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Desde que nos cambiaron los horarios, el único día en que sigo yendo al cole en metro es el jueves.  Un motivo más para que los jueves pasaran a ser el mejor día de la semana.

La verdad es que este curso estoy echando de menos muchas cosas respecto al pasado y caminar sin prisas hacia la estación es una de ellas. Eso hace que los jueves me tome mi tiempo, que me fije más si cabe en las cosas pequeñas, comprobando que no falte ninguna.

Por eso, cuando hace cosa de un mes vi que la papelería -ésa en la he entrado tantas veces a comprar cualquier pamplina sólo por curiosear las cosas tan bonitas que tenían- estaba cerrada, me dio mucha pena.

Me gustaba ver al dueño cada mañana, acodado en la puerta, fumándose su cigarro y observando a la gente, como yo.  No es que fuera especialmente simpático, pero era educado y me caía bien.

Hace poco, una tarde en que fui a recoger a Paula del kárate, vi que habían abierto una nueva librería, más pequeñita, en la calle del Dojo. No recuerdo qué necesitaba comprar, pero recuerdo que dudé si entrar o no. Al final concluí que no por hacerle el boicot a ésta iban a reabrir la otra… y entré.

Cuando lo vi allí de pie, detrás del mostrador, me dio tanta alegría que no pude evitar decírselo…

Disculpe, usted es el dueño de la papelería tal, verdad?

Sí, es que nos hemos trasladado.

Pues me alegra un montón que se haya quedado en el barrio, pensé que habían cerrado y la verdad es que me dio mucha pena…

Me fije entonces mejor en la nueva papelería. Era más pequeña, sí, pero igual de bonita. Compré lo que necesitaba y salí de allí con una sonrisa en la cara…

Más tarde me enteré de que en la antigua papelería habían abierto un local de productos ibéricos. Pero ahora ya no me importaba tanto aceptar que cuando pasara no encontraría a aquel señor alto, con gafas y barba, siempre tan bien vestido, acodado en la puerta fumándose su cigarro.

(…)

Hace un par de días, el Escocés me contó, en inglés para que Paula no se enterase, que habían cerrado la nueva papelería, la pequeñita. Por lo visto el dueño se había volado los sesos allí mismo.

Supongo que será cuestión de tiempo que comiencen a circular rumores sobre los porqués. Yo, francamente, no quiero oírlos.