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– Y por qué hace eso?
– Porque está tremendamente solo, tesoro. No tiene familia, no tiene amigos..
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Amigos sí tiene, protesta satisfecha de haber encontrado algo con lo que rebatirme.
Amigos-amigos no. Conocidos, gente a la que no le cae mal o que le harían un favor si se lo pidiera, eso sí. Pero eso no son amigos. Los amigos son otra cosa. 

Paula me mira frunciendo el ceño.

Pero si le pasara algo… insiste, negándose a admitir que pueda haber personas en el mundo que estén tan jodidamente solas.

A ver, le explico, imagínate que le pasara algo a papá… yo, para empezar, me moriría de pena. No me moriría de verdad, físicamente, pero ya nada sería lo mismo, nunca, porque a día de hoy soy incapaz de imaginarme un mundo en el que no esté él. Y habría más gente a la que le afectaría muchísimo y lo echaría de menos cada día. Tú, los yayos, los titos, que quieren a papá un montón, sus amigos… Pero a él, le digo volviendo a lo mismo, ¿a él quién lo echaría de menos si faltara mañana? De menos de verdad, no sólo que lo sintieran, que eso lo haríamos todos. Dime una sola persona para la que el mundo fuera a pararse si faltara él.

Paula me mira en silencio. Y casi puedo ver cómo pone patas arriba cada rincón de su cabeza buscando desesperada un nombre que no encuentra. Que no va a encontrar, porque no existe. Y me doy cuenta de que hasta este momento no había pensado en ello. Y en sus ojos puedo ver que la simple idea de que algo así ocurra la aterroriza. Y la entiendo. No es fácil aceptar que podamos llegar a convertirnos en esa persona a la que nadie echaría en falta si un día no amaneciera más.

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Mira lo que he encontrado hoy mientras buscaba otra cosa, me avisa H. antes de mandarme la foto.

Reconozco el dibujo. Es una mala copia a lápiz que hice de mi foto favorita de cuando era chica. Debo tener 3 años, 4 como mucho, voy vestida de troglodita, con un falso hueso en la cabeza, y estoy tremendamente enfadada.  A H. siempre le gustó aquella foto, así que se lo regalé por su cumpleaños allá por el 91.

De verdad lo has guardado todos estos años?, pregunto como si el dibujo en sí no fuera suficiente para creerlo. Después de todo, han pasado cerca de 25 años… 25 años¡ Casi media vida. Media vida guardando el regalo de alguien a quien probablemente no esperaba volver a ver.

También yo guardo cosas suyas, es cierto. Cartas, especialmente. Sobres sin sello que me daba en mano pidiéndome que no los abriera hasta que no se hubiese ido. Líneas hermosas y tristes donde derramó todas aquellas palabras que nunca se atrevió a decirme.

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He decidido que cuando me muera quiero ser un árbol. 

Nacho me mira como si me hubiera vuelto loca, pero asiente con la cabeza sin interrumpirme.

Un olmo plateado, continúo, como si soltarle algo así, a bocajarro, fuera una manera perfectamente normal de empezar una conversación. Como los que había en el parking 7 de la UPO, recuerdas? Ésos que tenían las hojas verdes y plateadas y sonaban un poco como el mar cuando hacía viento. 

Y le hablo de una página que he encontrado en la que venden urnas biodegradables donde depositar las cenizas de la persona fallecida, arena y la semilla del árbol que quiera llegar a ser. Que supongo que habrá a quien todo esto le dará igual. O que lo imaginarán tan lejano que no verán la necesidad de decidir sobre ello. Pero a mí, que sé lo que es que se apague todo de repente, si la idea de acabar en un cajón de madera me horroriza, la de acabar convertida en árbol me parece preciosa.

Tú no te vas a morir nunca, asegura Nacho mientras me abraza. No, claro que no…, sonrío de oreja a oreja mientras me dejo abrazar, pero por si al final, Thor no lo quiera, llegara otro inmortal y me cortara la cabeza, he dejado la página que te he dicho en marcadores.

Y sé que Nacho odia oírme hablar de estas cosas, pero es lo que hay. Y se lo he avisado tanto a él como a Chema, que el día en que me yo me muera no quiero llantos. Que ya que tengo la inmensa suerte de que haya quien conserve un dibujo mío durante 25 años, o mis cartas (verdad, Pipi?), qué menos que montar una juerga de despedida. Una de verdad, con alcohol como para bañarse en él, música en directo y sexo (opcional) en los baños. Y que quienes vengan a decirme adiós, lo hagan borrachos perdíos, compartiendo anécdotas estúpidas sobre mí ante una urna biodegradable.

