Stand by Me.


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Iktsuarpok es una palabra de origen inuit que refleja la sensación de anticipación que te empuja a salir fuera y ver si viene alguien y que probablemente indica impaciencia (fuente ésta)

Vale. Nada de “probablemente”.

Indica impaciencia.

Comprobado.

(…)

Al final no fui capaz de esperar en casa a que me dieras un toque para bajar.

Por no poder, ni siquiera pude quedarme a resguardo del viento en mi portal.

Y como cabía esperar tampoco pude aguantarme el abrazo. Se siente.

Aunque bueno, bien pensado…

No. No se siente. Qué coño.

Muchísimas gracias por el coca-cola 😉

 

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Igual no tenía que habértelo contado. Así, al menos para ti, la cocina de casa de mis padres habría seguido siendo la misma. Con sus muebles crema y rojo, el cesto de Éboli junto a la puerta que daba al salón, y aquel suelo de baldosas blancas y negras, como un tablero de ajedrez gigante. Y esa enorme mesa de formica, con sus horrorosas sillas de sky blanco en las que se te quedaba el culo pegado con el calor. Y aquella horrorosa lámpara de muelle, que aprendimos a esquivar, balanceándose sobre nuestras cabezas. Y sí, el cajón del chocolate… tampoco yo he conocido a nadie que tuviera un cajón sólo para eso, aunque entonces me pareciera lo más normal del mundo.

La de horas que echamos en aquella cocina, comiendo porquerías, bebiendo café helado mientras hacíamos como que estudiábamos y hablando de lo que, por aquel entonces, nos parecía importante. Guardándonos quizá lo que sí lo era.

Ahora es mucho más bonita, es cierto. Los muebles son verde agua, nuevos, y la mesa es de cristal, con sillas de madera clarita. Y, aunque te parezca imposible, hay aun más comida almacenada que antes. Lo sé porque, aunque voy poco, cuando voy nunca me olvido de saquear el armarito de las latas y el cajón del chocolate. Pero ahora es sólo eso, un lugar que saquear.

(…)

Que nuestros caminos volvieran a cruzarse aquella tarde por casualidad, oír mi nombre y verte allí de pie, es sin duda una de las mejores cosas que me han pasado en muchos años. Y no hay manera de saber qué habría pasado si. Poco importa eso ahora, supongo. Eres feliz y yo me alegro tanto por ti. Tanto.

Pero no voy a mentirte. Me encanta que, después de varias vidas sin saber del otro, te asalte la morriña, aunque sea un poquito, recordando aquella vieja cocina en la que había un cajón sólo para el chocolate.

Y que el teléfono suene y seas tú.

counter for wordpressElefante

Te acuerdas el cabreo que pillé el día que se quedó sin el ojo derecho?

Todavía me dura… grrr

(…)

El caso es que, como ves:

a) tú sigues siendo un hombre de poca fe.

b) yo, por el contrario, he cambiado (un poquito). Antes SÍ lo guardaba todo. Ahora sólo guardo lo verdaderamente importante (cartas, peluches y cosas así). Hablando de cosas importantes, te suena el mapache de la izquierda? Las ventosas se pusieron amarillas, pero por lo demás no ha envejecido mal, a que no? 😉

(…)

Una última cosita, el Kaffee ese que vas a pagar tú, después de mucho pensarlo, he decidido que me lo quiero tomar en Vienna. Tengo entendido que hay un sitio donde lo ponen con tarta Sacher y es super barato… es lo bueno de que uno de nosotros sí sepa alemán 😎

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“- Qué bonito! – El qué? Qué es bonito? – La vida” (Amour, Haneke)

Me despierto a esa hora en que sólo los pájaros tienen algo que decir. Me pongo lo primero que pillo del montón de ropa a medio poner, le engancho la correa a Brownie, pillo sus bolsas y dejo que me arrastre.

Al salir del ascensor vemos a una chica sentada en un poyete  de los de fuera. Parece alta. Pelo largo, rubio. Pantalones inexistentes. Tacones enormes. Tiene la cara tapada con ambas manos y, antes incluso de abrir la puerta del portal, su llanto llega hasta nosotros. Dudo un segundo si preguntarle qué le pasa y finalmente giro a la derecha. Brownie sin embargo no se lo ha pensado y se queda atrás dando latigazos con su rabo y tratando de lamerle la cara. Tiro suavemente de él y abrimos la segunda puerta, la de hierro grande.

