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‘Los recuerdos son como perros abandonados, vagabundos, nos rodean, nos miran, jadean, aúllan alzando la vista a la luna; querrías ahuyentarlos, pero no se marchan, te lamen ávidamente la mano, y cuando les das la espalda, te muerden… ‘ (Yo, otro. Crónica del cambio; Imre Kertész)

Hará unos dos años, media Andalucía estaba inundada.

Aún guardo la imagen de un puñado de árboles alzando sus ramas desnudas en medio de aquel mar muerto. Y lo más desolador era que no parecía que lo hicieran como quien pide ayuda, sino como quien, cansado de luchar, espera simplemente a que el agua se lo trague.

A diferencia de aquellos árboles, el tren en el que viajaba era obstinado; probablemente el más obstinado que yo haya cogido… durante al menos una hora se empeñó en abrirse paso entre las vías encharcadas. Y durante no menos de una hora lo consiguió.

Hará unos dos años, media Andalucía estaba inundada.

Y yo, con mi paraguas transparente, aterrizaba en Granada siguiendo un hilo rojo.

(…)

Y aunque a lo largo de mi vida me he subido a muchos trenes,  no recuerdo dos iguales. Incluso la misma estación acaba siendo diferente: una te recibe, otra te deja marchar…

Pero este jueves no hubo trenes. Ni estaciones. Ni paraguas. Ni hilos.

Ni la luna estaba envuelta en bruma. Ni mis botas hicieron ruido sobre el empedrado.

Esta vez sólo hubo palabras hermosas y ojos oscuros. Y abrazos de agua y medios besos con sabor a limón. Y música. Y muchos kilómetros envolviéndolo todo.

Y aún así…

(…)

Supongo que será cuestión de tiempo que logre recuperar Granada, cuestión de tiempo que pueda recorrer sus callejuelas sin temor a que los recuerdos me muerdan en cuanto les dé la espalda.

Hasta entonces, tal vez lo más sensato siga siendo mantenerme alejada de los andenes.

Evanthia Reboutsika / ‘Up to the attic’ (B.S.O. ‘A touch of spice’).