counter for wordpress

‘Si tenemos que morir, moriremos. Todos los hombres mueren. Pero antes vamos a vivir’ (George R. R. Martin).

Gastrimargia (*), lujuria y pereza. Cinco días y tres vicios (que no pecados), dos concupiscibles y uno irascible: comer hasta hartarnos, fumar hasta alucinar, follar hasta caer rendidos y dormir hasta la hora de comer. Y entre medias, dar paseos por los canales, hacer fotillos y comprar chuminás (marcapáginas, chapas e imanes chulos para la nevera).

Vuelo de vuelta. Asiento 20a. Estoy cansada, me duele la espalda y los pies no me caben en las botas… pero no me quejo. Han sido 5 días anárquicos, agotadores, pero sabe Paco la falta que me hacían.

Nacho pega la primera cabezada antes de despegar. Yo no puedo dormir en los aviones, lo que me deja tres horas por delante para mirar por la ventanilla y leer. En vez de eso, miro hacia los asientos del otro lado del pasillo y por un instante puedo verme allí sentada, sola. Los remordimientos, la insoportable necesidad de llorar, la azafata acercándose para ver si estaba bien… De aquello hace ya la friolera de 10 años. Y todo ha cambiado tanto, empezando por mí misma, que no caben las comparaciones. Por más que en mi cabeza sean inevitables.

Es noche cerrada cuando una voz nos informa -en inglés y en neerlandés- de que vamos a tomar tierra. Vista desde arriba e iluminada por infinitas luciérnagas, Sevilla tampoco parece la misma.

Aterrizar. Desembarcar. Esperar a que la cinta transportadora escupa nuestra maleta. Todo se me hace eterno. Lo único que quiero es salir de aquí. Abrazar a Paula y al Escocés. Llegar a casa y ver a mis bichos. Contar que están todos. Lo segundo único que quiero es quitarme las botas y los vaqueros y meterme en la cama. Así, sin ducharme ni cenar ni deshacer nada. Y despertarme mañana sabiendo que tendré la casa para mí sola durante 4 días.

Y mientras veo salir por fin nuestra maleta y a Nacho cogerla en peso, caigo en que mañana se acaba el 13 y yo  aún no he decidido cuáles serán mis propósitos de año nuevo… Y me doy cuenta de que de la lista del año pasado apenas cumplí 2 de 7… y aún así me atrevería a decir que no me ha ido tan mal.

Saco el móvil del bolsillo y cambio mi estado de wasap de los últimos 5 días por ese otro que me suele acompañar últimamente. El mismo que, sobre la marcha, acaba de convertirse en mi único y precioso propósito de año nuevo.

(…)

Para l@s que aún seguís pasando por aquí, muy feliz 14¡¡¡😀

(*) Al parecer la primera lista de pecados capitales contenía ocho (en lugar de siete) vicios malvados: cuatro vicios concupiscibles o deseos de posesión y cuatro vicios irascibles, que ―al contrario que los concupiscibles―, no son deseos sino carencias, privaciones, frustraciones. El caso es que, dentro de los primeros, había uno que en una lista posterior no tradujeron del griego por no encontrar una palabra equivalente, la gastrimargia (gula y ebriedad), y que finalmente acabó únicamente como gula (wikifuente).