También era bisiesto el año en que pisé Edimburgo por primera vez. Por aquel entonces tenía yo 24, aunque no aparentara ni 18, el pelo me llegaba casi por la cintura y acababan de partirme el corazón en trozos tan diminutos que pasaron años antes de que dejaran de aparecer en los rincones más inesperados.

Aun así, para alguien como yo, maldecida con esta suerte de síndrome de Diógenes para los recuerdos, incapaz de borrar ninguno por insignificante que parezca, los pocos que conservo de aquel viaje son inusualmente vagos. Un paseo en un bus para turistas, una buhardilla con la ducha rota, una peli de miedo desde la cama, hombres en kilt tocando la gaita por unas monedas, calles en cuesta, un castillo enorme en lo alto de una colina altísima, un penique aplastado por una máquina que aún debe andar guardado en alguna cartera… No recuerdo, sin embargo, comidas, ni pintas en ningún pub, ni ir de la mano con el Escocés por la calle, ni hacer el amor con él. Ni no hacerlo.

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Diciembre, 2016.

mapaEdimburgo es enorme y frío y nuestra habitación, en contraste, diminuta y caldeada. Un pequeño baño, una cama nido cubierta por un edredón nórdico y, a modo de cabecero lateral, dibujado directamente sobre la pared, un mapa del centro en el que repasar cómo llegar a todos esos lugares que traigo escondidos en el cuadernito negro que compré en Japón.

Y quizá tenga que ver con mi famoso sentido de la desorientación, o con que la última vez que anduve por estas calles era verano, pero por más que la recorro, por más que la miro, Edimburgo no despierta absolutamente nada en mi interior. Y en parte me siento aliviada y, sí, en parte decepcionada. Como cuando te reencuentras con alguien a quien has evitado durante años, alguien que te hirió tanto como para marcar tu vida, y ahora que lo vuelves a tener delante te das cuenta de que no sientes nada. Nada. Y tú venías preparada para sentir rencor, odio, dolor, desprecio incluso. Pero nadie te advirtió sobre qué hacer ante todo este vacío.

leithAsí que decido reescribir Edimburgo. Como cuando sustituyes un documento por otro salvando sólo el nombre. Y de éste nuevo Edimburgo, me propongo, voy a recordarlo todo. Todo.

Un cementerio llenos de lápidas rotas, subir una calle con el sol de cara, los bocadillos del Pret a manger para desayunar, el pub donde una camarera asturiana nos recomendó qué no pedir, las vistas de la abadía desde el parque, el pub donde no juzgaban a nadie, un río de antorchas bajando desde el castillo, mi mano derecha en el bolsillo izquierdo del abrigo de Nacho mientras caminamos, pararme a leer cada dedicatoria de cada banco a lo largo de toda Princes st., ojear el Thug Kitchen con Spiderman 3 de fondo, volar en círculos agarrados de la mano a 60 metros sobre el suelo, la vaca sagrada mejor escondida del mundo, las vistas desde el puente sobre el río Leith, el pub en el que me tomé la primera media pinta y también aquél en el que tomé la otra media, comer patatas con sal y vinagre mientras observamos a la preciosa chica de los pancakes darles la vuelta, el cartel del concierto de Nutini viajando hasta Granada en un wasap, ir buscando una pizzería y acabar sentados en un mexicano, cenar sopa en la cama, subir hasta el castillo para no entrar, los fuegos artificiales desde la noria, el frío colándose por los bajos de mis vaqueros en una parada de autobús, comer fudge de coco después de follar, quedarnos a las puertas del callejón del fin del mundo, aquel “not all those who wander are lost“.

antorchasY de repente comprendo que es el vacío que dejaron todos aquellos trozos reducidos a polvo a lo largo de ese primer viaje, el que ha dado lugar a todas estas cicatrices que ahora atesoro. Y es precisamente esa última noche, viéndolas bajo la luz de las antorchas, cuando me doy cuenta de lo hermosas que me parecen. No me lo parecerían más ni aunque estuviesen rellenas de oro. Porque he dedicado los últimos 20 años a reparar algo que en su momento parecía imposible de recomponer y ahora sé positivamente que esa reconstrucción ha acabado.