Ya en la calle, sentado en uno de esos absurdos maceteros de piedra sin planta dentro, un chico de aproximadamente la misma edad parece esperar. Brow, por supuesto, hace el amago de acercarse, pero esta vez lo veo venir y giramos a la izquierda sin miramientos.

Cuando regresamos, la chica y el chico están juntos en la acera. Ella llorando aún, él hablándole en voz muy baja, sin tocarla. Deben rondar los 18, una edad la mar de mala pa’según qué cosas… Brownie los ignora, porque cuando vuelve de su paseo lo hace jugando con la correa y no quiere saber na’de nadie. Yo trato de hacer lo mismo aunque mentalmente echo cuentas de los años de tranquilidad que me quedan hasta que Paula……….

(…)

Entrar en casa y no encontrar a Wilma esperándome al otro lado de la puerta es como sentir un brazo que ya no tienes. Es el amago de usarlo lo que te devuelve a la realidad. A una realidad de mierda.

(…)

Me pongo un café y me asomo al ventanal del salón, ese que da al patio comunitario. Echo de menos mi antiguo balcón. Salir y observar a la gente que vuelve a su casa andando muy despacito después de toda la noche de juerga. Mirar desde arriba los naranjos.

Aquí no hay naranjos. Sólo un limonero. Uno que el portero no riega. A veces lo observo cuando pasa con la manguera por entre los parterres, derramando agua mientras va de uno a otro, evitando cuidadosamente mirar atrás, donde el pobre limonero se seca a ojos vista. No logro imaginar qué puede haber hecho para merecer semejante castigo, pero con este calor no tardará en morir.

Luego, como cada mañana, busco al único vecino que siempre está despierto a esta hora, un señor mayor de escaso pelo cano que se pasea por su casa en pantalones de pijama y repasa la prensa en papel, como toda la vida, mientras sostiene su taza con la mano izquierda. Hoy sin embargo se ve que me he asomado un poco más temprano que de costumbre, porque su salón está vacío.

En la habitación de al lado, con la cama orientada hacia el ventanal, distingo unos pies y, un poco más arriba, unos boxers de rayas rojas. Me siento un poco voayeur, aunque no haya sido yo quien ha decidido no echar las cortinas. Pasado el primer arrebato de culpa me fijo mejor. Es una cama individual. Al menos desde aquí parece ridículamente pequeña. Sin sábana de arriba. Si yo viviera sola me compraría el colchón más grande que hubiera y dormiría en diagonal todas las noches…

(…)

Nada que hacer. Esperar notas, poco más. Tengo a Silva frente a mí pero a quien yo esperaba era a Camilleri. Es como cuando tengo antojo de mexicano y comemos pasta. Miro el de Silva. ‘La marca del meridiano’. Lo abro, lo hojeo y lo dejo donde estaba.

Enciendo el portátil y miro la cartelera de la Diputación. Ponen Amor, de Haneke. “Una pareja de 80 años (each)… un infarto y una hemiplejia… su amor se verá puesto a prueba…” Mmm. Sí. Definitivamente tiene pinta de fiestera, de las que me gustan a mí. No se hable más. Adjudicado Haneke por 4 pavos la entrada 😀 .

(…)

amour-739x1024 (1)Pffff. Fiestera es poco. Hacía tiempo que una peli no me sacudía de esta forma. Con un pellizco en el estómago salgo del cine y mando un wasap. Camino de casa pienso en el Escocés, tal vez por todas esas escenas en que el marido le lava el pelo, la ayuda a levantarse del water, le da la comida… Es difícil de explicar y supongo que imposible de entender, pero probablemente sean mis recuerdos más bonitos de nuestros últimos años juntos.

Siempre pensé que envejecería junto al Escocés. Saliendo del ‘Amor’ me doy cuenta de que ahora ninguna vejez estará a la altura de aquella que había imaginado, lo que me pone tremendamente triste… Y me consuelo un poco pensando que con mi historial yo no llegaré a vieja.

Ya en casa enciendo el portátil con ánimo de escribir. Es tarde, pero eso no me preocupa. Ya no quedan trabajos por hacer ni tengo nada que estudiar. Mañana volverá a ser domingo, como hoy.

