La vida secreta de las palabras.


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‘Era algo tan gratuito, tan abundante, que ya no le inspiraba el menor interés. No sentía ya emoción ni el galope de la sangre en el cuello y en el corazón tan sólo con pensar en ella.

Ella era la tercera cerveza. No la primera, que la garganta recibe con una actitud casi llorosa. Ni la segunda, que confirma y aumenta el placer de la primera. Era la tercera, la que se bebe porque se tiene delante, porque no puede hacer ningún daño y porque, después de todo, qué más da.’

(Toni Morrison, ‘La canción de Salomón’).

No sé cómo voy a hacerlo, pero tengo que recuperar la costumbre de leer. Antes me bebía los libros. No me había acabado uno cuando ya estaba pensando en otro. Y ahora…

Hace ya algunos meses alguien me recomendó esta novela. Y me estaba gustando, mucho… Y aún así no pude, o no supe, evitar que acabara dando tumbos de aquí para allá.

Anoche, al irme a la cama, la vi ahí, en la banqueta de plástico que hace las veces de mesita, y decidí retomarla por donde la dejé (para algo tenía que servirme esta maldita buena memoria que tengo).

Entonces me topé con este párrafo. Y ya no pude seguir. Apagué la luz y me quedé dándole vueltas a lo que acababa de leer.

Y me acordé de cuando aprendí (traduciendo una coplilla, cómo no) cómo se decía en inglés regalarse (uno mismo).

Y me di cuenta de que aún no había pensado en ningún propósito de año nuevo.

De entrada, voy a acabarme este libro.

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Entonces apareció el zorro;

– Buenos días -saludó el zorro.

– Buenos días -contestó cortésmente el principito, que se dio la vuelta, en dirección a la voz, pero no vio a nadie.

Estoy aquí -aclaró el zorro- bajo el manzano…

Quién eres? -preguntó el principito- Eres muy hermoso…

– Soy un zorro -dijo el zorro.

Ven a jugar conmigo– propuso el principito- Estoy tan triste!…

– No puedo jugar contigo -dijo el zorro- No estoy domesticado.

– Ah! Perdón -se excusó el principito.

Pero, después de reflexionar, agregó:

– Qué significa “domesticar”?

– Tú no eres de aquí-afirmó el zorro- Qué es lo que buscas?

– Busco a los hombres-respondió el principito- Qué significa “domesticar”?

– Los hombres– intentó explicar el zorro- poseen fusiles y cazan. Es muy molesto. Crían también gallinas; es su único interés. Tú buscas gallinas?

– No -dijo el principito- Busco amigos. Qué significa “domesticar”?

Es una cosa demasiado olvidada-respondió el zorro- Significa “crear lazos”.

– Crear lazos?-preguntó el principito.

– Así es– confirmó el zorro- Tú para mí, no eres más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para tí más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, sentiremos necesidad uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para tí único en el mundo…

Empiezo a entender-dijo el principito- Hay una flor… Creo que me ha domesticado.

– Es probable-contestó el zorro- En la Tierra se ven toda clase de cosas…!

– Oh! No es en la Tierra– se apresuró a decir el principito.

El zorro pareció muy intrigado.

– Acaso en otro planeta?

– Sí.

Hay cazadores en ese planeta?

– Oh, no! No los hay.

– Es interesante eso! Hay gallinas?

– No.

– No hay nada perfecto-dijo el zorro suspirando.

Luego prosiguió:

– Mi vida es monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres se parecen. Me aburro, pues, un poco. Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol. Podré conocer un ruido de pasos que será bien diferente a todos los demás. Los otros pasos, me hacen correr y esconder bajo la tierra. Pero el tuyo sin embargo, me llamará fuera de la madriguera, como una música. Mira! Puedes ver allá a lo lejos los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo nada me recuerdan. Es triste! Pero tú tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas por fin domesticado, será maravilloso! el trigo dorado me recordará a ti. Y amaré el sonido del viento en el trigo…

El zorro en silencio, miró durante un gran rato al principito.

– Por favor… domestícame!– suplicó.

– Me gustaría, pero… no dispongo de mucho tiempo -contestó el principito. Quisiera encontrar amigos y conocer muchas cosas.