Y me voy de Edimburgo dejando atrás un puñado de calles en cuesta, de hombres en kilt tocando la gaita, de techos abuhardillados. Y un castillo que ya no me parece tan grande, en lo alto de una colina que ya no me parece tan alta.

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‘La apuesta es la victoria de un presuntuoso sobre un imbécil o viceversa’, (Pitigrilli).

En mi defensa, tengo que aclarar que cuando vuelvo a casa diciendo que un examen me ha salido mal, lo digo convencida de que me la han metido doblá y (en estos exámenes en concreto) con arena.

Si a eso le sumamos que no había estudiado una mierda (en dos asignaturas lo único que hice fue leerme los apuntes, y no todos, la mañana del examen)… que miré mal los resultados de Psico y me presenté a los 3 exámenes siguientes convencida de haber suspendido mi asignatura favorita… que a Pedagogía ni siquiera me pensaba presentar (tan segura estaba de suspender) y que si lo hice fue porque era tipo test y pensé que igual sonaba la flauta… y que en Derecho le dije al profe lo que pensaba (tal cual) de su manera de evaluar antes de que corrigiera el examen… supongo que nadie pondrá en duda que, cuando en uno de mis últimos posts,  ‘Asuntos propios’, conté que me habían follado a base de bien, no lo decía por decir… (quién iba a imaginar que al final, entre unas cosas y otras, no iban a echarme ni siquiera uno rapidito… con lo que yo he sido…¡ :D)

Pero la prueba definitiva de que mi intención nunca fue mentir sobre el tema (como insinuaba perversamente mi Becariock por ahí…), es sin duda la charla que el Escocés y yo tuvimos al respecto…

Él insistía en que iba a aprobarlas todas. Es más, estaba seguro de que como mucho iba a tener dos aprobados, y en las demás iba a sacar, por lo menos, notable.

Yo, por supuesto, decía que una chica polla. Que no había estudiado nada. Que había asignaturas de las que ni siquiera me había leído los apuntes. Y que bla, bla, bla…

Y claro, el Escocés, que me conoce mejor que mi madre (y que yo misma, por lo que se ve), pronunció la frase mágica: Qué te apuestas? (qué cabrón el tío… aprovecharse de mí sabiendo como sabe que soy demasiado chula (amén de gilipollas) como para rechazar una apuesta).

Así que, después de un rato discutiendo los términos del acuerdo, la cosa quedó como sigue:

– Si yo ganaba (o sea, si suspendía alguna, aunque yo insistía en que “alguna” serían 4), él tendría que darme 20 masajes (de los normales, ejem) de 40 minutos cada uno, en el plazo de un mes.

– Si yo perdía (o sea, si aprobaba todas, aunque él insistía en que no sólo iba a aprobar, sino que iba a sacar algún notable que otro), tendría que hacer bici estática 3 ó 4 días a la semana durante un mes.

Sí, sé lo que estáis pensando… ¿qué interés podría tener el Escocés en que yo hiciera bici, pudiendo pedirme que hiciera cualquier otra cosa… (insisto, cualquier otra cosa…) ? Evidentemente, ninguno. Lo hizo por joder na’más (tanta meditación y tanta hostia, y al final me las tiene to’as guardás…)

Hoy, por fin, me han dado la última de las notas, y -sorpresa, sorpresa- el Escocés ha ganado la apuesta: aprobado en Pedagogía y Derecho, notable en Psico y Nuevas Tecnologías, y sobre en Sociología.

Pero lo peor no va a ser tener que hacer bici, qué va.. Lo peor será tener que aguantar sus “Te lo dije”

Lo que aún no me ha quedado claro es si al final he ganado o he perdido… 😉

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Escrito por: Bloody el 20 Ene 2009

20 de Enero, un año ya!!! Cómo pasa el tiempo…!!!

Y mira que tenía yo mis dudas, aunque tu intención fuera buena. Recuerdo que me decía a mí misma: “Joder, con lo que te ha costado encontrar un nick chulo, pa’acabar siendo la mujer del Escocés.

