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Escrito por: Bloody el 14 Abr 2009.

Tendría unos 10 años cuando C. me contó que los Reyes eran los padres. Era uno de esos días de invierno fríos y soleados. Recuerdo que estábamos a punto de entrar en el coche de su madre, a la salida del colegio. El coche era blanco. Yo la miré y le dije que era una mentirosa.

Pero en el fondo sabía que no mentía.

Y odié a C. por habérmelo dicho.

Aunque lo que mejor recuerdo, más que el coche, el frío, el sol y la rabia, es la sensación que tuve en ese momento… me sentí tan estúpida…

Si te sirve de algo, a ti no te odio. No sabría cómo hacerlo.

Supongo que en el fondo la culpa es mía, por preguntar en vez de dejarlo estar.

Está visto que no aprendo…

‘Tu silencio’ / Bebe.

‘Tu silencio’ / Bebe.

Como quien tira de una cuerda que se romperá,
tirar, tirar, tirar, tirar, tirar…
Como sin darse cuenta rozar un poco más,
los ojos aún cerrados para no afrontar
que el aire es de cristal,
que puede estallar,
que aunque parezca extraño, te quiero devorar.
Que el aire es de cristal,
que puede estallar,
que aunque parezca extraño, te quiero devorar.

En una esquina de su boca se dejó estrellar,
como la ola que se entrega a la roca.
Perdida en el abismo de unas manos sin final,
tan grandes que abrazaban todo su planeta.

Ahora no estás aquí,
ahora no estoy aquí,
pero el silencio es la más elocuente forma de mentir.
Ahora no estás aquí,
ahora no estoy aquí, pero el silencio es la más elocuente forma de mentir.

En tu silencio habita el mío
y en alguna parte de mi cuerpo habitó
un trozo de tu olor.
En tu silencio habita el mío
y en alguna parte de mis ojos habitó
un trozo de dolor.

Ahora estás aquí,
ahora estoy aquí,
abrázame para que piense alguna vez en ti.
Ahora estás aquí,
ahora estoy aquí,
abrázame para que piense alguna vez en ti.

En tu silencio habita el mío
y en alguna parte de mi cuerpo habitó
un trozo de tu olor.
En tu silencio habita el mío
y en alguna parte de mis ojos habitó
un trozo de dolor.

En tu silencio habita el mío
y en alguna parte de mi cuerpo habitó
un trozo de tu olor.
En tu silencio habita el mío
y en alguna parte de mis ojos habitó
un trozo de dolor.

Que el aire es de cristal,
que puede estallar,
que aunque mis labios no hablen,
te quiero devorar.

(*) Más coplillas pinchando aquí.

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Escrito por: Bloody el 27 May 2008 –

“Porque la libertad es muy dolorosa a veces, y cuando eliges ser libre renuncias también a una parte importante de tu vida. Lo que podría haber sido tu vida en caso de elegir una opción diferente… Y es que en el fondo también se puede ser esclavo de la libertad…”

Hace unos meses, al entrar en La Comunidad, me encontré con estas palabras en un post de Mariajo. Recuerdo haberme sentido golpeada por ellas, como cuando oyes a alguien hablar de ti sin saber que estás escuchando y buscas un espejo y te ves en él con ojos prestados.

(…)

Hoy he vuelto a leerlas y han vuelto a sacudirme. Y he pensado en lo difícil que resulta elegir, cuando elegir significa renunciar, no a una posibilidad sino a algo real.

Y es que renunciar a algo seguro por algo incierto es siempre una apuesta arriesgada. Doble o nada. Y al apostar debes tener claro que tus elecciones no garantizan en modo alguno que los cambios vayan a ser para mejor. Más cuando eres perfectamente consciente de que vas a desordenar la vida de las personas que más quieres, decepcionando a algunas e hiriendo a otras, aunque eso sea lo último que querrías hacer…

Porque debe haber pocas cosas peores que darte cuenta de que tu vida va a cambiar irremediablemente porque otra persona así lo ha decidido, y no hay nada que tú puedas hacer para evitarlo. Despertarte y sentir que tu vida es como un libro abierto por una página al azar, en el que no te enteras de nada. Y darte cuenta de que los siempre y los nunca dejan de tener significado.

Y es que hay situaciones que son insostenibles. Y mirar para otro lado no hace que los problemas desaparezcan.

Puede que me esté equivocando o puede que no. Ahora debo ser consecuente con mis decisiones y tratar de hacer las cosas lo mejor posible para que los daños colaterales sean los mínimos.

