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Escrito por: Bloody el 18 Abr 2009 –

Hace mucho, mucho tiempo que no salía del cine tan impresionada, sorprendida y entusiasmada como hoy.

Creo que la última peli que vi que me dejo una sensación parecida fue ‘Fargo’, y ha llovido…

‘Déjame entrar’ es, por encima de todo, una historia de amor. Una historia de amor diferente (en la forma, no en el fondo), ambientada (y muy bien, por cierto) en la Suecia de los años 80.

Oskar (Kare Hedebrant) tiene 12 años. Es hijo único, de padres separados, y víctima de acoso escolar por parte de un grupo de compañeros de los que sueña con vengarse (o al menos, defenderse). Sin embargo, hará falta que alguien crea en él para que aprenda a devolver el golpe.

Eli (Lina Leandersson) también tiene 12 años, pero lleva tanto tiempo cumpliéndolos que ni siquiera recuerda cuándo es su cumpleaños. No es especialmente bonita, siempre va sucia y no siente frío porque ha olvidado cómo hacerlo.

Lo primero que Eli le advierte a Oskar cuando se conocen es que no puede ser su amiga, aunque él ni siquiera se lo haya pedido. Pero para su sorpresa, pronto se dará cuenta de que ambos tienen en común mucho más de lo que creía. Y es que aunque pueda parecer que Eli está de vuelta de todo, en el fondo sólo es una niña de 12 años, con sus inseguridades y sus miedos…

– ¿Te gusto?

– Sí.

– Y si no fuera una chica, ¿te gustaría?

– Mmm, supongo.

En este tipo de género es frecuente (por no decir predecible) ver cómo el/la protagonista trata de justificar sus actos contándonos por qué es lo que es, y desde cuándo. Por eso hay que subrayar el gran acierto que supone que Eli no se nos presente como una víctima en ningún momento, y aún así, logre que empaticemos con ella. Quizá por eso, etiquetarla como una de vampiros, sería algo tremendamente injusto.

Otro gran acierto creo que ha sido dejar que todo el protagonismo recaiga en los niños (tanto para lo bueno, como para lo menos bueno), relegando a los adultos a un discreto segundo plano.

Y si a todo esto añadimos una música que encaja a la perfección con las imágenes, nos encontramos ante una historia de amor tierna y hermosa, como el primer amor cuando es correspondido; A fin de cuentas, no es eso lo que todos buscamos? alguien en quien apoyarnos, alguien que crea en nosotros incondicionalmente, alguien que nos tienda la mano cuando a nuestro alrededor todo sea oscuridad?

Basada en la novela homónima de John Ajvide Lindqvist (guionista de la peli), ‘Déjame entrar’ es -desde mi punto de vista- una maravilla, una película redonda que merece sin duda ser vista en pantalla grande.

Y si es en V.O.S, mejor.

Lo dicho, id al cine!!!! Y por lo que más queráis, poned el móvil en silencio¡¡¡

 

(*) Aprovecho que saco este post de borradores para añadir uno de los temas de la banda sonora, por si acaso  hubiera por aquí algún aficionadillo a ellas (a pesar de que ésta no sea de una peli porno de los 70 8) ).

‘Eli’s Theme’ (B.S.O. ‘Déjame entrar’) / Johan Soderqvist.

(**) Más musiquilla pinchando aquí.

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Después de dos semanas de lluvias ininterrumpidas, por fin nevaba. En los bares, en los ascensores, en las oficinas, no se hablaba de otra cosa. Imaginó cuánto le habría gustado ver aquel manto blanco cubriéndolo todo, a pesar de que nunca había conocido a nadie que soportara peor el frío. En días como aquél, le gustaba abrazarla, notar su nariz helada en el cuello y sus manos metiéndose bajo su ropa en busca de calor. Seguramente habrían ido al Retiro y habría paseado con ella agarrada del brazo. O puede que se hubieran quedado en la cama haciendo planes y viendo caer la nieve a través del cristal. Entonces él habría dicho alguna tontería para que perdiera el hilo y habría aprovechado la ocasión para besarla. Y ella habría sonreído. Y él se habría sentido el hombre más afortunado del mundo y la habría besado de nuevo. Pensó en cuánto tiempo hacía que no la veía sonreír…