Y, con el tiempo, convertirme en un árbol verde y plateado. Y que los pájaros aprendan a perderle el miedo al vacío desde mis ramas. Y que mis únicos tatuajes sean corazones grabados a navaja con iniciales atrapadas en su interior. Y dejarme mojar por la lluvia y acariciar por el sol, después de tantos años huyendo de él. Y ser sombra en vez de buscarla. Y sonar un poco a mar cuando haga viento.

Escrito por: Bloody el 07 Sep 2009 –

Hoy es lunes. No es que eso importe mucho cuando te pasas los días metida en casa, pero eso no quita para que siga siendo lunes. Y yo los lunes pongo canciones traducidas.

Hoy tenía una programada, pero después de leer el comentario de Piru: ‘Bloody, ya sabes cuánto me alegra leerte, pero ya me están empezando a preocupar tus últimas selecciones/traducciones…¿se fueron tus musas de vacas?…’, estuve dándole vueltas y acabé preocupándome yo también (es lo que tienes, Piru, que siempre me haces pensar…)

Al final llegué a la conclusión de que a pesar de haberme pasado el verano aquí metida, tampoco ha estado tan mal… . Por ejemplo, me he mudado a un piso chulísimo. Para que os hagáis una idea, ésta es una vista del interior de mi nuevo portal… mola, eh!

He visitado a algunos amigos, y algunos amigos me han visitado a mí (aunque quedan por venir la mitad, más o menos, y no miro a nadie…). He estado en la playa con mi Bombón (pero eso ya os lo había contado, no? ). Me han regalado mi primer libro de cocina, y a raíz de eso me he dado cuenta de que me gusta cocinar (sobre todo si es para gente a la que quiero) casi tanto como comer. Y en mi nueva calidad de cocinera amateur, he sido jurado en un concurso de tortillas… Por suerte una llevaba pimiento verde y otra rojo, y pude escaquearme declarar un empate técnico (amén de ponerme como el kiko)

Bueníiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisimas las dos!!!

(ahora entenderás, Fernando, que Blas no tenga nada que envidiarle al tal Calima ese…jeje)

He conocido a alguien de Barcelona con quien tenía pendiente unas cañas, y que pasó por aquí a cantarme ‘Lobo López’ (gracias, guapísimo!). He ido bastante al cine, no tanto como quisiera, pero teniendo en cuenta que la cartelera de verano suele ser una mierda, no ha estado mal. Me he tragado un montón de cuentos en los cuentacuentos de la Fnac (la vieja excusa de llevar a la niña, jeje). Y Paula, según me aseguran un par de tipos de los que me fío bastante, ha aprendido a nadar sin manguitos….

Y por si todo eso fuera poco, ayer mismo encontré esta piedra preciosa entre las que mangamos de la obra para poner en el fondo de mis macetas, y me puse muy contenta (yo es que soy feliz con una pelota pinchá)… Vale, no es un diamante, pero a mí me encanta!!!

Vamos, que no ha sido un verano perfecto (se me han muerto cuatro plantas en la mudanza, algo que llevo muy mal, hemos tenido visitas familiares varias, y por incompatibilidad de planes, París tendrá que esperar…) pero no ha estado mal…

Y lo mejor está por llegar. Y no sólo literalmente, que también (a primeros y a mediados de Octubre, concretamente )

De momento, el próximo domingo me voy a Granada a ver a Leonard Cohen (que no es Sabina, pero no está mal… jeje). Y el 28 vuelvo a la facultad, a empezar Trabajo Social. No era la primera de mi lista, pero no me quejo (sobre todo, teniendo en cuenta que con mi nota de selectividad no entras ni en la caseta de feria de Izquierda Unida). Además, mis compañer@s tendrán unos 18 años (técnicamente podría ser su madre), así que me lo voy a pasar pirata, hablando con ellos de… mmm… ¿les gustará Leonard Cohen? Sí, seguro que sí! (y espero que a vosotros también, porque ya podréis adivinar de quién será la canción del lunes que viene).

Ya os contaré.

(*) Nota aclaratoria a los damnificados por mi anterior post (Gloria en particular, y Caminito, si es que ya ha ido a verla):

LO SIENTO… Intentaba ser irónica, no pensé que no se entendería. Además, dejé un par de enlaces en los que la ponen a caer de un burro… no me lo tengáis en cuenta, anda….

A los demás, ‘Mapa de los sonidos de Tokio’ es un bodrio infumable. El que avisa…

Escrito por: Bloody el 11 Ago 2009

Desde fuera, el plan parecía sencillo. Básicamente, se trataba de aprovechar la luna llena de Agosto para pasar un fin de semana a la orillita del mar y poder tachar así de mi lista el último de los I’ve never que tenía pendiente desde hace un par de años…

Pero hasta los planes más elaborados pueden acabar torciéndose por algún detalle sin importancia… como, qué sé yo… haber olvidado buscar un hotel para ese par de noches de Agosto en plena Costa de la Luz.

