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Escrito por: Bloody el 22 Mar 2009 – URL Permanente

Mira que hacía tiempo que tenía ganas de ir a Grecia. Pero aunque pueda parecer extraño, Atenas no entraba en mis planes.

La Grecia que yo tenía en mente era más bien un puñado de pueblos blancos y abuelos a la puerta de sus casas esperando que llegara yo con mi cámara para inmortalizarlos.

Pero como era Atenas o nada, me dije a mí misma que algo tendría el vino cuando lo bendicen, y pa’llá que nos fuimos…

El martes amaneció nublado, y yo, que sigo creyendo en las señales, decidí tirar para el centro, a ver qué me encontraba… Contra todo pronóstico, llegué a la estación de Omonia sin perderme, dispuesta a hacer mi primer viaje en metro yendo sola y repitiéndome a mí misma que lo importante era participar…

Sé que, visto desde fuera, no parece un gran reto, pero para alguien como yo, con el sentido de la orientación en el culo, coger el metro sola, en una ciudad desconocida, donde los nombres de las calles son ilegibles, era toda una aventura…

Y se ve que era mi día, porque aunque entré en aquel vagón viejo y lleno de atenienses, convencida de que acabaría bajándome donde no era y teniendo que coger un taxi donde Cristo dio las 3 voces, llegué a Monastiraki sana y salva. Con dos güevos…

De hecho, estaba tan contenta por haber llegado, que no me di cuenta hasta entonces de que no había pensado qué hacer una vez allí… Y comencé a pasear, cámara en mano, tratando de esquivar a los vendedores que se disputaban la atención de los guiris como yo.

Y fue así, sin buscarlo, como me encontré con el poeta vendedor de sandalias que, sentado en una banqueta a la puerta de su pequeña tienda, se fumaba un cigarro sin meterse con nadie… con el mercado de las pulgas, donde los juguetes de lata me recordaron que tenía que comprar una postal para un amigo… y por fin, casi sin darme cuenta, con las calles serpenteantes de Plaka, donde un gato callejero me guió hasta la taberna O Geros Toy Moria, a menos de 10 minutos de la Acrópolis.

Sólo al sentarme fui consciente del hambre que tenía y de lo cansada que estaba. Y mientras esperaba que me trajeran la comida (calabacines fritos y croquetas de queso, todo muy ligerito…), me dediqué a pegar la hebra con un joven de unos 30 años, que parecía el encargado. Que fuera rubio, de ojos claros, con barbita de las que me gustan y que estuviera cuadrao (un descendiente directo de los griegos antiguos, según él), no tuvo absolutamente nada que ver… Lo importante es que entendía mi inglés inventao y que su interés en saber para qué había ido a Grecia, si me estaba gustando lo que veía (jeje) y si iba sola, me pareció de lo más sincero .

Por desgracia, lo llamaron por teléfono y tuvo que irse, sin darme tiempo a preguntarle su teléf…. su nombre…

Y ahí fue donde Taki (a la izquierda en la foto) tomó el relevo. Me hizo las mismas preguntas que el encargado, mientras movía en la mano uno de esos collares que venden en todas las tiendas de souvenirs. Me contó que era profesor de baile y que estaba divorciado de una española, catalana, para más señas. Me habló de España, de los sitios donde había estado (‘Sitges es como Mikonos, mucho maricona’) y de los bailes que había aprendido en cada uno de ellos. Me habló de la taberna y de sus dueños (uno de ellos a su derecha en la foto). Y por último, cuando vio que yo ya había acabado, le pidió al camarero que vigilara mis cosas y me enseñó el interior del restaurante, donde bailaba por la noche para los turistas, diciéndome que podía ir a verlo cualquiera de las noches que estuviera en Atenas. Sola o acompañada.

Cuando volví dos días después acompañada de Nacho, todos -el camarero, el dueño y el encargado rubito- vinieron a saludarme, a pesar de que ese día la taberna estaba hasta arriba. Me dio penilla que no estuviera Taki, porque me hubiera gustado que Nacho lo conociera…

Aunque ahora que lo pienso, no sé si lo habría visto, porque desde que el rubito se acercara a darme la mano y luego se la diera a él diciendo “ah, éste debe ser tu amigo…”, se quedó como pillao… jeje. Pero bueno, lo importante es que nos pusimos moraos, y que todo estaba buenísimo, verdad, Bombón? Incluído el rubito, que nos hizo esta foto… más majo, el tío! 

Y por si fuera poco, cuando íbamos a pedir la cuenta, nos invitaron a un delicioso postre de hojaldre, higos y miel que no habíamos pedido (seguramente porque mi Bombón les debió caer especialmente bien, jeje).

Así que al final, aunque no haya visto la Acrópolis, ni el museo arqueológico, ni haya bajado a pasear por el Ágora… aunque no haya probado el feta, ni la musaka… aunque el hotel fuera una mierda, y nos haya llovido (a manta) dos de las tres tardes, y al final (esto ya lo sabía yo) ni siquiera haya habido playa (ni falta que ha hecho, jeje)… el viaje no ha estado mal…

Por supuesto, hubo más cosas (igual de interesantes que éstas)… pero las dejaré para otro post, que por hoy ya os he aburrido bastante…


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Escrito por: Bloody el 12 Mar 2009 –

Hace poco, yendo con Paula en el AVE, pasó una señorita repartiendo caramelos de goma (es lo que tiene gastarse 120 euros en un billete de tren, que te regalan caramelos). Yo cogí uno (de fresa) y Paula -que ya sabe que no puede coger todos los que quiera-, otro (de fresa también). Sin embargo, cuando la misma señorita regresaba con la bandeja un poco más vacía, se paró frente a Paula y le dio dos puñados de caramelos para ella sola.

