos se detuvieron. Se levantó el vestido y sus ojos bajaron hasta los pechos, redondos y pequeños. Lo más probable era que le cupiesen en sus manos, pero algo le dijo que era mejor no arriesgar. A continuación su mirada siguió bajando hasta llegar a su cintura; era diminuta, tan estrecha que podría ser rodeada con un solo brazo. Y sus muslos, tan largos y esbeltos…

Unas risas la avisaron de que alguien se acercaba. Echó un último vistazo y dejó el vestido caer de nuevo sin forma alguna hasta sus tobillos. Giró a derecha, izquierda e izquierda de nuevo hasta salir de aquel laberinto, evitando mirarse en un solo espejo más. Aquél había sido el único en el que lo que había visto no le había dado asco, y decidió quedarse con el recuerdo de aquella imagen.

Volvió a casa andando. La feria no quedaba cerca, pero las paradas de autobús y sus paneles publicitarios de cuerpos perfectos siempre conseguían deprimirla. Al entrar, un olor a guiso le revolvió el estómago. Besó a sus padres y ayudó a su madre a poner la mesa. Sin embargo, una vez servida la cena, no consiguió llevarse a la boca más de dos cucharadas antes de excusarse, asegurando haber picado algo por ahí, y retirarse discretamente. Luego fue al baño, echó el pestillo y, una vez desnuda, se enfrentó a su realidad: pechos grandes, cintura inexistente, una enorme barriga y unos muslos tan anchos que si probara a meterlos en unos vaqueros reventarían las costuras al sentarse. A continuación dejó correr el agua del grifo para no ser oída y se provocó el vómito por segunda vez en lo que iba de día.

El espejo del baño fue el último en ver de pie a Ana, segundos antes de tambalearse, desplomarse y dar con sus 47 kilos en el suelo y la sien derecha en el water.

 


Esta semana le tocaba a Psiqui proponer tema, y dijo:‘El tema es: Un laberinto, podéis escribir lo que queráis, siempre que sea un laberinto de ideas, de emociones, de los de verdad…simbólicos…’