Por suerte, cinco dias antes del fin de semana, y más de cien llamadas de teléfono después, encontramos una habitación doble en una casita rural de la sierra de Cádiz.

Vale que no estuviera en la costa, sino a 15 minutos de la playa (según los dueños del sitio en cuestión). Vale que la reserva no fuera exactamente para los días en los queríamos irnos… Pero era lo mejor que teníamos. De hecho, era lo único que teníamos.

Así que en vez perder el fin de semana lamentándonos por lo que hubiéramos podido encontrar si hubiésemos sido un pelín más previsores, a mí se me ocurrió un plan alternativo:

Ya que íbamos a perdernos la primera noche de luna casi-llena, quizá podíamos salir tempranito, llegar a Los Caños (que nos pillaba de camino) antes de que saliera el sol, quitarnos la ropa, darnos nuestro primer baño juntos en pelota picá mientras veíamos amanecer, y luego sin prisas, ir a desayunar algo hasta que fuera la hora de hacer el check-in en el hotel.

Como Plan B no estaba nada mal (aunque esté feo que sea yo quien lo diga)…

Quién iba a imaginar que justo esa mañana el despertador se quedaría dormido… O que cuando por fin llegásemos a Los Caños (una hora más tarde de lo que pensábamos) nos encontraríamos con una playa llena de botellas y de vasos, y de borrachos que aún no se habían ido a dormir, oyendo música (por decir algo) a toda hostia apoyados en sus coches…. Y ya puestos, quién iba a imaginar que yo metería el pie en un agujero que había camino de la playa, torciéndome el tobillo izquierdo y aterrizando con la rodilla derecha en la grava (vale, esto último igual no era tan inesperado, sobre todo conociendo mis antecedentes y esta singular costumbre mía de caminar siempre mirando al cielo…).


El caso es que después de semejante aterrizaje, mi plan B no tenía ya mucha razón de ser. Así que me limité a hacer unas fotillos del amanecer y de la luna sobre el faro, intentando (con escaso éxito) que aquello no afectara a mi humor… aunque en el fondo no dejara de pensar que el viaje no había comenzado con buen pie (hay que ver qué chispa tengo…!).

Por no tener, ni siquiera tenía prisa por llegar a la casa rural donde habíamos hecho la reserva por teléfono cinco días antes. Supongo que porque, a juzgar por cómo estaban saliendo las cosas, daba por hecho que acabaríamos pasando dos románticas noches en un cutre-hostal, perdido donde Cristo dio las tres voces, y a una hora y media de la playa más cercana…

Y aunque no se trataba de algo voluntario, en el fondo nos vino bien no tener prisa. Más que nada porque justo al llegar al coche caímos en la cuenta de que ninguno de los dos había apuntado la dirección ni el teléfono del sitio al que íbamos… (Sorpresa, sorpresa!)

Sin embargo no estaba todo perdido… Por suerte recordábamos el nombre del hotel. Asi que, tras un par de llamadas al Escocés (que, por suerte para nosotros, tiene la absurda costumbre de madrugar incluso estando de vacaciones) y de unas cuantas vueltas por el pueblo, llegamos por fin a nuestro destino.

Sólo entonces, y por primera vez en lo que llevábamos de viaje, las cosas parecieron tomar otro cariz…

Y es que El Cobijo de Vejer , resultó ser una preciosa casita blanca, con su patio andaluz lleno de flores, una tupida parra bajo la que echarse unas cartas por la tarde (y ganar, jeje), sus acogedoras habitaciones (con cocina y baño), y un magnífico desayuno (con bizcochos y mermeladas caseras, cinco tipos de panes, melón con jamón, y un montón de cosas más) todo ello incluído en el precio…

Y por si eso fuera poco, estábamos en pleno centro del pueblo, en el que por cierto hicimos un par de breves incursiones para comer… Por supuesto, cogiendo siempre por la sombrita, convenientemente embadurnada de crema de factor 50 y protegida por un sombrero naranja (a juego con el abanico de Kukuxumuxu, regalo de mi viajero favorito) que nos hacía pasar desapercibidos allí donde entráramos…

No digamos ya cuando a mi Bombón le daba por quitármelo para ponérselo y posar para mí, jejeje…. .

Pero lo mejor de todo, y de eso pudimos dar fe esa misma noche, es que estábamos realmente a 15 minutos de la playa…

(To be continued)