Y justo cuando le doy a “Nueva entrada”, me llega un wasap. “Puedo felicitarte ya?“. Y al wasap le sigue una llamada que me habla de tiempos pasados, cuando nos pasábamos horas al teléfono hablando vaya usté a saber de qué.

Cuando cuelgo la sonrisa no me cabe en la cara. Y pienso en la peli que acabo de ver, tan dura. Y en que el día amaneció con una chica llorando. Y en las casualidades. Y en que contra todo pronóstico mañana ya no será domingo, sino sábado.

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Esta mañana he vuelto a meterme en su blog. No sé cuánto hacía que no me pasaba por allí…  entre que un buen día perdimos el contacto y que desde que dejé la Comu apenas he vuelto a entrar, lo cierto es que llevaba tiempo sin leerle.

La última vez que nos vimos fue, como no podía ser de otra manera, en una estación. Concretamente en Atocha, mi favorita. Mis planes originales eran hacer noche en Madrid y volver a casa al día siguiente… pero, por esas cosas raras de la vida, aquella mañana me había levantado con la certeza de que algo se había roto entre Madrid y yo. Así que decidí cambiar el billete y hacer una llamada.

Ya has comido?

Y le conté dónde estaba y que mi tren salía en hora y media. Y aunque podía haberme deseado buen viaje sin más, decidió coger el metro, venirse a la estación y dejarme hablar y llorar. Y sabe Paco que lo necesitaba…

Cuando nos despedimos una hora más tarde, lo hicimos con uno de esos abrazos extra largos que uno guarda para aquéllos a los que quiere mucho. En mi caso aquel abrazo significaba exactamente eso. Y me gusta pensar que el suyo también, aunque meses después decidiera dejar de escribirme no sé muy bien por qué…

(…)

Hoy, al leerlo de nuevo, aunque el post era algo antiguo, me ha hecho sonreír. La verdad es que me encanta cómo escribe… debe ser porque me gusta la gente inteligente y porque creo que el humor es el más claro exponente de inteligencia que existe.

Y acto seguido, con la sonrisa aún en los labios, me he puesto tremendamente triste. Porque aunque ya lo sabía, me he dado cuenta de cuánto lo echo de menos. Y porque odio cuando alguien a quien quiero sale de mi vida sin dar siquiera un portazo, eso también… Pero sobre todo por lo primero.

Y mi primera reacción ha sido darle a redactar y ponerme a escribir. A escribirle. Y lo he hecho en ese tono absurdo que tanto nos va a los dos y que la mayoría de la gente no termina de entender.

Luego he recordado lo mal que se pasa (al menos yo lo paso francamente mal) cuando esperas una contestación que no acaba de llegar… o peor aún, cuando llega y suena forzada y falsa…

Y he decidido no darle a enviar.

Entonces me ha venido a la cabeza aquella misma estación, pero a la ida. Y aquel señor esperando, ramo de rosas en mano, a alguien que nunca apareció. Y a mí misma recibiendo con un abrazo a alguien que sí llegaba. Y aquel asalto a su barrio y a su casa a la hora de comer. Y aquella peli en blanco y negro  subtitulada – sobre  prenazis y niños a los que ataban a la cama para que no se tocaran- con la que nos reímos un puñao 😀 … Y aquel buzón prestado en el que nos hicimos una fotillo de recuerdo…

Y le he dado a ‘nueva entrada’ y me he puesto a aporrear mi netbook.

Quién sabe, lo mismo una de estas noches, sintonizando Radiolé o buscando en el teletexto una receta de callos a la madrileña llega hasta mi blog y lee esto…

Y lo mismo resulta que él también me ha echado de menos a mí, aunque sea un poquito… O no… pero eso no cambia que yo a él sí.

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Pues sí, pues sí… pues parece que ya puedo volver a poner música en este blog…

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Muchísimas muchísimas gracias a todos los que me habéis echado un cable con ello (y a los que lo habéis intentado también; lo importante es participar, no? 😉 )

En especial, muchas gracias a Susana por su paciencia infinita al teléfono, y por dejarme bichear en su blog de pruebas hasta averiguar cómo hacerlo, a Don Juan Pablo y a Carlos, por compartir sus archivos conmigo, y al Escocés, por dar la lata a diestro y siniestro para ayudarme…

(…)

Y para celebrarlo, acabo de entrar en la página que me recomendaron, para empezar a bajarme las canciones que me faltaban… y he buscado la última que he puesto, ‘Creep’ de Radiohead… y la he encontrado (en varios enlaces) y me he bajado la primera que venía… y la he puesto, para comprobar que no era porno 8) …

Y la canción estaba bien, pero la carátula  que, incomprensiblemente, venía acompañando a la canción
era ésta (no otra, ésta).

