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“En una mirada, en una caricia, puede haber más sexualidad que en un mal polvo” (mi profe de psicopatología).

Miércoles, 6 pm. De mesa en mesa recorro el pasillo durante este ratito perdido entre Gestión y Justicia. Camino de la tienda de chuches voy parándome aquí y allá, uniéndome a la charla de turno…

Mi cabeza va por libre así que pongo el modo automático y sonrío.

… hablamos de nada en particular, de que a ver si quedamos, de que qué mierda de curso está siendo éste…

Al final esta noche he quedado con las niñas. Y no soy yo muy de bares, menos entre semana, pero hoy me he levantado con una sed que me bebería hasta el agua de los charcos.

…de lo mal que llevamos algunas el trabajo de psicopato. Yo aun no lo he empezado…, comento. Y te va a dar tiempo?, pregunta alguien. Pues iré justita, como siempre, pero aun me queda todo el finde El finde? si hay que entregarlo este viernes… por el tono me doy cuenta de que no está bromeando.

Al parecer me he debido equivocar con las fechas. No era para el 20. Es para el 14. Pasado mañana.

Y de repente, las ganas de salir, las bromas y todo lo demás se me caen a los pies. Y estas ganas de llorar que llevo aguantándome desde el martes amenazan con salir aquí y ahora. Y sé que todo esto no es sólo por el trabajo…

Respiro hondo y me doy 5 minutos. La ansiedad es adaptativa, o eso al menos dicen mis apuntes.

Finalmente logro poner un mínimo de orden en mi cabeza. Hago una llamada y anulo las prácticas de mañana y pasado. Luego me siento en una de las mesas y me pongo a hacer un esquema de cómo voy a organizar el trabajo con el tiempo que tengo.

A mi derecha una lucecita roja parpadea. Leo los mensajes para que deje de parpadear pero no contesto. Guardo el móvil en mi mochila y vuelvo a mi esquema hasta conseguir llenar un folio con buenas intenciones.

Con la conciencia un poco más tranquila, decido que ya seguiré agobiándome mañana. Que esta noche como no hay dios que me voy de copas. Pa’eso soy cigarra. Y que me quiten lo bebío, que diría el Escocés.

(…)

Jueves, 8 de la mañana. Que la gente no cambia, asegura el Escocés durante nuestra charla-de-cafetera. Y parte de razón no le falta, supongo. Como comentaba con L., el adiestrador de Brownie, el otro día, los que somos así – como él, como yo – nos pasamos media vida conteniéndonos y la otra media desbocaos. Y al final es una mierda hagas lo que hagas: si te contienes, porque no eres tú; y si eres tú… pues eso.

Cuando el Escocés y mi hija salen por la puerta me endiño un Red Bull y me pongo a escribir.

10.50.  Mi móvil suena impaciente desde el bolsillo de mi mochila. Descuelgo de mala gana esperando que no sea mi padre. Lo último que necesito ahora mismo es que me distraigan.

Al otro lado, L. me cuenta que ha llegado un poco antes, por si Brownie y yo queremos ir bajándonos…

Mierdamierdamierda. Se me ha pasado por completo anular la clase… Joder¡ Me disculpo un millón de veces, al más puro estilo japonés. Luego llamo al Escocés. Si hay alguien que puede saber dónde he dejado mi cabeza es él…

Nada más colgar me pongo un café, pa’bajar el Red Bull de antes, y sigo a lo mío. No hay tiempo para reescribir, así que elijo las palabras cuidadosamente:

“Según la definición del DSM-IV, la ansiedad es una anticipación aprensiva de un peligro o desgracia futura acompañada de un sentimiento de malestar o síntomas somáticos de tensión”.

Acostumbrada como estoy a escribir con agua y limón, hacerlo para que se entienda me cuesta horrores…

20.34 “¿Te importaría mirar tu correo? 😀 ”  Sigo sin estar de humor, pero entre que el wasap me pilla haciendo un descansito y que tengo la fuerza de voluntad de un helecho… Me meto en gmail y echo un vistazo. Y de buenas a primeras, sin comerlo ni beberlo, me encuentro saliendo de un DeLorean en pleno año 91 (como poco).

Y aunque aun me queda medio trabajo por hacer y las distracciones no son bienvenidas en este momento, sonrío por primera vez en lo que va de día. Y eso que, sabe Paco, no era asín como había imaginado perder esta tarde de jueves.

(…)

Viernes, 3.45 pm. Con mi trabajo sobre la ansiedad en la mochila, Mikel Erentxun colándose por mis cascos y mi paraguas transparente preparado para una emergencia, salgo del metro.

UPO - salida metro-001

Y pienso en el Flaherty, que ya no existe, y en todas esas pelis que jamás iré a ver… 

Luego me fijo en el cielo encapotado, el verde del descampado y los árboles al fondo… y probablemente nada de esto me habría parecido tan bonito hoy si ayer no me hubiera pasado el día entero escogiendo 2.000 palabras.

Entonces le doy la vuelta y me doy cuenta de que tengo un trabajo menos del que preocuparme, que el 20 nos vamos a ver a Kiko Veneno, y que todo eso de las miradas está la mar de bien pero lo que yo necesito esta noche es no dormir sola.

Rompe a llover. Decido no abrir el paraguas…