Escrito por: Bloody el 26 Oct 2009 –

… será que mi padre no me lo ha dicho veces: “hija, que tienes que aprender a mirar pa’otro lao”. Pero yo nada, empeñada en mirar a donde no debo…

(…)

Éste ha sido un finde toledano como pocos. Empezó el jueves, one more time (que se note que soy estudiante…) cuando el Escocés, me llamó para avisarme de que no se iba a pasar a cenar porque veía al Nota raro.

Raro, para los que nunca hayáis tenido gato (gente lista¡), nunca es un buen adjetivo a la hora de hablar del comportamiento de una mascota, en general, y de un gato en particular. Y el Nota lo estaba, raro. Así que me quité el pijama, me puse unos vaqueros y tiré pa’l portal de al lado, a ver cómo de raro estaba. Lo encontré escondido debajo de la cama de Paula, de donde sólo salió cuatro o cinco veces en toda la noche… para potar.

El viernes y el sábado pasamos más tiempo en la veterinaria que en nuestras respectivas casas. Le hicieron radiografías, análisis de sangre, una eco (en la que aparecía un cuerpo extraño en el estómago del Nota), más radiografías, esta vez de contraste, y ya que estaban, le pincharon medicación a tutiplén, a ver si dejaba de vomitar, comía, y cagaba lo que fuera que se hubiese tragado. De lo contrario, teníamos progamada ya una operación de urgencia para el domingo.

Ni que decir tiene que ni al Escocés ni a mí nos pareció nada extraño eso de que El Nota tuviera algo que no debía en el estómago. Más que nada porque, desde que lo recogí de la calle, el Nota ha demostrado ser un hijo de puta con papeles de la Junta, y se ha comido desde cordones hasta trozos de sábana. De lo que no teníamos ni idea es de qué coño podría haberse comido esta vez, con el cuidado que tenemos…

Y así hemos pasado el finde, durmiendo con un ojo abierto, pinchándole cosas que le habían mandado para que no siguiera vomitando, e intentando que comiera (a veces por las buenas y otras no tanto) para que así echara lo que se hubiese comido y no hubiese que abrirlo.

Ayer domingo cagó por fin. No había ningún cuerpo extraño. Lo sé porque me encargué de revisar los cinco mojones chiquitillos uno por uno (alguien tenía que hacerlo…). Pero al menos cagó, y eso era bueno, porque es señal de que el intestino no está obstruído y que es cuestión de tiempo que lo eche. Algo más tranquila, dejé al Escocés a cargo de la tropa y me vine por fin a dormir a casa, a esta casa sin gatos y sin pelos de gato que, desde que me separé, hacen que mi asma haya vuelto a la carga y no me deje respirar, por muchos inhaladores que tome.

Supongo que, después de un finde tan largo, tenía bastante sentido que soñara con gatos. Por eso, cuando a las 4 de la mañana me despertó un gato maullando, lo primero que pensé es que lo estaba flipando. A las 5:30 ya no estaba tan segura… Oía a un gato claramente. Desperté a Nacho y le pregunté si él lo oía también… momento que el gato eligió para callarse… Pero volvió a la carga, y Nacho y yo coincidimos en que el maullido parecía venir del portal.

Diez minutos después, Nacho aparecía por casa con una preciosa gata gris (que me recuerda muchísimo a mi Bleda) en los brazos. Tenía toda la pinta de haberse escapado o perdido, llevaba un collar antipulgas y estaba gordita y bien cuidada, además de muy asustada. No me quedó otra que despertar al Escocés, para avisarle de que Nacho iba para su casa a llevarle a la perra (con el fin de evitar posibles conflictos) y para traernos un cajón para la arena (suerte que tenemos uno de sobra), arena y comida para gatos.

Y aquí estamos, este cuerpo extraño y yo…

Después de varias horas lloriqueando se ha quedado dormida en el sofá. Hemos puesto carteles por si alguien la está buscando, y a las 10.30 llamaré a la veterinaria, por si conoce a sus dueños.

Por ahora, prefiero no pensar qué vamos a hacer si nadie llama preguntando por ella… Ni qué le voy a contar a mi padre cuando hable con él dentro de un ratillo…