Sí, eso mismo he pensado yo.

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Escrito por: Bloody el 26 Sep 2009.

No sé por qué me sorprendió que, a estas alturas de la película, mi madre me llamara interesándose por cuándo empezaba el curso…

– El lunes.

– Sabes quién hizo traductores? Tu prima T. Bueno, en realidad creo que ha estudiado dos carreras aunque…

– Pues me alegro por ella. Y?

– Y nada, que estudió traductores…

– Mamá, yo no voy a estudiar traducción. Lo pedí, pero no me daba la nota… ya te lo conté…

– Perooo… entonces en qué te has matriculado?

– En Trabajo social.

– Y eso qué es?

(…)

Por desgracia, el timbre del telefonillo sonó en ese preciso momento, y no tuve más remedio que dejar la explicación de qué era eso que iba a estudiar para mejor ocasión.

La verdad es que normalmente no me habría levantado del sofá, pero al cuarto timbrazo, me picó la curiosidad, aunque no esperaba a nadie. Y menos que a nadie, a aquel señor de Seur que traía un paquete para mí.

El paquete resultó ser una sorpresa de lo más especial: un kit del estudiante, compuesto por una carpeta, un bolígrafo de Kukuxumuxu (a juego con mi abanico, jeje), un paquete de chicles, tres marcadores fluorescentes, un marcador de páginas, y un cuaderno 100% personalizado (a los habituales de mi blog de fotos, igual os suena la portada…)

Pero lo mejor de todo no era el regalo en sí (y eso que, como todo el mundo sabe, lo mejor de la vuelta al cole es estrenar de todo, jeje), sino las líneas que venían en la primera hoja del cuaderno, escritas a mano por un par de amigas a las que aún no conozco personalmente (aunque ya queda menos), pero que han estado apoyándome y animándome desde que les conté que estaba pensando volver a estudiar… incluso sabían en qué me había matriculado!

Y aunque no sea de ésas que por la letra conocen un poco más a las personas, tampoco creo que haya que ser grafólogo para darse cuenta de cuándo le importas a alguien de verdad o de cuándo alguien merece la pena.

Te quiero mucho, Ali.

Y a ti, Na, que sepas que te estoy cogiendo cariño… 😉

Muchísimas gracias a las dos por estar ahí.

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Escrito por: Bloody el 19 Sep 2009 –

Siempre me han gustado los tíos con barba de dos días (o de cuatro), pelo largo y nada pijos… vamos, con pinta’guarros, que diría mi señora madre, pero que se duchen.

Si además tocan la guitarra, ya la hemos liao…

Quizá por eso, aquel día que andaba buscando ‘Corazón Oxidado’ en Youtube y me encontré con la versión de Santi (del que ya os hablé aquí hace más o menos un año), no pude evitar suscribirme a sus vídeos… ni contestar a su primer mail (en el que me compadecía por haberme suscrito)… ni chatear con él cuando nos encontrábamos por ahí… ni decirle que sí cuando este verano me preguntó, vía chat, si lo invitaba a unas cañas… ni ofrecerle cama y ducha cuando me dijo que iba a pasar la noche en Sevilla…

Y así fue como Santi, después de más de un año conociéndonos vía interné, vino a casa por fin. Y le presenté a casi toda mi familia. Y Nacho y él tocaron algunas coplillas a dos guitarras. Y por la noche salimos los dos por ahí, y hablamos de todas esas cosas de las que siempre acabamos hablando en el chat, sólo que esta vez frente a un par de copas de sangría (menos mal que me conozco y no pedimos la jarra, jeje). Y al día siguiente pude oír en primicia el regalo que le había hecho a su sobrino, que nacería días más tarde. Y fuimos al cuentacuentos de mi cuento favorito (aunque a él, que es un ocho, le pareció que hablaba de algo muy distinto).

Pero lo mejor de todo fue escuchar en directo la versión que hizo de ese ‘Lobo López’ que tanto tiempo llevaba yo mendigando y nadie me regalaba…

Guapo, muchísimas muchísimas gracias… Me encanta cómo te ha quedado.

‘Lobo López’ / Kiko Veneno.