Al otro lado de la ventana, los copos de nieve le recordaban a las flores de jazmín que se desprendían de las ramas con el viento, flotando en el aire durante unos segundos para acabar posándose en el césped. Cuando plantaron aquel jazmín apenas les llegaba a las rodillas. Ocho veranos después se extendía por toda la pared y empezaba ya a trepar por la pérgola de madera que cubría el patio. Ahora sin embargo crecía salvaje, como si no supiera hacia dónde ir o dónde enredarse. Siempre había sido ella la que se había encargado de podarlo y cuidarlo, y ahora estaba tan perdido como él. Probablemente la nieve lo habría vencido con su peso y cuando volviera a casa lo encontraría tronchado y helado. Una angustia inesperada lo asaltó de repente… ¿Qué le diría si decidía regresar y preguntaba por su jazmín?

Hacía años que no nevaba de aquella manera. Incluso los informativos aconsejaban no coger el coche si no era imprescindible. El primer mareo del día la pilló sola, en la ducha. Cuando se lo contó, él le regañó como a una cría. Era la tercera vez en lo que iba de semana, y aún así no había manera de convencerla para que fuera al médico. Ella le quitaba importancia, seguro que era de la tensión, decía, nada que no se le pasase con una Coca-Cola. El segundo mareo le dio después de cenar y tras él vinieron los vómitos. Y antes de que él pudiera coger las llaves del coche, ella se desplomó. Fuera, las carreteras secundarias estaban cortadas por la nieve. La ambulancia no llegó a tiempo.

Desde entonces dormía. Y él velaba su sueño. Y la miraba, y la besaba, y le llevaba su música favorita… Sólo a veces, en silencio, le echaba en cara que hubiera sido tan cabezota. Sólo a ratos la culpaba por haberlo dejado tan solo. Por no despertar. Entonces salía de la habitación, bajaba a la cafetería, pedía un café, y se quedaba allí frente a la taza, esperando, dándole tiempo para reaccionar, para que despertara aunque sólo fuera para contestarle. Más tarde, cuando regresaba y la veía allí, dormida, le pedía disculpas por haberla dejado sola, le cogía la mano y le contaba cualquier cosa, el último chisme que hubiera escuchado en la cafetería. Y luego rompía a llorar…

Pero hoy no. Hoy era diferente. Hoy era su cumpleaños, o su no-cumpleaños, según se mirara. El quinto que pasaba en el hospital, aunque hacía ya tres que lo celebraban solos. Amigos, familiares lejanos, compañeros de trabajo hacía ya tiempo que habían dejado de ir. Mejor. Después de tantas noches junto a ella, de tantas reuniones con sus médicos en las que habían intentado hacerle entrar en razón, por fin había firmado… Esperó a que saliera la enfermera para sacar su regalo del cajón de la mesita que había junto a la cama. Era su última noche juntos, y quería estar a solas para mostrarle lo que había dentro del sobre. Primero leyó la carta, un par de folios llenos de guiños que sólo ella entendería, hojas escritas de madrugada en las que le decía que no sabía qué iba a hacer con sus noches cuando ella no estuviera… jamás pensó que le costaría más leerla que escribirla. A continuación, leyó en voz alta la copia del impreso. Éste era más breve. En él, daba su consentimiento para apagar la máquina que la mantenía con vida. Después de eso, todo habría acabado…

Menos para ti, cielo, para ti todo empezará de nuevoFeliz cumpleaños, amor mío.

Por una vez estaba seguro de haber acertado con su regalo . No pensaba contárselo a nadie, pero juraría que la había visto sonreír.

