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– Mamá, a mí esto no me sale. No se me ocurre nada. Y además es muy difícil y tiene que ser MUY corto y yo no tengo imaginación y a mí las historias que se me ocurren son MUY largas y la prota siempre muere y…

– A ver. Para el carro. Imaginación tienes de sobra y tú lo sabes, y escribir se te da genial. Sí, no pongas esa cara. Lo que pasa es que eres muy floja y quieres que te salga a la primera. Y ahí es donde te equivocas porque escribir en realidad es rescribir y eso lleva su tiempo. Venga, a ver qué se te ocurre…

La vuelta a los días indistinguibles ha resultado ser más sencilla de lo que pensaba. Y es que si el trabajo dignifica, yo debo ser la persona más indigna del mundo: todo el santo día en pijama leyendo novelillas suecas, comiendo porquerías a deshoras o fumándome las series doblás… los que abrazamos el dudeismo es lo que tenemos 😎

Pero lo mejor de haber recuperado la vida contemplativa que tanto echaba de menos mientras estudiaba, es que, por primera vez en muchos años, tengo tiempo para Paula. Y, lo que es más importante aún, ganas para dedicárselo. Tiempo para sentarme con ella a preparar el examen de cono. Tiempo para acompañarla a comprarse su primer sujetador. Tiempo para llevármela a comer al salir del cole. Tiempo para ser yo quien le haga la tortilla por la noche, para secarle el pelo o para escuchar sus batallitas antes de irse a dormir. Tiempo, como esta vez, para ir dándole mi opinión mientras hilvanaba el siguiente relato corto:

Hace mucho, mucho tiempo, los malos de los cuentos populares se reunieron y decidieron dejar de hacer su trabajo, ya que estaban hartos de que los buenos les aguaran la fiesta. El lobo de los tres cerditos buscó empleo en la construcción, la madrastra de Blancanieves abrió una frutería ecológica, la bruja de la Sirenita se hizo pescadera y el ogro de Pulgarcito puso en marcha una cadena de zapaterías.

Desde entonces los cuentos se volvieron aburridos, porque los buenos hacían el bien y sus vidas eran normales y la gente dejó de leer. Aquella generación dejó de tener miedo y de tomar precauciones. Y así conquistamos el planeta Tierra, hijo mío. Y ahora cierra tus 9 ojos y deja de jugar con tus antenitas y duérmete – dijo el extraterrestre con dulzura a su hijo.

Que no sé qué os parecerá a vosotros, pero para tener 11 años recién cumplidos yo diría que no está nada mal… 😉 .

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Ámsterdam son canales y porros. Porros y sexo. Sexo y llamadas. Llamadas y mentiras. Mentiras y canales.

Y la noche convertía a las bicis en luciérnagas que nos esquivaban casi rozándonos, derramando sus luces por los canales. Y los canales las recogían y las transformaban en canciones que hablaban de lo que estaba por pasar…

Y tú me agarraste por la cintura y te pusiste frente a mí. ‘Quiero besarte’. Y me apartaste el pelo de la cara. Y entendí lo que las luciérnagas trataban de advertirme… ‘Ya nada volverá a ser como antes’.

Ámsterdam es Noviembre. Y gorros de lana. Y bufandas de colores. Y un frío que se mete bajo la piel y te hiela de dentro afuera.

Y tu chupa me quedaba tan grande y la falda tan corta… De espaldas parecía que debajo no llevara puestas más que unas botas. ‘Adelántate, me gusta mirarte’. Y yo me adelantaba un poco y dejaba que tu deseo acariciara mis piernas, mi espalda, mi nuca.

Y en la habitación te devolví tu chupa, que ya nunca volvería a ser tuya del todo. Y nos sobró media cama. Ninguna noche.

Ámsterdam son bicicletas. Apiladas, abandonadas, encadenadas. Esperando que alguien vuelva. O que alguien las robe.

Aquel último Noviembre en Ámsterdam fue el más frío. Y las bicis, convertidas en sombras, se apartaban a mi paso. Y en aquel banco del Damn, entendí que no tenía sentido alargarlo más. Y bebí y bebí. Y te lloré hasta convertirme en canal.

Y tú supiste lo que iba a decir incluso antes de descolgar. Y yo supe que aquella noche debía despedirme de Ámsterdam. Sola.

Ámsterdam fue el fin y el principio. El antes y el durante y el después.

Y a veces me concedo una tregua. Y pasan los meses sin que piense en ti. En las palabras que nunca dijiste. Y tus labios se confunden con otros, con los de cualquiera. Y las bicis vuelven a ser sólo bicis. Y me confío. Y bajo la guardia…

Entonces sucede. Un timbre me avisa para que me aparte. Y la tregua se rompe. Y tu recuerdo me golpea al pasar. Y no hay nada que pueda hacer para evitarlo. Y me doy cuenta de que ya ha pasado otro año. Y Noviembre ha vuelto a pillarme desprevenida…

Y todas las bicis son Ámsterdam.

Y Ámsterdam eres tú.