Un día Lobo López se encontró a su amada
‘Hace tanto tiempo y me alegro tanto, no me lo esperaba’

Ella le pregunta, nada personal
‘¿Qué has estado haciendo?’
Lobo le responde: ‘Todo sigue igual’

¡Qué día más bueno, cómo brilla el sol!
¿No es un poco raro en el mes que estamos ya tanto calor?

Bueno, bueno, Lobo, tengo que dejarte
Me están esperando. Nos encontraremos en alguna parte.

Iba el Lobo López tragando saliva
Por no hablar a tiempo estaba sufriendo, su amor se le iba…

Y pensar que ahí fuera hay todo un plantel
de chicas hermosas, flores temblorosas por dejarse comer…

Tengo que decirle que la echo de menos
Lo he dejado todo, por no hacerle daño soy un lobo bueno.

No puedes negarme tu frasco de amor
He entrenado duro.
Ahora estoy dispuesto a comerte mejor.

Bueno, bueno, Lobo, me has llegado al alma
Estoy todo ansiosa por ver esas cosas que tus ojos me hablan.

Un día Lobo López se encontró a su amada
‘Hace cuánto tiempo y me alegro tanto, te veo muy cambiada’

Tengo que decirle que la echo de menos
Lo he dejado todo, por no hacerle daño soy un lobo bueno.

No puedes negarme tu frasco de amor
He entrenado duro.
Ahora estoy dispuesto a comerte mejor.

(*) Más coplillas pinchando aquí.

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Escrito por: Bloody el 05 Ene 2009.

…y daba igual que lloviera a mares. Que mi sms llegara demasiado tarde. Que el coche que debía ser muy negro resultara ser gris. Que el restaurante ya no fuera azul. Que el licor de avellana estuviera demasiado bueno. Que tocara hacer la compra en el Corte Inglés. Que se nos hiciera de noche entre un bar y el siguiente. Que nos quedáramos sin risotto. Que la Universidad de Dublín se empeñara en exculpar a la cerveza. Que quedara tanto de lo que hablar. Que amaneciera tan temprano…

Yo sólo sé que me desperté con la sonrisa puesta.

No sé a ti, pero a mí no se me ocurre una forma mejor de empezar el año.

‘Pa no quererte…

‘Dulce introducción al caos’ / Extremoduro.

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Escrito por: Bloody el 13 Abr 2008.

Ya que el robo de los vasos de plástico nos había convertido en fugitivos de la justicia, huímos de Siena en nuestro pequeño Peugot azul, y tomamos el desvío oportuno que nos llevaría hasta nuestra penúltima parada.

La carretera hasta San Giminiano resultó ser preciosa: estrecha, sinuosa, flanqueada por árboles a ambos lados del (inexistente) arcén…

Vamos, lo que se dice perfecta para recorrerla después de una noche de mucho alcohol (no es broma, jeje, como podéis comprobar nos bebimos hasta el agua de las macetas en este viaje) y muy poquitas horas de sueño!

Aún así, llegamos sanos y salvos, escuchando a Bernstein (Camela pedía un descanso a gritos) mientras divagábamos sobre la cantidad de casualidades que se habían tenido que dar para juntar a 3 personas que en principio jamás se habrían conocido, en un viaje tan chulo como el que estábamos compartiendo.

Tras aparcar el coche en una explanada a la entrada del pueblo, nos dejamos invadir por el encanto que envolvía aquel laberinto de piedra que brotaba silencioso en medio de ninguna parte.

Yo, que soy más de ciudad que los rascacielos, no podía dejar de imaginar mientras recorría sus calles desiertas de puertas altas y aldabas de hierro forjado, cómo debía ser vivir en un sitio como aquél, sin cines, sin pubs, sin centros comerciales.

