Lo pensó dos veces y se marchó
como una frutilla su corazón

Y cuándo vas a hacer el helado, me pregunta Paula, que un rato antes ha estado lavando las más maduras y dejándolas sobre la tabla de mármol, junto al plátano. En una hora o asíPrimero tienen que enfriarse, le digo mientras, una a una, voy cortando todas las fresas. Asiente en silencio y, con esos dedos largos y finos que tan poco se parecen a los míos, roba un trozo de plátano antes de que pueda cerrar el tuper y meterlo en el congelador.

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Abro el vaso. Echo la nata, el azúcar, los trozos de fruta congelada.

Y el rugido de la Thermomix sirve para acallar esta coplilla que llevo silbando sin querer desde que compré la caja de fresas esta mañana.

‘gilipollas eres…, me digo por lo bajini cuando me doy cuenta.

Y en cuestión de segundos toda esta tristeza que he estado tratando de esquivar este último mes, brota de golpe.

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Y me consuelo pensando que, aunque yo no llegue a saberlo, también tú tendrás días en que hasta las fresas te hablen de mí.