Pero mira tú por donde, al final, nos las hemos apañado bastante bien para tener cada uno su espacio. Más que bien, diría yo. Vamos, que ya ni soy tu mujer ni na’…. Aunque si lo piensas, no has perdido una mujer, has ganado un colega y una vecina que es la alegría de la huerta 

Yo creo que es secreto está en lo que dice John Galliano:

“Tienes que ser tú mismo. Lo que pasa es que hay gente que siendo ellas mismas son mierdas secas, y hay otra gente que somos geniales…

(Qué cabrón el Joaquín Reyes…) Estooo, qué te estaba yo diciendo??? Ah, sí, que menos mal que te abriste el blog (o sea, un sitio donde puedes crear) porque, las cosas como son, tú tienes “eso”, sólo hay que ver qué imagen proyectas: crítico de cine , chef , escritor , dj

Por cierto, ahora que nadie nos oye, anda que no te ha pasado a ti eso de tener que escribir un relato para El Club y…

* lunes por la noche: que si chateo, que si comento, que si ya escribo el relato mañana…

**martes por la noche: coño! Dr.Who!!! Bah, paso… total, tengo el miércoles entero…

*** miércoles por la tarde: que si recojo a la niña del kárate, que si me voy a meditar, que si qué estarán poniendo en el Nervión?… bueno, ya mañana, si eso, entre clase y clase….

Y luego llega el jueves y nos ves a todos con cara de que nos cabe una sandía por el culo. Y la gente: Escocés!!! Escocés!!! Qué pedazo de relato!!! Qué cosa más bonita!!!

(…)

Bueno, al lío, que yo sólo quería decirte:

¡¡¡¡FELIZ CUMPLEBLOG, JOHN GALLIANO ESCOCÉS!!!!

Lo que pasa es que me enrollo y…

…y como sé que ya tienes costurero y funda pa’la tabla de la plancha (juas juas), te dejo un vídeo que seguro que te gusta (y no es una manera de hablar, lo sé porque te lo enseñé el otro día y te dije: ¿te gusta? y tú me dijiste: mola ;).

No me dirás que no son coral! (jajaja, qué bien traío, si es que… estoy sembrá!!!)

Vale, vale, ya paro…

Ah, sí, la letra de la coplilla… y que conste que no tiene nada que ver con el post.

‘Dreaming of you’ / The Coral.

‘Dreaming of you’ / The Coral.

It’s up in my heart
when it skips a beat
Can’t feel no pavement
right under my feet

Me sube hasta el corazón
y entonces se me para
Y no puedo sentir el suelo
bajo los pies.

Up in my lonely room
When I’m dreaming of you
Oh what can I do
I still need you, but
I don’t want you now

Y arriba, en mi solitaria habitación
Sueño contigo
Qué quieres que haga?
Todavía te necesito
Pero ya no te quiero.

When I’m down and my hands are tied
I cannot reach a pen for me to draw the line
From this pain I just can’t disguise
It’s gonna hurt but I’ll have to say goodbye

Cuando estoy desanimado y no puedo hacer nada por evitarlo
No consigo dibujar los límites
de esta pena que no soy capaz de ocultar
Va a doler, pero tendré que decirte adios.

Up in my lonely room(…)

Y arriba en mi solitaria habitación (…)

(*) Más traducciones pinchando aquí.


Y con esto y un bizcocho… por el c&l$ te la… !!! Uy, no, que ésa no era la rima… mira que se me da mal la poesía a mí, eh… Baci grossi, caro! Muaksssssssss 🙂

PD.- Estoooo, que se me había olvidado preguntártelo (es que la gente quiere saber…): tú eres más de churritos o de porras?

PPD.- Ante los malentendidos que al parecer ha generado mi post, haré un par de aclaraciones (sólo para los que todavía no os hayáis enterado): Hoy NO es el cumple del Escocés. Su cumple es el 6 de Mayo (qué casualidad! igual que el año pasado!)… os lo cuento más que nada por si hay alguien interesado/a en ir preparándole un regalito, jeje.

Este post se lo he puesto porque hoy hace un año que abrió su blog. Bueno, y porque tengo demasiado tiempo libre….(Lo sé, lo sé… “más me valdría haber estudiado…)