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Después de tanto tiempo, aún hay noches en las que despierto empapada en sudor y puedo verte tumbado a mi lado, mirándome. A veces me lleva unos minutos darme cuenta de que no eres real, y por un instante vuelvo a tener nueve años, y la nieve vuelve a cubrirlo todo. Otras, sin embargo, algo en mi interior me dice que aquello no fue más que una pesadilla… Entonces veo la tabla, ésa que me trajiste de Inglaterra aún sabiendo que era demasiado pequeña para preguntarme qué era Modigliani, o quién era Londres. A los seis años el mundo se reduce a aquello que alcanzas a ver y a las personas en las que confías. El resto pertenece a los cuentos.

Como Alice, con su piel tostada y sus ojos almendrados y su blusón azul y su cruz en el pecho y su flor en el pelo, partido en dos, y sus manos en el regazo y su rostro ovalado que no parecía triste ni alegre ni preocupado, pese a estar rodeada de oscuridad.

Mi piel y mi pelo también eran oscuros. Aquel invierno lo llevaba especialmente largo, más incluso que Alice. A ti te gustaba así. Me lo extendías sobre la almohada y lo peinabas con tus dedos, tan blancos, mientras me contabas historias de lobos y niñas con capa roja perdidas en el bosque. Si hay algo que les guste a los lobos, más incluso que los corderos, son las niñas vestidas de rojo perdidas en la nieve… Hablabas muy bajito, casi en susurros, supongo que porque a mamá no le gustaba que me contaras aquellas historias. Según ella, eran las culpables de que a los nueve años siguiera durmiendo con la luz encendida o de que aún mojara la cama de vez en cuando.

En más de una ocasión me he preguntado por qué nunca era mamá la que se tumbaba a mi lado y me contaba cuentos de princesas rubias y hermosas como ella, mientras acariciaba mi pelo. Por qué, incluso las noches en que no tenía guardia, prefería quedarse en la cocina, canturreando mientras recogía la cena y fregaba los platos.

El día que te marchaste cayó una nevada de ésas que aún hoy se recuerdan. Cortaron las carreteras y mamá tuvo que dar media vuelta y regresar a casa. Hace tiempo que renuncié a averiguar lo que ocurrió realmente aquella noche. Amnesia disociativa, creo que lo llamaron. Lo que sí recuerdo es que a la mañana siguiente mamá había dejado de cantar. Vació tu lado del armario y al acabar se sentó sobre la cama y rompió a llorar. Luego me llevó al baño y cogió las tijeras. Aquella noche no fui capaz de dormir pensando en qué iba a decirte cuando regresaras y vieras lo que mamá había hecho con mi pelo.

Con el tiempo, me acostumbré a llevarlo corto. A otras cosas, sin embargo, sé que no lograré acostumbrarme nunca.

Hoy he vuelto a soñar con la nieve. Me encuentro en medio de un hayedo especialmente frondoso, aunque no logro recordar cómo he llegado ni qué he ido a hacer allí. Tengo puesto el abrigo rojo, ése que me regalaste por mi cumpleaños, y llevo el pelo largo, como entonces, sólo que ya no es tan oscuro. A lo lejos, donde las hayas comienzan a espaciarse, la luz de un faro barre el manto helado durante unos segundos, mostrándome las sombras que se ocultan tras los árboles. No me pregunto qué hace un faro en medio de un bosque, ni cómo es posible que la noche haya caído tan de repente, ni por qué soy incapaz de sentir frío. Conozco las respuestas. No sólo a ésas, a todas las preguntas, incluso a las que preferiría no haberme hecho nunca. Y por primera vez desde que te fuiste, me doy cuenta de que ya no tengo nada que temer, pese a estar rodeada de esta oscuridad. Saco las manos de los bolsillos y dejo que los copos caigan sobre ellas, blancos, como las vendas alrededor de mis muñecas…


Pues sí, aquí estamos de nuevo, repartiendo alegría y buen rollito :) …No, no nos lo agradezcáis a nosotros, agradecédselo a Psiqui, que fue la que, a la hora de proponer tema para esta nueva etapa, dijo ‘pues claroscuros mismamente…’, y luego (se ve que debió pensar ‘demasiado fácil…’) añadió ‘del alma’.

Bueno, pues con to’ y con eso, no me preguntéis cómo, hemos conseguido engañ… convencer a un montón de gente de que esto es pa’pasárselo bien, y han decidido unirse a esta nueva etapa del Club de los Jueves (ahora sólo queda que vuelvan los que se fueron… Volved, cobardes¡¡¡)

Yo, desde aquí, les doy la bienvenida a los nuevos, y ya que estamos, os invito a todos a que os paséis por sus blogs y comprobéis lo bien que dominan la técnica del claroscuro.

So as usual…

 

 


(*) Imagino que esta aclaración no hará ni puñetera falta, pero por si acaso, cualquier parecido de mi relato con la realidad es pura coincidencia…Bueno, salvo la mención al cuadro, que me lo trajo mi abuelo de Londres cuando yo era chica y es verdad que me encanta. Pero por lo demás, na’ de na’.

Mi padre es el mejor padre del mundo, y la nieve la vi por primera vez hace un año😉