– Sabes? Sólo se conocen las cosas que se domestican -afirmó el zorro. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran a los mercaderes cosas ya hechas. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen amigos. Si realmente deseas un amigo, domestícame!

Qué es lo que debo hacer? -preguntó el principito.

– Hay que ser paciente -respondió el zorro- En un principio, te sentarás a cierta distancia, algo lejos de mí, sobre la hierba. Yo te miraré de reojo y tú no dirás nada. La palabra suele ser fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca.

Al otro día el pricipito volvió:

Hubiese sido mejor venir a la misma hora -dijo el zorro- Si sé que vienes a las cuatro de la tarde, comenzaré a estar feliz desde las tres. A medida que se acerque la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro estaré agitado e inquieto; descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, no sabré nunca en qué momento preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.

– Qué son los ritos? -preguntó el principito.

– Se trata también de algo bastante olvidado -contestó el zorro- Es aquello que hace que un día se diferencie de los demás, una hora de las otras horas. Te daré un ejemplo. Entre los cazadores hay un rito. Todos los jueves bailan con las jóvenes del pueblo. Para mí el jueves es un día maravilloso, ya que paseo hasta la viña. Si los cazadores no tuvieran un día fijo para su baile, todos los días serían iguales y yo no tendría vacaciones.

Fue así como el principito domesticó al zorro. Pero al acercarse la hora de la partida:

– Ah! -dijo el zorro- Voy a llorar.

– No es mi culpa -repuso el principito- Tú quisiste que te domesticara, no fue mi intención hacerte daño…

– Sí, yo quise que me domesticaras -dijo el zorro.

– Pero dices que llorarás!

– Sí –confirmó el zorro.

– Ganas algo entonces? –preguntó el principito.

– Gano -aseguró el zorro- por el color del trigo.

(Antoine de Saint-Exupéry, ‘El principito’)

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Idea Vilariño escribió este poema cuando rompió con ‘el último hombre del que debió enamorarse’, Onetti.

(…)

Ya no será,
ya no
no viviré contigo
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme,
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca
ni si era de verdad lo que dijiste que era,
ni quién fuiste, ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido vivir juntos,
querernos, esperarnos, estar.

Ya no soy más que yo para siempre y tú
ya no serás para mí más que tú.
Ya no estás
En un día futuro
no sabré dónde vives, con quién
ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca como esa noche
Nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.

(Idea Vilariño)

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“A veces sucedía que la lluvia ganaba… Lo ideal cuando llueve sin cesar es, además, ir a nadar. El remedio contra el agua es más agua todavía” (Amélie Nothomb. ‘Metafísica de los tubos’).

Anoche, aprovechando que tenía toda la cama para mí, decidí quedarme ojeando un libro que llevaba nisesabe en mi lista de do’s y al menos 3 meses más esperando a ser devuelto.

Y aunque reconozco que no contaba en absoluto con que fuera a pasar (o tal vez por eso), me enganchó desde el principio.

Y me quedé leyendo hasta las tantas, sin prestar atención a los crujidos con los que el frigorífico blanco trata de asustarme cada vez que me quedo sola.

Hacía tanto que no leía…

Y cuando lo acabé, sentí la necesidad de seguir leyendo. Pero no había más, sólo aquellas 143 páginas llenas de frases increíbles en las que detenerse.

Entonces, habiéndome librado ya del ansia de la primera lectura, decidí releerlo deteniéndome esta vez en cada frase, sin importarme ya la hora ni cómo iba a amanecer al día siguiente.

Y me dije que, después de todo, no había sido tan mala idea esperar hasta ahora para darle una oportunidad.

Y para celebrarlo, me levanté, fui al frigo, que sólo se atreve a crujir cuando me doy la vuelta, cogí un helado, uno de los grandes, y me lo llevé a la cama. Y pensé que hace un año jamás me habría atrevido a levantarme a por un helado estando sola. Y me sentí muy bien. Tanto, que me quedé dormida.

(…)

Y esta mañana me he despertado sabiendo que: a) era hora de devolverlo y b) tenía que comprármelo (no necesariamente en ese orden).