Un lugar donde nuestras risas parecían atravesar el pueblo como las bolas de rastrojos atraviesan las calles vacías en los westers justo antes del duelo final (mierda! parece que el famoso vídeo de Camela ha hecho estragos en mi subconsciente… )

Pero claro, a mi Bombón con imaginárselo no le bastaba y me pidió que le hiciera una foto abriendo la puerta de su casa… tss… si es que…

En ese preciso instante caímos en la cuenta de que, hasta donde habíamos podido comprobar, éramos los únicos turistas recorriendo el pueblo. Pero antes incluso de que pudiéramos hacer nuestras conjeturas al repecto, todo quedó claro como el agua clara al descubrir, casi sin querer, a este par de vecinas que SE LOS HABÍAN COMIDO A TODOS… Glubssss…

Y ya que ambas parecían enfrascadas en algún tipo de conversación (probablemente culinaria), decidí echarle un par de güevos y pararme a sacar esta foto (que, puedo prometer y prometo, no está trucada) como advertencia para todos aquellos que estéis pensando visitar San Giminiano… La que avisa…

Vigilando nuestras espaldas (nunca se sabe), buscamos en vano un sitio abierto donde tomar algo. Atrás quedaban la pizza y el capuccino del desayuno, nuestras tripas pedían que repostáramos, a ser posible más pronto que tarde. Parecía que había llegado la hora de levantar el campamento…

Y por si quisiéramos más señales, el sol que asomaba entre las nubes cuando llegamos, ahora se escondía entre ellas. Y aún quedaba por desandar el camino hacia el coche…

Sin dejar de hacer fotos (unas) ni de hacer el tonto (otro, jeje), y cruzando los dedos para que nos diera tiempo a llegar al coche sin abrir los paraguas, nos despedimos de San Giminiano sabiendo que la próxima parada, Roma, sería la última del viaje.

Y de repente, como si en ese preciso instante me diera perfecta cuenta de que nuestro viaje tocaba a su fin, yo también me nublé, como el día.

Me sentía como cuando te mandan entregar un examen sin darte tiempo para repasarlo y te queda la extraña sensación de que has olvidado poner algo importante, pero no eres capaz de concretar qué…

Y es que, por mucho que echara de menos a mi chinorri y a Chema, lo cierto es que aquellos 5 días se me habían hecho muy muy cortos… Sólo quedaba una noche y apenas había sido capaz de ordenar todo lo que había traído conmigo. Quizá si hubiera tenido un par de días más…

Así, mientras yo me esforzaba en disimular mi repentina tristeza (era lo que me faltaba, ponerme a llorar en el coche…), y Mariajo ayudaba a Benno a buscar las indicaciones que nos llevaran de vuelta a la ciudad eterna (a ser posible sin tardar 3 horas esta vez), un trueno retumbó sobre nosotros para dar paso a una lluvia furiosa. Una lluvia que minutos más tarde se estrellaría impotente contra el parabrisas, empeñada en desvelarnos un secreto que ninguno de nosotros quería saber… Que nada es eterno. Ni siquiera Roma.

(…)

Reconozco que la idea de mi Bombón de alquilar un coche para movernos por la bota fue todo un acierto. Durante 6 días fuimos a nuestro aire, sin prisas de ningún tipo, sin horarios, parando donde nos salía de los coj… ejem, donde nos lo pedía el cuerpo. Por ejemplo, en el área de servicio donde hice esta bonita, a la par que sensual, foto de recuerdo de nuestra macchina…

…y donde compramos nubes de algodón y una botella de Chianti para la última noche. Botella con la que brindamos, una vez de vuelta en el hotel Castelfidardo, principio y fin de esta inolvidable (al menos para mí) aventura italiana.

(…)

Y aunque aún queda la última noche en Roma (que os contará Benno) y el vuelo de vuelta (que os aseguro que fue a-lu-ci-nan-te), no puedo (ni quiero) dejar pasar la ocasión de darle las gracias a Nacho y Mariajo desde éste, mi último post sobre Italia.

Mariajo, gracias por cantar en la ducha, por hacerme fotos a traición (que ahora me alegra tener), por escucharme y por comprenderme…

Bombón, gracias por hacerme reír, por tener tanto aguante/ paciencia conmigo ;), por deshacerte de la pulsera por mí, y sobre todo, gracias por los abrazos…

Como diría el Doraemon porrero: “yo… esto… yo es que… yo os quiero muchísimo… vosotros sois unas bellísimas personas… y yo… os amo con locura… sois lo… mejor del mundo que m’a pasao… la la … esto está buenísimo!!! y sois… sois mu’grandes!”. Juas juas juas.

(…)

Ahora en serio, el otro día, después de enseñarle las fotos del viaje a mi tía, me preguntó:

– Y qué es lo que más te ha gustado de Italia?

No lo dudé ni un segundo:

– La compañía.



(…)

Pues eso, que parafraseando a Hannibal Smith, me encanta que los planes salgan bien

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