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Comprobó las correas más por costumbre que por seguridad. Después de más de un año trabajando en su proyecto, había llevado a cabo suficientes intervenciones como para estar seguro de que el sujeto no opondría resistencia. El pánico lo paralizaría, como minutos antes había sucedido con su hermano. Una muestra más de la inferioridad de su raza.

Haciendo caso omiso a los lloriqueos, extrajo 2 mililitros de AC#23 y procedió a inyectarlo en el iris izquierdo del sujeto. Consultó su reloj. El tiempo medio de expansión del producto solia ser de 40 segundos, pero a veces llevaba alguno más. La medicina no era una ciencia exacta. Ensayo y error, al final todo se resumía en eso.

Cuarenta segundos más tarde levantó la vista del reloj. El AC#23 había cubierto ya algo más de la mitad del iris y seguía avanzando. Sin embargo, tal y como había previsto, el sujeto había perdido el conocimiento. Aprovechó para hacer algunas anotaciones en la ficha del paciente: sexo- varón, edad- 10 años (aprox)., peso- 25 kilos (aprox.), color original del iris- marrón oscuro, muestra utilizada en el estudio- AC#23, tiempo de expansión máxima- 45 seg. (aprox.), otras observaciones- gemelo.

A continuación, con la ayuda de una pequeña linterna, observó más detenidamente los resultados. Al igual que en el caso anterior, la heterocromía había alcanzado la práctica totalidad del ojo; apenas una pequeña porción del iris seguía siendo oscura y vulgar, el resto se había vuelto completamente azul. Tratándose de gemelos idénticos, el resto de la evaluación carecía de interés. El sujeto habría quedado ciego tras la tinción, así que no merecía la pena esperar a que despertara. La extracción se llevó a cabo sin ninguna incidencia digna de mención.

Ya en su despacho, abrió la vitrina para mariposas donde guardaba sus pequeños trofeos y colocó cuidadosamente las dos nuevas adquisiciones. Luego volvió a colgar su particular colección en la pared, admirando aquellos treinta y seis pares de ojos que lo observaban. Setenta y dos miradas azules que lo animaban en silencio a seguir adelante, recordándole que el mundo no tenía por qué ser oscuro.

 


Esta semana le tocaba a Psiqui proponer tema y dijo:“El tema que elijo para la próxima semana es ‘La oscuridad’... Ya sabéis, a pensar oscuridades. Puede ser cualquier oscuridad, la de la noche, la del alma, la de un día de tormenta… “

Sé que la oscuridad sobre la que he escrito es especialmente oscura, y lo peor de todo es que los hechos que describo aquí no son fruto de mi imaginación. Podéis comprobarlo por vosotros mismos pinchando aquí.

(Creo que mi padre empieza a estar realmente preocupado por los temas sobre los que escribo… el próximo jueves intentaré no matar a nadie, jeje. En cualquier caso, gracias por ser crítico conmigo, papá).