Así podría releerlo siempre que quisiera. Y consolarme pensando que, aunque a mí nunca se me ocurrió ser japonesa, al menos yo SÍ conseguí un elefante de peluche (y no 3 carpas asquerosas) en mi tercer cumpleaños.

(…)

Y ya no me importa que la lluvia caiga a manta. No, ahora que sé que el remedio contra el agua es más agua todavía.


Escrito por: Bloody el 06 Nov 2009 –

“Había empezado a comprender que en la vida no hacía falta decir mentiras para ocultar la verdad; bastaba con encontrar las palabras que más se ajustaran a los hechos y emplearlas de la manera más adecuada.” (A. Camilleri / ‘La captura de Macalé’)

Este verano (no voy a entrar a contar a cuento de qué), me llegó un mail invitándome a participar en un programa de radio para recomendar una lectura para el verano. Ni siquiera recuerdo cómo se llamaba el programa en cuestión, ni a qué cadena pertenecía. Tampoco se lo dije a nadie así que, hasta donde yo sé, nadie se enteró (si es que alguien lo estaba oyendo).

Probablemente habría quedado mucho más cool recomendar a Ishiguro, por ejemplo, que es la mar de profundo y encima tiene un apellido difícil de pronunciar… pero sólo podía recomendar a un autor, y la verdad es que no me lo pensé dos veces: Andrea era mi hombre.

Mi primer encuentro con Camilleri, ‘Un mes con Montalbano’, fue más una encerrona que una elección personal. Cuando mi padre me lo encasquetó, vendiéndomelo como el sucesor de Vázquez Montalbán, me fui directa a la contraportada, esperando encontrarme a algún treinteañero con cara de memoloamímismo, que probablemente se habría limitado a copiar el estilo de Montalbán a falta de uno propio… Si es que soy más lista yo!

Pero quizá lo que más me sorprendió cuando vi su careto por primera vez, no fue tanto lo viejo que era (que también), como los santos cojones que tenía al posar, cigarro en mano, para la foto de su libro.

Después de leer prácticamente todo lo que ha publicado en España, (tanto las obras de Montalbano, como las ambientadas en Vigàta a finales del S. XIX), y de encontrármelo en las páginas del País, día sí, día también, poniendo a caer de un burro la política de Berlusconi, lo del cigarro ya me iba chocando menos…

Sé que son muchos los lectores que consideran el género policiaco, de suspense, o la novela negra, literatura menor. Y entiendo que jamás se les ocurriría comprar un libro de la Highsmith, de Hammett, de Chandler, de Ellroy, de Mankell, o del mismísimo V. Montalbán (por citar algunos de mis favoritos).

Pero incluso a ellos les recomendaría leer a Camilleri. Y no sólo porque, literatura menor o no, sea un género que me tire más que dos carretas (que también).

Camilleri tiene algo que no sabría definir, pero que definitivamente va más allá…

Según el Escocés, ‘Es lo mejor que le ha pasado a Italia desde Terence Hill y Bud Spencer. Leyendo a Camilleri uno se da cuenta de que es más Siciliano de lo que pensaba’.

Según el Camerunés, ‘Tiene un universo propio, como Faulkner’.

A mi, que soy mucho más primaria que todo eso, después de leerlo (sobre todo sus novelas de Montalbano) lo que suelen entrarme son unas ganas enormes de hartarme de comer, de bañarme en la playa, y de echar un polvo (sé que no queda muy literario, pero también yo tengo mi universo propio…).

Y dicho lo dicho, y por si alguno le pica la curiosidad, ‘La forma del agua’ (editado por Salamandra) es el primero de la saga. Eso sí, compráoslo antes de que la diñe, que el tabaco es un vicio mu’caro, pobre hombre.

(*) Hace mucho que quería escribir algo sobre este autor, pero ha tenido que morirse López Vázquez (lo bien que me caía a mí ese hombre…) para que me ponga las pilas.

Y es que, siendo realistas, es muy probable que a Camilleri le quede también medio telediario (uno, si es cortito)… Así que voy a darme prisa en colgar este post, no sea que tengan que venir los señores administradores a recordarme, a toro pasao, cuánto me gustaba.