(más…)

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Después de tanto tiempo, aún hay noches en las que despierto empapada en sudor y puedo verte tumbado a mi lado, mirándome. A veces me lleva unos minutos darme cuenta de que no eres real, y por un instante vuelvo a tener nueve años, y la nieve vuelve a cubrirlo todo. Otras, sin embargo, algo en mi interior me dice que aquello no fue más que una pesadilla… Entonces veo la tabla, ésa que me trajiste de Inglaterra aún sabiendo que era demasiado pequeña para preguntarme qué era Modigliani, o quién era Londres. A los seis años el mundo se reduce a aquello que alcanzas a ver y a las personas en las que confías. El resto pertenece a los cuentos.

Como Alice, con su piel tostada y sus ojos almendrados y su blusón azul y su cruz en el pecho y su flor en el pelo, partido en dos, y sus manos en el regazo y su rostro ovalado que no parecía triste ni alegre ni preocupado, pese a estar rodeada de oscuridad.

Mi piel y mi pelo también eran oscuros. Aquel invierno lo llevaba especialmente largo, más incluso que Alice. A ti te gustaba así. Me lo extendías sobre la almohada y lo peinabas con tus dedos, tan blancos, mientras me contabas historias de lobos y niñas con capa roja perdidas en el bosque. Si hay algo que les guste a los lobos, más incluso que los corderos, son las niñas vestidas de rojo perdidas en la nieve… Hablabas muy bajito, casi en susurros, supongo que porque a mamá no le gustaba que me contaras aquellas historias. Según ella, eran las culpables de que a los nueve años siguiera durmiendo con la luz encendida o de que aún mojara la cama de vez en cuando.

En más de una ocasión me he preguntado por qué nunca era mamá la que se tumbaba a mi lado y me contaba cuentos de princesas rubias y hermosas como ella, mientras acariciaba mi pelo. Por qué, incluso las noches en que no tenía guardia, prefería quedarse en la cocina, canturreando mientras recogía la cena y fregaba los platos.

El día que te marchaste cayó una nevada de ésas que aún hoy se recuerdan. Cortaron las carreteras y mamá tuvo que dar media vuelta y regresar a casa. Hace tiempo que renuncié a averiguar lo que ocurrió realmente aquella noche. Amnesia disociativa, creo que lo llamaron. Lo que sí recuerdo es que a la mañana siguiente mamá había dejado de cantar. Vació tu lado del armario y al acabar se sentó sobre la cama y rompió a llorar. Luego me llevó al baño y cogió las tijeras. Aquella noche no fui capaz de dormir pensando en qué iba a decirte cuando regresaras y vieras lo que mamá había hecho con mi pelo.

Con el tiempo, me acostumbré a llevarlo corto. A otras cosas, sin embargo, sé que no lograré acostumbrarme nunca.

Hoy he vuelto a soñar con la nieve. Me encuentro en medio de un hayedo especialmente frondoso, aunque no logro recordar cómo he llegado ni qué he ido a hacer allí. Tengo puesto el abrigo rojo, ése que me regalaste por mi cumpleaños, y llevo el pelo largo, como entonces, sólo que ya no es tan oscuro. A lo lejos, donde las hayas comienzan a espaciarse, la luz de un faro barre el manto helado durante unos segundos, mostrándome las sombras que se ocultan tras los árboles. No me pregunto qué hace un faro en medio de un bosque, ni cómo es posible que la noche haya caído tan de repente, ni por qué soy incapaz de sentir frío. Conozco las respuestas. No sólo a ésas, a todas las preguntas, incluso a las que preferiría no haberme hecho nunca. Y por primera vez desde que te fuiste, me doy cuenta de que ya no tengo nada que temer, pese a estar rodeada de esta oscuridad. Saco las manos de los bolsillos y dejo que los copos caigan sobre ellas, blancos, como las vendas alrededor de mis muñecas…


Pues sí, aquí estamos de nuevo, repartiendo alegría y buen rollito 🙂 …No, no nos lo agradezcáis a nosotros, agradecédselo a Psiqui, que fue la que, a la hora de proponer tema para esta nueva etapa, dijo ‘pues claroscuros mismamente…’, y luego (se ve que debió pensar ‘demasiado fácil…’) añadió ‘del alma’.

Bueno, pues con to’ y con eso, no me preguntéis cómo, hemos conseguido engañ… convencer a un montón de gente de que esto es pa’pasárselo bien, y han decidido unirse a esta nueva etapa del Club de los Jueves (ahora sólo queda que vuelvan los que se fueron… Volved, cobardes¡¡¡)

Yo, desde aquí, les doy la bienvenida a los nuevos, y ya que estamos, os invito a todos a que os paséis por sus blogs y comprobéis lo bien que dominan la técnica del claroscuro.

So as usual…

 

 


(*) Imagino que esta aclaración no hará ni puñetera falta, pero por si acaso, cualquier parecido de mi relato con la realidad es pura coincidencia…Bueno, salvo la mención al cuadro, que me lo trajo mi abuelo de Londres cuando yo era chica y es verdad que me encanta. Pero por lo demás, na’ de na’.