‘Si tú no estás aquí’ / Rosana.


Bueno, pues después de una larga e injustificada ausencia de más de 4 meses (ahí es nada), he vuelto a escribir en el foro. Y esto es lo que he colgado: breve, alegre… vamos, que lleva mi sello lo mires por donde lo mires… Qué le voy a hacer si es que… ♫♫ soy la juerga padre, la alegría de la huerta…♫♫ jeje.

El tema de esta semana lo ha propuesto Juan, y es Reciclaje.

 

 

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Llevo meses sin encender el televisor, ni siquiera para ver las noticias. Imagino que el resto del mundo seguirá girando. Hambre, crisis, atentados, huelgas, desfiles de moda, guerras, olas de calor o de frío… A quién le importa… Qué importancia tiene nada de eso ahora que te has ido.

Supongo que debería tomármelo con calma. Pero lo cierto es que no es fácil encontrar algo con lo que matar las horas, algo que distraiga mi mente de tu ausencia. Soy incapaz de centrar mi atención en ningún libro. Lo intento, pero no lo consigo. Y suelo darme cuenta de que estoy dándole vueltas a todo lo que ha pasado cuando llevo ya varias páginas sin entender nada de lo que he leído.

Oír música tampoco ha resultado ser una buena terapia. Todas las canciones, todas, hablan de nosotros. Algunas me recuerdan cuánto nos quisimos, cuánto te quise; otras echan sal en la herida y me llevan al día en que volví de urgencias con una caja de ansiolíticos y un volante para el psicólogo, y tú ni siquiera me preguntaste qué me habían dicho; te limitaste a mirarme con ese desprecio que yo creía reservado para los demás, y a decirme: “Piénsate bien si te compensa seguir conmigo si es así como te vas a poner”; o a cada una de las noches que pasé llorando, echándote de menos, necesitándote tanto que pensaba que el corazón me iba a estallar, deseando que estuvieras aquí conmigo, aún sabiendo que estabas con otro. El que fuera. Los nombres dejaron de importarme hace tiempo.

Lo único que me distrae, a ratos, es tocar, sentarme frente al piano a leer con mis manos todas esas notas que antes tocaba para ti. Entonces, no me preguntes por qué, tu recuerdo se vuelve borroso, lejano, inocuo. Y durante unos minutos, mientras dura la música, consigo que no me duelas.

Luego vuelvo a enfrentarme a esta casa vacía, a la cama sin tu olor, a tu sonrisa detrás de un cristal, al sonido de tu silencio, a tu hueco en el sofá, a las palabras que no te dije a tiempo, a las mentiras que te contaste a ti misma, a las horas que pasan sin importarles que tú ya no estés aquí…

El sonido del móvil me devuelve al presente. Contesto con monosílabos. Sí. No. Ya… Me doy una ducha rápida, no tengo tiempo para afeitarme. Abro el armarito del baño y veo las muestras de cremas que dejaste dentro, tu protector solar, tu colirio. Me quedo allí de pie unos segundos, sin recordar para qué lo había abierto. Entonces veo tu cepillo junto al mío, y me echo a llorar. El timbre. Abro abajo mientras me enjuago con colutorio. Ya no lloro. Dejo entornada la puerta de arriba.

Pasa. Sí, estoy mejor, miento. No, no la he llamado, vuelvo a mentir.

No sé si espera que hablemos antes. Le ofrezco una copa. Yo no tomo nada, La medicación, ya sabes. Parece que sí, que toca hablar, al menos eso cree ella. La oigo pero no la escucho. Imagino que dirá lo que todas me dicen. Que yo valgo mucho, que tú no te merecías a alguien como yo, que tengo que seguir con mi vida… Como si supiera algo de mí. O de ti. Como si me importara su opinión.