Paula, por supuesto, se puso muy contenta, y decidió ordenarlos por colores sobre la bandeja del asiento. Me preguntó si podía comerse uno y cuando le dije que sí, cogió uno de limón, que es el que me menos le gusta, y se lo llevó a la boca. Yo me quedé mirándola mientras me comía el mío, y al acabar le pregunté que por qué se había comido precisamente ése, y no uno de fresa.

– Porque los de fresa son los que más me gustan, así que los guardo para el final.

Yo miré sus caramelos, le pregunté si me daba uno, y cuando me dijo que sí (con la boca chica), cogí uno de fresa y me lo comí. Ella me miró con cara de pocos amigos y soltó un jooo, bajito….

Luego me contó que Nacho (alias Benno, el camerunés o Bombón) le había dicho que cuando algo le gustaba mucho siempre lo dejaba para el final, y que por eso ella estaba guardando los de fresa para luego.

Yo le contesté que en eso Nacho y yo no nos parecíamos. Que yo, si tengo la oportunidad de hacer algo que me gusta, como comerme un caramelo de fresa, prefiero hacerlo mientras puedo. Porque nunca se sabe qué va a pasar. Entonces, sin que me lo hubiera pedido, le dije que podía comerse otro, y tras pensárselo dos segundos, cogió uno de fresa.

(…)

El lunes que viene, Nacho tiene que viajar a Atenas (ventajas de ser espía). Yo siempre he querido ir a Grecia (aunque Atenas no fuera mi prioridad), pero nunca había podido. Así que se me ocurrió que, aprovechando que él iba a gastos pagados, podría apuntarme, ya que el único gasto importante sería mi billete…

En principio, a Nacho no le pareció una buena idea. Él prefería guardar el dinero para hacer un viaje de verdad cuando los dos pudiéramos (o sea, en Noviembre, porque yo a partir de Abril que empieza a hacer más sol, no puedo viajar aunque quiera). Además, él iba a trabajar, no a hacer turismo, y aunque pudiera volverse un día más tarde, sólo íbamos a tener un día para nosotros.

Y puede que tuviera razón. Pero es que Noviembre queda TAN lejos, y hacer planes a tan largo plazo me gusta TAN poco… Anda que no pueden pasar cosas de aquí a entonces…

El problema es que esta vez sólo podíamos coger un caramelo, y no uno para cada uno, uno para los dos. Y había que decidirse cuanto antes…

Al final, parece que el caramelo va a ser de fresa… porque el lunes me voy a Grecia con mi Bombón!!!

De momento, tengo una guía Lonely Planet (cortesía del Escocés) para organizarme los dos días que voy a andar sola por allí. Mis planes son sencillos (como yo, jeje): ponerme protección 60 para el sol (como siempre) y salir a pasear… darme una vuelta por una zona llamada Anafiotika, un laberinto de callejuelas y casas adornadas con buganvillas (eso dice la guía), que al parecer es precioso… hacer fotos a la gente, si puede ser sin que me partan la cara, mejor… comprar imanes para la nevera para los amigos (es lo que tiene ser pobre, jeje) y marcadores de páginas para mi colección… y si puedo, ver un par de cosillas de las que recomienda la guía -en concreto, hay un cementerio que no tiene mala pinta, y un señor llamado Stavros, más conocido como el poeta fabricante de sandalias, cuya tienda me gustaría visitar….

Y para el tercer día, ése en el que no voy a estar tan sola, he estado investigando y he podido averiguar cómo se dice “Estoy buscando la playa” en griego: “Αναμένω την παραλία” (/psahno ya tin paralia/)… jejeje.

Y es que las promesas están para cumplirlas, y hay alguien que me debe algo… Verdad, Bombón???? Anda, dale al play…

‘Senza fine’ / Gino Paoli.

‘Senza fine’ / Gino Paoli.

Senza fine /Tu trascini la nostra vita /Senza un attimo di respiro / Per sognare / Per potere ricordare / Cio che abbiamo gia vissuto…
Senza fine / Tu sei un attimo senza fine / Non hai ieri / Non hai domani / Tutto e ormai nelle tue mani / Mani grandi / Mani senza fine…
Non m’importa della luna / Non m’importa delle stelle / Tu per me sei luna e stelle / Tu per me sei sole e cielo / Tu per me sei tutto quanto / Tutto quanto io voglio avere…

(Que viene a ser algo así como…)

Sin final / Arrastras nuestras vidas / Sin un segundo de respiro / Para soñar / Para poder recordar / Eso que habíamos vivido. // Sin final / Eres un instante sin final / No hay ayer / No hay mañana / Todo y ahora en tus manos / Manos grandes / Manos sin final. // No me importa la luna / No me importan las estrellas / Tú eres para mí la luna y las estrellas / Tú eres para mi el sol y el cielo / Tú eres para mi / Todo aquello que deseo tener.

(*) La traducción no es mía, la he sacado de esta página .

(**) Más traducciones pinchando aquí.

(…)

Y a los que os sigáis por aquí la semana que viene, ya os contaré!!! Por supuesto, si alguno ha estado ya y quiere hacerme cualquier recomendación, ya sabe. Hasta el domingo estoy a tiempo de leerlas.