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‘Educad a los niños y no tendréis que castigar a los adultos’ (Pitágoras).

– Ésta es una historia preciosa, pero triste. Muy triste. Te lo digo por si prefieres que no te la cuente.

– Es una historia de amor?

– Sí. Pero no acaba bien.

– Mmm…Vale, cuéntamela.

– Cyrano. Escrito por Taï-Marc Le Thanh, las ilustraciones (o sea, los dibujos) son de Rébecca Dautremer. Basado en la obra de Edmond Rostand:

Cyrano tenía una nariz enorme (…) Cyrano tenía también unos espléndidos ojos verdes, pero no era fácil descubrirlos detrás de su enorme nariz…


– Éste es Cyrano?
– Sí.
– Y por qué dice que no se le veían los ojos? Yo sí se los veo, mira, están aquí.

– Lo sé, cielo. No es que no se le vean. Lo que quiere decir es que cuando tienes algo así, una nariz enorme, o unas orejas enormes, algo que destaque mucho, hay algunas personas que sólo se fijan en eso, y les da igual que tengas otras cosas preciosas, o que seas listo o divertido, porque sólo ven aquello de lo que se pueden reír.

– Ah, ya. Como una vez que Pedro vio a un hombre muy gordo y dijo “mira, un tomate!” y Celeste se rió.

– (Grfztsk…) Sigo…

Era habitual que un chinche exclamara riendo “¡Huy qué nariz! ¡Vaya nariz! ¡Ja, ja, ja!”. Cyrano le respondía que su nariz no era en verdad una nariz, sino, más bien, una percha para gorriones, o una caña para pescar carpas, o un trampolín para saltamontes…
Ves? Cyrano era muy listo, porque aprendió a reírse de sí mismo, y además lo hacía mejor que los demás. Asi, los que se metían con él se ponían en ridículo ellos solos. No hay nada que moleste más a alguien que quiera chincharte, que comprobar que no sólo no lo ha conseguido, sino que además te estás riendo de él, metiéndote no con él, sino contigo mismo, entiendes, mi vida?

– Ajá.


Cyrano estaba enamorado de su prima Roxana. Le habían dicho que no estaba bien enamorarse de su prima… Como si uno eligiera de quién se enamora…!!! (…) Roxana también estaba enamorada. De Christian. (…) Christian también estaba enamorado de Roxana, pero no se atrevía a decírselo (…) Cyrano decidió ayudar a Christian para que confesara su amor a Roxana, aunque aquello le hiciera todavía más desgraciado(levanto la vista del libro y miro a Paula, como diciéndole qué te parece?!!!)
– Seguramente es que la quería tanto que quería que fuera feliz…

– Eso es. Porque cuando quieres a alguien más que a ti mismo, quieres verlo feliz. Aunque no sea contigo. Aunque eso te haga desgraciado.

Llegó la noche y Roxana se asomó al balcón (…) Cyrano le soplaba sus poemas a Christian y éste los soltaba con su aire más inspirado (…) Y de repente, el amor se adueñó de los dos. Escondido entre la lavanda, Cyrano sintió que algo le corroía por dentroEso es lo que pasa cuando te rompen el corazón…


De Guiche era guapo, rico, inteligente y tenía una nariz pequeña y amaba la guerra. También amaba a Roxana, pero Roxana no le amaba. Como era muy orgulloso para admitir que era desgraciado, hacía como si no le importara. Pero como le importaba, mandó a Cyrano y a Christian a la guerra. Afortunadamente, antes de marchar al campo de batalla Christian se casó con Roxana (…) La guerra es terrible. La guerra es la muerte, la guerra es el odio, la guerra es el miedo, la guerra es el llanto, la guerra es el ruido. La guerra hace tanto ruido que los que la hacen se quedan completamente sordos. Tanto, que ni siquiera oyen el llanto de los niños Te acuerdas de quién es el que gana en una guerra, tesoro?
– Nadie?