La beso, por educación supongo. O para que se calle. Lo toma como una invitación a desnudarse, así que dejo que lo haga mientras la miro. Noto que estoy duro. Ella también lo nota. Me baja el pantalón y dice algo, gracioso, imagino, así que sonrío. Me agarra la polla y empieza a moverla sin demasiado ritmo, espero que haga mejor otras cosas. Con la mano izquierda me agarra la nuca para acercarme a ella. Me besa la boca muy despacio. Nos estamos yendo por las ramas, pienso. Pero no digo nada. Le acaricio el pelo y la ayudo a agachar la cabeza. Esto lo hace un poco mejor, aunque un par de consejos tuyos no le vendrían nada mal. Nadie la chupa como tú. Supongo que es cierto eso que dicen de que la experiencia es un grado. Pero no quiero pensar en ti. Ahora no. Ven, le digo. Mi turno. La tumbo en la cama y hundo la cabeza entre sus muslos. Ella gime, aunque supongo que sólo está fingiendo. A ti esto nunca te gustó, así que no debo hacerlo tan bien. Pero lo cierto es que me da igual. Sólo busco que esté lo suficientemente húmeda como para poder entrar en ella. Y eso hago. Despacio al principio. Luego la embisto sin contemplaciones, con toda esta rabia que guardo dentro. Ahora gime de verdad. Por poco tiempo, no creo que pueda aguantar mucho esta vez. Me corro, la aviso. Me salgo y acabo yo solo, sobre su tripa, sobre sus tetas, sobre su cuello. No sé si ella se ha corrido también, pero por si acaso no pregunto. Me tumbo a su lado, en tu lado, y le digo todas las vaguedades que se dicen en estos casos, aunque sé, igual que ella, que no la llamaré. Me deja caer que podría quedarse a dormir pero no insiste demasiado, supongo que se da cuenta de que no pinta nada aquí. Hace un último intento por sacar el tema, me recuerda que somos amigos, que está ahí para lo que haga falta. Ya…, digo deseando que se vaya para poder conectarme.Parece que lo ha pillado.

Enciendo el portátil; meto mi contraseña; compruebo que no estás conectada. Y me pregunto si habrás cenado hoy, si te habrás reído, si me habrás echado de menos. Y me siento tan perdido como el día en que decidiste marcharte, tan solo como después de cada una de las pajas que aún me hago pensando en ti, tan vacío como después de cerrar la puerta esta tarde.

Entonces tu nombre se pone en verde: “El mundo sigue girando”.

Eso dices tú…

(*) Nunca había escrito nada antes para el club de los jueves. Pero la propuesta de Pat de esta semana (‘debe haber una escena de sexo’) me pareció interesante y a última hora he escrito esto.

No me ha dado tiempo a mandarlo al foro, así que ni siquiera está corregido.

Gracias al Sr. K y al Escocés por hacer una primera lectura y por animarme a colgarlo.

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Escrito por: Bloody el 16 Jun 2008 –

Siempre he sido de la opinión de que, puestos a arrepentirse, mejor hacerlo de algo que has intentado que mirar hacia atrás y pensar qué hubiera pasado si…

Pero hay pasos y pasos. Y algunos cuesta mucho darlos, por mucho que sepas lo que debes hacer.

Y es que cuando tienes pareja y te das cuenta de que es con otra persona con la que quieres estar, tienes dos opciones: mirar hacia otro lado o enfrentarte a lo que sientes.

Y enfrentarte a lo que sientes no es sencillo cuando sabes que vas a partirle el corazón a la persona con la que has compartido media vida, con la que tienes una familia, con la que has atravesado tantas tormentas, alguien a quien no puedes pedirle más de lo que te da porque te lo ha dado absolutamente todo, pero alguien a quien, te guste o no, sabes que no puedes devolverle lo que no sientes.

No voy a decir que haya sido fácil. En realidad ha sido lo más difícil que he hecho en mi vida. Pero cuando es el corazón el que te da el impulso necesario para tomar esta decisión, cada paso que das es más firme que el anterior.

