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Dejando a un lado que no me ha parecido una tierra especialmente acogedora -preciosa, sí, pero demasiado fría para alguien del sur como yo- los días que hemos pasado en Bilbao y alrededores han sido casi perfectos.

Un aviso de ‘no molestar’ colgado de la puerta, noches con más copas que cenas, peli muda en pantalla grande y maratón de Deadwood en la cama,  Vitoria a cambio de un pincho de queso de cabra y cebolla caramelizada en Puerto Viejo -con Candy sonando de fondo en el hilo musical, como alguien me hizo notar-, y el mar esperándonos a la vuelta de cada montaña…

De hecho, salvo por la alarma de incendios con que nos despertamos en la madrugada del miércoles al jueves – porque unos anormales habían tenido a bien prenderle fuego a los 4 contenedores que había junto al hotel-, me atrevería a decir que todo fue sobre ruedas. A ratos, literalmente.

Y tras 3 días de sol,  el  jueves amaneció nublado. Y Bizkaia le cedió el testigo a Gipuzkoa.

A Zarautz, con aquella marea baja y esos dibujos en la arena. A Getaria, con sus calles estrechas y aquel olor a sardinas asadas en cada rincón. A Donosti, nuestra última parada, con aquel tiovivo antiguo -al que no sé muy bien por qué no me subí- y ese viento furioso que te enmaraña el pelo y te roba el paraguas a poco que te descuides y todas aquellas farolas blancas que le daban un aspecto tan armonioso a la ciudad… excepto por aquella placita sembrada de Lampelunas.

Creo que no fue hasta verme sentada en el avión de vuelta, cuando me di cuenta de hasta qué punto necesitábamos esos 5 días y 4 noches que acabábamos de pasar los dos solos: sin niña, sin bichos, sin correo, sin apuntes, sin despertador…  y a la vez, cuánto había echado de menos a Paula, al Escocés, a Salvo y a Wilma.

Igual por eso, nada más aterrizar decidí aguantar un poco más: cambiarme de ropa en el coche, despedirme de Nacho -que estaba muerto y no se apuntó-, y tirar pa’Espartinas, acompañada del Escocés, de Paula y del tito Kike. La excusa oficial, cena por la patilla con jazz de fondo.

Y allí estaba, enseñándole a Kike las fotillos que habíamos traído de nuestro viaje mientras esperábamos a que nos dieran de comer, cuando P., la cantante del grupo del Escocés, se acercó a preguntarnos si por casualidad no conoceríamos la letra de ‘Autumn leaves‘ … más concretamente si no sabríamos qué palabra faltaba en ‘I miss you most of all, my darling, when autumn leaves (…) to fall’.

start– le dije.

Y mientras ella me daba las gracias y apuntaba la palabra perdida en su chuleta, a mi me asaltaron aquellas hojas secas cubiertas de escarcha que me paré a fotografiar camino de Gorbeia…

Y me puse a calcular, así por encima, las probabilidades que había de que P. necesitara ayuda con esa coplilla en concreto y con ese verso en particular, precisamente hoy, a un día de fin de año.

Y llegué a la conclusión de que debían ser las mismas que de encontrar Lampelunas en Donosti. 

Debe ser bonito creer en las casualidades…

(…)

‘Autumn leaves’ / Chet Baker & Paul Desmond.

(*) Si queréis saber de qué va esta coplilla y/o descargárosla, pinchad aquí.

(**) Si queréis ver algunas de las fotillos que me he traído de estos 5 días por Euskadi, pinchad aquí.

(***) Gracias por esta versión, Abu.