Escrito por: Bloody el 06 Nov 2009 –

“Había empezado a comprender que en la vida no hacía falta decir mentiras para ocultar la verdad; bastaba con encontrar las palabras que más se ajustaran a los hechos y emplearlas de la manera más adecuada.” (A. Camilleri / ‘La captura de Macalé’)

Este verano (no voy a entrar a contar a cuento de qué), me llegó un mail invitándome a participar en un programa de radio para recomendar una lectura para el verano. Ni siquiera recuerdo cómo se llamaba el programa en cuestión, ni a qué cadena pertenecía. Tampoco se lo dije a nadie así que, hasta donde yo sé, nadie se enteró (si es que alguien lo estaba oyendo).

Probablemente habría quedado mucho más cool recomendar a Ishiguro, por ejemplo, que es la mar de profundo y encima tiene un apellido difícil de pronunciar… pero sólo podía recomendar a un autor, y la verdad es que no me lo pensé dos veces: Andrea era mi hombre.

Mi primer encuentro con Camilleri, ‘Un mes con Montalbano’, fue más una encerrona que una elección personal. Cuando mi padre me lo encasquetó, vendiéndomelo como el sucesor de Vázquez Montalbán, me fui directa a la contraportada, esperando encontrarme a algún treinteañero con cara de memoloamímismo, que probablemente se habría limitado a copiar el estilo de Montalbán a falta de uno propio… Si es que soy más lista yo!

Pero quizá lo que más me sorprendió cuando vi su careto por primera vez, no fue tanto lo viejo que era (que también), como los santos cojones que tenía al posar, cigarro en mano, para la foto de su libro.

Después de leer prácticamente todo lo que ha publicado en España, (tanto las obras de Montalbano, como las ambientadas en Vigàta a finales del S. XIX), y de encontrármelo en las páginas del País, día sí, día también, poniendo a caer de un burro la política de Berlusconi, lo del cigarro ya me iba chocando menos…

Sé que son muchos los lectores que consideran el género policiaco, de suspense, o la novela negra, literatura menor. Y entiendo que jamás se les ocurriría comprar un libro de la Highsmith, de Hammett, de Chandler, de Ellroy, de Mankell, o del mismísimo V. Montalbán (por citar algunos de mis favoritos).

Pero incluso a ellos les recomendaría leer a Camilleri. Y no sólo porque, literatura menor o no, sea un género que me tire más que dos carretas (que también).

Camilleri tiene algo que no sabría definir, pero que definitivamente va más allá…

Según el Escocés, ‘Es lo mejor que le ha pasado a Italia desde Terence Hill y Bud Spencer. Leyendo a Camilleri uno se da cuenta de que es más Siciliano de lo que pensaba’.

Según el Camerunés, ‘Tiene un universo propio, como Faulkner’.

A mi, que soy mucho más primaria que todo eso, después de leerlo (sobre todo sus novelas de Montalbano) lo que suelen entrarme son unas ganas enormes de hartarme de comer, de bañarme en la playa, y de echar un polvo (sé que no queda muy literario, pero también yo tengo mi universo propio…).

Y dicho lo dicho, y por si alguno le pica la curiosidad, ‘La forma del agua’ (editado por Salamandra) es el primero de la saga. Eso sí, compráoslo antes de que la diñe, que el tabaco es un vicio mu’caro, pobre hombre.

(*) Hace mucho que quería escribir algo sobre este autor, pero ha tenido que morirse López Vázquez (lo bien que me caía a mí ese hombre…) para que me ponga las pilas.

Y es que, siendo realistas, es muy probable que a Camilleri le quede también medio telediario (uno, si es cortito)… Así que voy a darme prisa en colgar este post, no sea que tengan que venir los señores administradores a recordarme, a toro pasao, cuánto me gustaba.