Y a pesar de mi nulo sentido de la orientación, estoy convencida de que esta vez voy en la dirección correcta.

(…)

La semana que viene estaré viviendo en otra casa, durmiendo en otra cama, con otra persona. Con alguien que lo ha dejado todo por venirse a Sevilla conmigo. Alguien en quien confío y con quien me hace muchísima ilusión empezar de nuevo. Alguien de quien me he enamorado tanto como para dar todos estos pasos.

(…)

Y mientras le espero, el verano avanza. Los días se hacen más largos y las sombras más cortas. Y en esta ciudad en la que vivo sólo hay una persona que me haya ofrecido la suya. La misma persona que desde el principio me ha apoyado en todo esto, que me ha animado a intentarlo con todas mis fuerzas, que me ha dicho que el hombre con el que me voy a vivir es perfecto para mí.

Y yo me fío de su criterio, después de todo, él me conoce mejor que nadie… pa’no conocerme, después de 15 años.

Ahora se abre una nueva etapa. Y en esa etapa sé que seguiré contando con él, si no como mi pareja, sí como mi mejor amigo. Y como vecino, jeje.

Pues sí, Escocés, nos vamos a vivir a un buen barrio 😉

Aunque como dice tu ex-cuñado Caillou: “No me jodas! ¿¿¿Te das cuenta de que te la vas a encontrar por la calle???” 8)


Os dejo un vídeo que me mandó Mariajo. Ella ha sido una de las personas en las que más apoyo hemos encontrado Nacho y yo, aparte de Chema.

Te quiero mucho, preciosa.

Muchas muchas muchas gracias por todo.


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Escrito por: Bloody el 02 Jun 2008.

Llegamos demasiado pronto, como siempre, pero era la primera vez que íbamos allí y queríamos estar seguros de encontrar el sitio. El restaurante era más grande de lo que parecía al entrar, la iluminación era suave y las mesas no estaban demasiado juntas. Escogimos una de las del fondo, junto a una recargada pared que nos recordaba que aquello era un italiano, y nos sentamos uno frente al otro, sonriéndonos y haciéndonos a la nueva situación.

Cuando la camarera trajo las bebidas, levantamos las copas y brindamos. Él brindó por mí, por mi nueva vida, porque todo me fuera bonito. Y aunque me había propuesto no llorar, no pude evitar hacerlo mientras trataba de dar un sorbo a mi copa.

Yo brindé por nosotros, porque nunca perdiéramos lo que quiera que fuese que hacía de la nuestra una relación tan especial. Aunque apenas pude acabar la frase. Lo miraba y lloraba. Lo miraba de nuevo y sonreía. Y mientras los kleenex se volvían negros por el rimel, él seguía mirándome como si no existiese nadie más en el mundo. Como siempre.

Luego llegaron los entrantes y con ellos las palabras. Palabras guardadas desde hacía demasiado tiempo. Explicaciones que nunca nos dimos ni nos pedimos y que habían perdido ya su razón de ser. Sentimientos que barrimos bajo la alfombra para que no dolieran pero que no por ello habían desaparecido.

Y mientras hablábamos, él me tendió la mano sobre el mantel, en un gesto que ofrecía mucho más de lo que cualquiera que nos observara podría imaginar. Y al cogerla me di cuenta de cuántos pequeños gestos iban a dolerme a partir de entonces. Y como si me hubiera leído el pensamiento, me contestó mientras se tocaba el anular desnudo “La he guardado en la cajita de madera, junto a la tuya. Lo entiendes, verdad?”

Entonces recordé una viñeta que recorté hace tiempo de alguna revista, y que aún debo tener por ahí guardada. En ella se veía una pareja sentada a la mesa de un restaurante. Él era un sapo, con el cuerpo lleno de tiritas. Ella un puercoespín. Y ella lloraba mientras él decía “Es así, Sylvia, lo nuestro es imposible…”

Y ese momento supe por qué lloraba Sylvia.

