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La cosa es que hace apenas 2 semanas, con el curso aún por estrenar, mis propósitos no sólo eran buenos, eran inmejorables: dormir 8 horas al día (a ser posible seguidas y por la noche), sustituir el Red Bull del desayuno por leche de soja con cereales, café y zumo natural recién licuado, llegar al cole con actitud positiva, pasar a word los apuntes de cada día al llegar a casa y /o leerme lo que hubieran subido a la (puta) webct (deloscojones), y ya que estábamos, dejar de fumar (sí, lo de dejar de fumar, teniendo en cuenta que nunca empecé, supongo que mucho mérito no tiene, pero así me aseguraba de cumplir, al menos, un 20% de mis objetivos😀 )

(…)

Dormir 8 horas. Eso debería ser fácil, al menos a priori: sabiendo que a las 7 te tienes que levantar, te vas al sobre a las 11 (a las 10 si tienes el cuerpo pa’jotas), y hala, a despertarte fresca como una rosa.

Con lo que no había contado yo es con que fueran a alquilarle el piso de arriba a un puñado de franceses fiesteros. Ni que éstos fueran a llegar de juerga -entre semana- a eso de la 1 y, con las ventanas par’enpá (que decimos aquí), fueran a dedicarse a comentar a voz en grito las mejores jugadas -imagino, porque sigo sin saber francés-, risas y carcajadas incluidas, despertándome de mi primer y profundo sueño.

Ni que decir tiene, tras levantarte a cerrar a golpes las 5 ventanas que dan (todas) al patio interior y bajar ruidosamente (lenguaje universal) la persiana de la única que no tiene plantas, lo último que puedes hacer es volver a coger el sueño. En vez de eso, te quedas mirando al techo (aunque con la luz que entra por el patio interior podrías incluso coger un libro y ponerte a leer), calculando para tus adentros con qué podrás hacer más ruido para despertarlos a todos de aquí a un ratillo…

7 o’clock. Tras meterte el correspondiente chute de Red Bull y hacer recuento de todas las ideacas que recuerdas, te pones a subir persianas (a bajarlas, a subirlas otra vez…), a sacar el lavavajillas (alguna vez tenía que ser la primera), a buscar alguna coplilla movidita en tu móvil (difícil, pero no imposible) e incluso a silbarla mientras te duchas, hasta que escuchas cómo se cierra de golpe la primera ventana del piso de arriba. Luego agarras la mochila y, tras un elegante portazo, te vas al cole respirando despacio y repitiendo tu nuevo mantra:

Actitudpositivactitudpositivactitudpositivactitudpositiva…

Entras en el metro, que por supuesto va hasta la bola. A un lado, señora mayor apestando a perfume. Te vuelves ligeramente y coges aire. A otro, chica joven haciendo equilibrios para no caer sobre ti. Primera curva y primer empujón. Seis paradas más y podrás respirar- te dices mientras intentas recordar qué cojones habías fumado cuando decidiste venir a esta universidad en medio de un descampao, a tomar por culo de todo.

Sales del metro y el sol de las 8.30, que no quema pero molesta más que un deo en el ojo, te da de frente. Caminas dejando a un lado los hierbajos secos y la señal de ‘Prohibido arrancar la hierba. Vegetación protegida’. Juas juas. Si es que te tie’s que reír… 8)

8.55. Llegas a clase dispuesta a aprender un montón (ya que estás allí…). Tras los diez minutos de cortesía, la profe (llamémosla Star) llega también.  Star nos pide que saquemos un folio. Guay. Ahora– nos dice- dibujad una familia. Mierda¡ Ya sabía yo que olvidaba algo esta mañana… los plastidecores¡¡¡

Tras el shock inicial (no era ésta mi idea de una clase de segundo de carrera) doy rienda suelta a la artista que hay en mí. Pinto cuatro cuerpos hechos a base de palotes que se distinguen (a duras penas) por las caras, y los meto en un círculo. Fuera dibujo monigotes suficientes -mi madre sale realmente favorecida con esta técnica- hasta rellenar el folio.

Luego, cuando todas acabamos nuestros dibujos, Star mete la mano en su bolso, saca un rollo de celo de su interior (ah, el misterio de qué llevan las mujeres en sus bolsos por fin resuelto¡) y nos va dando trocitos mientras nos indica dónde podemos pegarlos. Finalmente, con la clase convertida en galería de arte, dedicamos el resto de la hora y media -la primera y única hora y media del día, por la que he madrugado, dejado de respirar y atravesado una zona altamente inflamable- a comentar qué nos parecen los dibujos.

… actitudpositivactitudpositivactitudpositivactitudpositiva...

11.00. Metro mediante, regreso a casa pensando que aún me queda un propósito que cumplir. Abro la (puta)Webct en busca de los prometidos textos de Antropología. Nada. Por sexto día consecutivo no ha habido suerte. Es más, no sólo no los han subido, además ha desaparecido el link a la asignatura de Antropología II…

Por el patio interior, las voces y risas de las chicas de abajo se mezclan con el francés que llega del piso de arriba. Debe ser la hora del cigarrito.

Lo que me recuerda que sigo sin fumar… 8)

(…)

Hago recuento: uno de cinco. Eso es… un 20%¡¡¡

Para como empezó el día, tampoco ha estado tan mal…😀