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‘Noches en las que desearíamos que nos pasaran la mano por el lomo y en las que súbitamente se comprende que no hay ternura comparable a la de acariciar algo que duerme’ (Oliverio Girondo).

Llego 5 minutos antes de lo acordado. Saco la BB y le mando un mensajito a mi profe avisándole de que estoy abajo. Soy G., le aclaro. Dudo que vaya a reconocerme por mi avatar de wasap; al cole suelo ir vestida😎

Mochila al hombro espero junto a la verja. Los funcionarios que regresan de tomar café pasan por mi lado en pequeños grupitos. Luego atraviesan el torno sin dejar de charlar y desaparecen de mi vista.

Y mientras unos van haciéndose cada vez más pequeños, la silueta de mi profe se vuelve cada vez más nítida. Adivino la breve conversación de ascensor que tendrá lugar antes incluso de llegar a su despacho. Y me pregunto qué pasaría si en lugar de responder con vaguedades educadas le hablara de cómo conseguí estas bonitas ojeras a juego con mi camisa.

Puntualidad británica, eh… bueno, qué tal tu semana santa?

230 Y pienso en los bajos empapados de mis vaqueros girando a la derecha un domingo de madrugada, en una vida de chocolate sin azúcar y leche desnatada con sacarina, en lo fácil que entra el tequila cuando es bueno y en lo largas que se vuelven las noches cuando quien duerme a tu lado no te pasa siquiera una mano por la espalda…

– Bien. Muy liada con los trabajos… Y la tuya?

Una vez zanjado el tema me invita a pasar a una habitación de cristal donde al parecer estaremos más cómodos. Y hablamos de esto y de lo otro, de perros y gatos y otras cosas que te cambian la vida y te hacen beberte hasta el agua de las macetas en un momento dado.

Y aunque no me lo diga, sé que mi proyecto no le convence. Y lo entiendo. No sé por qué tengo que complicar tanto las cosas, pero qué le voy a hacer. Aun así hace unas llamadas,  me da unos teléfonos y comentamos lo de mi viaje a Barcelona. Luego mira discretamente la hora y me acompaña a la salida.

Y acostumbrada a hacerlo de noche y en verano, me resulta extraño atravesar este patio a plena luz de día, sin murciélagos revoloteando, ni barra de bar al fondo, ni sillas de plástico, ni pantalla de cine. A propósito de cine…

Anoche soñé contigo. La sala es pequeña y está llena de viejos y parejas de esas que pueden besarse sin tener que esperar a que apaguen las luces. No es nuestro caso. Sentados uno junto al otro, vista al frente, podríamos pasar por perfectos desconocidos. Y atrapada entre mis muslos, torpemente oculta por mi chaqueta, tu mano derecha me recuerda por qué nunca, ni siquiera soñándote, podremos ser amigos.

Fuera un cielo perfecto me recuerda que ayer llovió. Claro que ayer aun era marzo. Como todos los años por estas fechas.