Y la camarera, el restaurante, la pasta… todo desapareció. Sólo quedábamos nosotros, cogidos de la mano, recordando los buenos momentos. Y en ello estábamos cuando la voz de nuestra hija y su “Te quiero mucho, mami” nos devolvió al presente. Me disculpé por no haber puesto el móvil en silencio, pero él le restó importancia. “No te preocupes… anda, léelo”. Y al leerlo no pude evitar sonreír. Y cuando levanté la vista vi que también él sonreía, aunque la suya era una sonrisa diferente. Una sonrisa de “te voy a echar de menos”. Una sonrisa de “ojalá seas muy feliz”.

Así que dejamos los recuerdos a un lado para hablar de futuro, de un futuro distinto al que tantas veces habíamos planeado. Y me aconsejó que no escuchara a la gente, que fuese a por todas porque merecía la pena. “Va a salir bien, estoy seguro”. Y los dos sabíamos a qué se refería. Y me deseó toda la suerte del mundo. Y me recordó algo de lo que siempre he estado absolutamente segura, me recordó que podía contar con él.

Cuando acabamos de cenar volvimos juntos a casa, paseando, decidiendo cómo íbamos a contárselo a nuestra familia, a nuestros amigos, a nuestra hija. Kike nos esperaba haciendo de canguro de Paula. Y a su “Qué tal? Cómo lo habéis pasado?” le respondimos con un “Ven, siéntate. Tenemos que contarte una cosa…”.

Sé que cuando una pareja se separa, los amigos tienden a elegir con cuál de los dos se quedan, como si lo que hasta entonces había sido un equipo, ahora fueran dos bien diferenciados y enfrentados entre sí.

En este caso si alguien siente la necesidad de posicionarse, lo va a tener bastante difícil. Porque aquí no existen dos equipos. Y aunque los dos sabemos que habrá cosas que tendrán que cambiar necesariamente, también tenemos muy claro que otras, las importantes, no lo harán…

…como el restaurante. La próxima vez vamos al de siempre 😉

(*) No he encontrado la viñeta original. Este dibujo no es más que un detalle de una copia que hice hace años.

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Escrito por: Bloody el 27 May 2008 –

“Porque la libertad es muy dolorosa a veces, y cuando eliges ser libre renuncias también a una parte importante de tu vida. Lo que podría haber sido tu vida en caso de elegir una opción diferente… Y es que en el fondo también se puede ser esclavo de la libertad…”

Hace unos meses, al entrar en La Comunidad, me encontré con estas palabras en un post de Mariajo. Recuerdo haberme sentido golpeada por ellas, como cuando oyes a alguien hablar de ti sin saber que estás escuchando y buscas un espejo y te ves en él con ojos prestados.

(…)

Hoy he vuelto a leerlas y han vuelto a sacudirme. Y he pensado en lo difícil que resulta elegir, cuando elegir significa renunciar, no a una posibilidad sino a algo real.

Y es que renunciar a algo seguro por algo incierto es siempre una apuesta arriesgada. Doble o nada. Y al apostar debes tener claro que tus elecciones no garantizan en modo alguno que los cambios vayan a ser para mejor. Más cuando eres perfectamente consciente de que vas a desordenar la vida de las personas que más quieres, decepcionando a algunas e hiriendo a otras, aunque eso sea lo último que querrías hacer…

Porque debe haber pocas cosas peores que darte cuenta de que tu vida va a cambiar irremediablemente porque otra persona así lo ha decidido, y no hay nada que tú puedas hacer para evitarlo. Despertarte y sentir que tu vida es como un libro abierto por una página al azar, en el que no te enteras de nada. Y darte cuenta de que los siempre y los nunca dejan de tener significado.

Y es que hay situaciones que son insostenibles. Y mirar para otro lado no hace que los problemas desaparezcan.

Puede que me esté equivocando o puede que no. Ahora debo ser consecuente con mis decisiones y tratar de hacer las cosas lo mejor posible para que los daños colaterales sean los mínimos.