No sé si yo seré o no esclava de mi libertad. Pero tengo muy claro que si tengo algo de lo que arrepentirme dentro de un tiempo, no será de no haberlo intentado.

‘Cuidándote’ / Bebe.

‘Cuidándote’ / Bebe.

Despacito cuando tú dormías
ella te hablaba, te preguntaba, te protegía
Ella prometió darte todo
pero sólo pudo darte lo que tuvo
Y para ti lo mas hermoso
era amanecer junto a sus ojos
iluminando el mundo.

Pero los pájaros no pueden ser enjaulados
porque ellos son del cielo, ellos son del aire
y su amor es demasiado grande para guardarlo

Volaste alrededor de la luna con ella
le pediste que nunca se fuera
y ella respondió:
‘mi amor siempre estará. . . cuidándote’

Y la dejaste volar
y tus ojos lloraron hasta doler
pero sólo tú sabías
que así tenía que ser
que así. . . tenía que ser. . .

(*) Más coplillas pinchando aquí.

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Escrito por: Bloody el 08 Ago 2007 .

Estaba con su hija en la enorme sala de espera del Hospital Oncológico de día.
Discutía con ella, o más bien era al revés. Era su hija la que le “regañaba” por tener el tono del móvil demasiado alto, aunque se lo decía muy bajito y con dulzura, como la que le habla a una niña de 3 años.

Ella (la madre) era una mujer bajita, delgada (50 kilos como mucho), arreglada sin llamar la atención, con cada mechon de pelo en su sitio, la cabeza bien alta, y una mirada llena de seguridad.

Yo las observaba en silencio mientras esperaba que Chema volviera de aparcar, tratando de adivinar cuál de las dos iba a recibir tratamiento.

De repente, una mujer de unos 30 años pasó por delante nuestra dejando unos papelitos. Yo lo cogí sin saber de qué se trataba, pero Ella la miró a los ojos y le dijo “A mí ni se te ocurra dejarme eso, eh!”

Lo leí. Hablaba de un niño de año y medio con cáncer, supuestamente su hijo. Y por supuesto pedía dinero para el tratamiento.

“Qué poca vergüenza! A ésta ya me la he encontrado yo por aquí antes. Cómo pueden utilizar una enfermedad como ésta para sacarle dinero a la gente?”

La hija la miraba resignada, sabiendo que su madre era de las que no se callan si tiene algo que decir.

Y nos pusimos a hablar…  en las dos horas de espera que había ese lunes para recibir tratamiento acabé sabiendo más cosas suyas que de mi cuñada en los 5 años que lleva siéndolo. Me habló de su enfermedad, de cómo se le había caído el pelo (llevaba peluca, aunque yo no lo había notado). Me habló de su hija, como si no estuviera delante, me contó que era muy lista pero también muy floja y que había dejado los estudios. (“Los dejé para cuidarte, mamá”, se quejaba la hija adolescente sin mucha convicción). Me contó que en toda su vida no había hecho otra cosa que trabajar y que ahora con lo de su enfermedad se había quedado sin casas (y sin pensión, porque en ninguna casa la tenían asegurada).

De repente recibió una llamada, que despachó con monosílabos mientras su expresión se endurecía. Cuando colgó se volvió hacia su hija “Tu padre, que qué hacemos que tardamos tanto”.

Yo no sabía a dónde mirar. En ese momento apareció Chema, me besó y me dijo algo como “Nada, que ya he aparcado. Te quiero. Me voy para allá que si nos llaman desde aquí no nos enteramos”.

El resto de la conversación fue de lo más triste. Me habló de su marido, que no la había apoyado, consolado, ni ayudado desde que habían sabido de lo de su cáncer (de esto me dió detalles tan fuertes e indignantes que mejor no contarlos). Me dijo que era un hijo de puta (la hija asentía en silencio), que le había repetido tantas veces que ella (Ella) era una mierda y que no valía para nada, que se lo había terminado creyendo. Y que qué suerte tenía yo por tener a alguien que se acercaba sólo para darme un beso y decirme que me quería.

Yo quería contestar, pero no sabía qué podía decir… Veía allí a esa mujer, pasando por todo aquello sola con su hija, contándome su vida a mí, a quien sabía que no iba a volver a ver (o precisamente porque lo sabía, me lo contaba), y no me salían las palabras.

Qué le iba a decir yo, la que lo tenía todo? Que dejara al cabrón de su marido? Para ir a dónde?

Esa mañana el Rituximab no me hizo vomitar. Esa mañana no me creía con derecho a quejarme de nada.

Hoy he escuchado esta canción y me he acordado de Ella.