– Nadie. Sigo… Cuando caía la noche, la guerra enmudecía y Cyrano pensaba en Roxana. Todos los días le escribía cartas íntimas y hermosas haciéndose pasar por Christian (…) Roxana las encontraba tan hermosas, que decidió dar una sorpresa a su marido e ir a verle (…) Cuando Roxana llegó, Christian se desespero porque comprendió que lo que ella amaba era la inteligencia y las magníficas cartas escritas por Cyrano. Huyó a la batalla para que le mataran, y le mataron.

– Y por qué Christian dejó que le mataran?

– Tú por qué crees?

– Porque estaba triste, porque sabía que él no había hecho las cartas… y … no sé.

– Y porque se dio cuenta de que aunque ella pensara que estaba enamorado de él, no era cierto. En realidad, estaba enamorada de otro hombre, aunque ni ella misma lo supiera porque ellos dos la hubieran engañado. Porque el físico, lo que hay fuera, nos puede gustar más o menos, pero de lo que nos enamoramos es de lo que hay dentro. Y Roxana estaba enamorada de lo que había dentro de Cyrano…


Roxana quedó destrozada y sólo estaba Cyrano para consolarla (…) Cyrano envejeció. Roxana seguía triste por la pérdida de su esposo(…) Ya no se ponía el vestido rojo; ahora vestía de negro. Vivía en un convento. Cyrano la visitaba con frecuencia. Porque seguía amándola

– Y por qué no se lo decía?

– Porque estaba tan seguro de que ella no podría enamorarse de alguien como él, con esa narizota, que se convenció a sí mismo de que lo hacía por ella. Ahí Cyrano fue un poco tonto, mi vida, porque se creyó tan listo como para saber lo que ella necesitaba, mejor incluso que ella misma. En el fondo lo que le pasaba es que estaba muerto de miedo. Aunque eso jamás lo habría reconocido. A la gente que es tan lista suele pasarle eso… No les gusta equivocarse.

Un día un viejo roñoso le dio un garrotazo fuerte en la cabeza. Pero a pesar de ello, Cyrano fue a visitar a Roxana (…) Ella le leyó la última carta que había recibido de Christian. Cyrano se la sabía de memoria, ya que él mismo la había escrito. Roxana se la oyó recitar a medida que ella leía, y entonces se dio cuenta de que Cyrano había sido el amor de su vida.

– Ohhh

Y Cyrano murió. (Los ojos de Paula están brillantes y muy abiertos) Pero justo antes de morir sonrió, porque estaba, por fin, en los brazos de su amada. Fin.

(…)

Si hay algo que me guste más que comprar libros para mí, es elegirlos para Paula. Mientras hago cola para pagarlos puedo imaginarme sentada en su cama poniéndole voces a los distintos personajes, y a ella interrumpiéndome con su risa o con sus preguntas. Como sucedió anoche con este maravilloso cuento.

(…)

Taï-Marc Le Thanh nos lleva de la mano de Rébecca Dautremer y sus hermosísimas ilustraciones, a un Japón feudal, donde las muchachas eran bonitas, pero no se lavaban casi nunca, y los muchachos no sonreían porque a los veinte años ya nos les quedaba casi ningún diente.

Una historia de amor contada para que hasta un adulto pueda entenderla.

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Escrito por: Bloody el 18 May 2009 –

Mario Benedetti, 14 Septiembre 1920 / 17 Mayo 2009.

‘No te salves’ recitado por Mario Benedetti.

No te quedes inmóvil
Al borde del camino
No congeles el júbilo
No quieras con desgana
No te salves
Ahora ni nunca
No te salves
No te llenes de calma

No reserves del mundo
Sólo un rincón tranquilo
No dejes caer los párpados
Pesados como juicios
No te quedes sin labios
No te duermas sin sueño
No te pienses sin sangre
No te juzgues sin tiempo

Pero si pese a todo
No puedes evitarlo
Y congelas el júbilo
Y quieres con desgana
Y te salvas ahora
Y te llenas de calma

Y reservas del mundo
Sólo un rincón tranquilo
Y dejas caer los párpados
Pesados como juicios
Y te secas sin labios
Y te duermes sin sueño
Y te piensas sin sangre
Y te juzgas sin tiempo
Y te quedas inmóvil
Al borde del camino

Y te salvas

Entonces
No te quedes conmigo.

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