No sé si yo seré o no esclava de mi libertad. Pero tengo muy claro que si tengo algo de lo que arrepentirme dentro de un tiempo, no será de no haberlo intentado.

‘Cuidándote’ / Bebe.

‘Cuidándote’ / Bebe.

Despacito cuando tú dormías
ella te hablaba, te preguntaba, te protegía
Ella prometió darte todo
pero sólo pudo darte lo que tuvo
Y para ti lo mas hermoso
era amanecer junto a sus ojos
iluminando el mundo.

Pero los pájaros no pueden ser enjaulados
porque ellos son del cielo, ellos son del aire
y su amor es demasiado grande para guardarlo

Volaste alrededor de la luna con ella
le pediste que nunca se fuera
y ella respondió:
‘mi amor siempre estará. . . cuidándote’

Y la dejaste volar
y tus ojos lloraron hasta doler
pero sólo tú sabías
que así tenía que ser
que así. . . tenía que ser. . .

(*) Más coplillas pinchando aquí.

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Escrito por: Bloody el 21 Sep 2007 –

‘No sirve de nada encontrar a la persona indicada si el momento no es el adecuado’ (Chow Mo Wan, 2046).

Creo (bueno, no lo creo, lo sé) que éstas son las primeras muestras de cine asiático que comento. Imagino que la mayoría no estaréis especialmente interesados, pero no me digáis que no queda supercool preguntarle a alguien si ha visto la última de Won Kar-Wai 8)

Aunque como todo, esto del cine de autor hay que saber dosificarlo… Tengo yo un amicido (está en la frontera entre amigo y conocido) que no ve ninguna peli doblada, ninguna donde comparta sala con más de 20 personas, y ninguna que no vaya a festivales de cine independiente – últimamente le ha dado por un director húngaro, y habla de él constantemente, como si fuera un amigo de los de pedirle dinero…

A mí esa actitud me carga un poquito, la verdad, así que la última vez que quedé con él, a sabiendas de que haríamos lo que yo quisiera, me lo llevé a unos multicines que hay al lado de mi casa, a ver Death Proof con la sala petada de gente comiendo palomitas… 😀

Sin embargo, no suele ser en Death Proof, sino en pelis como éstas, que te transportan en el espacio y en el tiempo, donde uno acaba reconociéndose en alguno de sus personajes. Y es que, aquí o en Hong Kong, en la actualidad o en los años 60 (en los que transcurren respectivamente las tramas de ambas cintas), el amor, los celos, los remordimientos, el deseo y la infidelidad, hasta donde yo sé (que es un poquillo), se sufren/sienten igual.

Estas dos cintas, que comparten personaje masculino principal, más que narrar explícitamente, están llenas de primerísimos primeros planos de detalles (como las manos de la protagonista mientras enrolla sus dedos en el cable del teléfono) que cuentan más de lo que parece.

La música -podéis comprobarlo en los trailers si le dais al play- es sencillamente preciosa, aunque sólo fuera por eso ya habría merecido la pena verlas. Lástima que en el Corte Inglés (como de costumbre) no supieran de qué les hablaba cuando pregunté por las respectivas bandas sonoras…

En cuanto al vestuario, son precisamente los vestidos de cuello mao, ajustados como guantes a los cuerpos perfectos de las protagonistas, los encargados de hacernos saber, de un modo muy sutil, que los días (en Deseando amar), y las numerosas amantes de un despechado Chow Wo Man (en 2046), pasan.

Por último, si es que he conseguido que os pique la curiosidad y os da por verlas, deciros que lo hagáis en este orden, ya que ‘Deseando amar’ (inesperada traducción del título en inglés In the mood for love) y ‘2046‘ son el antes y el después en la vida del protagonista.

¡¿Cómo que el antes y el después de qué?! ¿¿¿Pero… pero es que no os habéis enterado de nada???