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Esta mañana he vuelto a meterme en su blog. No sé cuánto hacía que no me pasaba por allí…  entre que un buen día perdimos el contacto y que desde que dejé la Comu apenas he vuelto a entrar, lo cierto es que llevaba tiempo sin leerle.

La última vez que nos vimos fue, como no podía ser de otra manera, en una estación. Concretamente en Atocha, mi favorita. Mis planes originales eran hacer noche en Madrid y volver a casa al día siguiente… pero, por esas cosas raras de la vida, aquella mañana me había levantado con la certeza de que algo se había roto entre Madrid y yo. Así que decidí cambiar el billete y hacer una llamada.

Ya has comido?

Y le conté dónde estaba y que mi tren salía en hora y media. Y aunque podía haberme deseado buen viaje sin más, decidió coger el metro, venirse a la estación y dejarme hablar y llorar. Y sabe Paco que lo necesitaba…

Cuando nos despedimos una hora más tarde, lo hicimos con uno de esos abrazos extra largos que uno guarda para aquéllos a los que quiere mucho. En mi caso aquel abrazo significaba exactamente eso. Y me gusta pensar que el suyo también, aunque meses después decidiera dejar de escribirme no sé muy bien por qué…

(…)

Hoy, al leerlo de nuevo, aunque el post era algo antiguo, me ha hecho sonreír. La verdad es que me encanta cómo escribe… debe ser porque me gusta la gente inteligente y porque creo que el humor es el más claro exponente de inteligencia que existe.

Y acto seguido, con la sonrisa aún en los labios, me he puesto tremendamente triste. Porque aunque ya lo sabía, me he dado cuenta de cuánto lo echo de menos. Y porque odio cuando alguien a quien quiero sale de mi vida sin dar siquiera un portazo, eso también… Pero sobre todo por lo primero.

Y mi primera reacción ha sido darle a redactar y ponerme a escribir. A escribirle. Y lo he hecho en ese tono absurdo que tanto nos va a los dos y que la mayoría de la gente no termina de entender.

Luego he recordado lo mal que se pasa (al menos yo lo paso francamente mal) cuando esperas una contestación que no acaba de llegar… o peor aún, cuando llega y suena forzada y falsa…

Y he decidido no darle a enviar.

Entonces me ha venido a la cabeza aquella misma estación, pero a la ida. Y aquel señor esperando, ramo de rosas en mano, a alguien que nunca apareció. Y a mí misma recibiendo con un abrazo a alguien que sí llegaba. Y aquel asalto a su barrio y a su casa a la hora de comer. Y aquella peli en blanco y negro  subtitulada – sobre  prenazis y niños a los que ataban a la cama para que no se tocaran- con la que nos reímos un puñao😀 … Y aquel buzón prestado en el que nos hicimos una fotillo de recuerdo…

Y le he dado a ‘nueva entrada’ y me he puesto a aporrear mi netbook.

Quién sabe, lo mismo una de estas noches, sintonizando Radiolé o buscando en el teletexto una receta de callos a la madrileña llega hasta mi blog y lee esto…

Y lo mismo resulta que él también me ha echado de menos a mí, aunque sea un poquito… O no… pero eso no cambia que yo a él sí.