Mi padre es el mejor padre del mundo, y la nieve la vi por primera vez hace un año 😉

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Comprobó las correas más por costumbre que por seguridad. Después de más de un año trabajando en su proyecto, había llevado a cabo suficientes intervenciones como para estar seguro de que el sujeto no opondría resistencia. El pánico lo paralizaría, como minutos antes había sucedido con su hermano. Una muestra más de la inferioridad de su raza.

Haciendo caso omiso a los lloriqueos, extrajo 2 mililitros de AC#23 y procedió a inyectarlo en el iris izquierdo del sujeto. Consultó su reloj. El tiempo medio de expansión del producto solia ser de 40 segundos, pero a veces llevaba alguno más. La medicina no era una ciencia exacta. Ensayo y error, al final todo se resumía en eso.

Cuarenta segundos más tarde levantó la vista del reloj. El AC#23 había cubierto ya algo más de la mitad del iris y seguía avanzando. Sin embargo, tal y como había previsto, el sujeto había perdido el conocimiento. Aprovechó para hacer algunas anotaciones en la ficha del paciente: sexo- varón, edad- 10 años (aprox)., peso- 25 kilos (aprox.), color original del iris- marrón oscuro, muestra utilizada en el estudio- AC#23, tiempo de expansión máxima- 45 seg. (aprox.), otras observaciones- gemelo.

A continuación, con la ayuda de una pequeña linterna, observó más detenidamente los resultados. Al igual que en el caso anterior, la heterocromía había alcanzado la práctica totalidad del ojo; apenas una pequeña porción del iris seguía siendo oscura y vulgar, el resto se había vuelto completamente azul. Tratándose de gemelos idénticos, el resto de la evaluación carecía de interés. El sujeto habría quedado ciego tras la tinción, así que no merecía la pena esperar a que despertara. La extracción se llevó a cabo sin ninguna incidencia digna de mención.

Ya en su despacho, abrió la vitrina para mariposas donde guardaba sus pequeños trofeos y colocó cuidadosamente las dos nuevas adquisiciones. Luego volvió a colgar su particular colección en la pared, admirando aquellos treinta y seis pares de ojos que lo observaban. Setenta y dos miradas azules que lo animaban en silencio a seguir adelante, recordándole que el mundo no tenía por qué ser oscuro.

 


Esta semana le tocaba a Psiqui proponer tema y dijo:“El tema que elijo para la próxima semana es ‘La oscuridad’... Ya sabéis, a pensar oscuridades. Puede ser cualquier oscuridad, la de la noche, la del alma, la de un día de tormenta… “

Sé que la oscuridad sobre la que he escrito es especialmente oscura, y lo peor de todo es que los hechos que describo aquí no son fruto de mi imaginación. Podéis comprobarlo por vosotros mismos pinchando aquí.

(Creo que mi padre empieza a estar realmente preocupado por los temas sobre los que escribo… el próximo jueves intentaré no matar a nadie, jeje. En cualquier caso, gracias por ser crítico conmigo, papá).


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Recuerdo que aquel 21 de Marzo estuve a punto de perder el tren que debía llevarme a Madrid. Yo, que siempre llego con media hora de antelación a todas partes.

Quizá por eso a veces me sorprendo imaginando cómo sería hoy mi vida si lo hubiese perdido. Si hubieses cogido aquel avión a Roma tú solo y yo no me hubiese quedado dormida con la cabeza apoyada en tu hombro. Si no hubiese estado en Pisa aquella mañana para abrazarte cuando lo necesitabas. Si no nos hubiésemos pasado las noches en vela, oyendo la respiración del otro y mirándonos a los ojos sin decir una palabra. Si no hubiese probado el vino y visto la nieve por primera vez estando a tu lado. Si no nos hubiésemos emborrachado aquella noche en Siena y yo no me hubiese dado cuenta de cuánto te iba a echar de menos cuando volviera a casa. Si no me hubiese atrevido a besarte aquella última noche en Roma. Si no te hubiese abierto mi corazón. Si tú no te hubieses atrevido a entrar.

Pero corrí, corrí con todas mis ganas, con mis botas de tacón y mi maleta y la bolsa con la cámara y el billete en la mano. Y en el último minuto subí a aquel tren que me llevaría hasta ti.


Esta semana le tocaba a Crariza proponer tema, y dijo: Bueno, el tema para la próxima semana: “Una experiencia que cambió mi vida”.

A mí pocas cosas me han cambiado tanto la vida como aquel viaje a Italia, en Marzo del año pasado, así que…

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No acababa de entender qué le estaba pasando. Desde que recibió su llamada invitándolo a cenar no había podido pensar en otra cosa. Llevaba toda la semana eligiendo las palabras que le diría, ésas que la harían darse cuenta de que nadie la querría como él, incondicionalmente, como siempre había hecho. Ésas que la convencerían de que a pesar de todo lo ocurrido aún podían empezar de nuevo si ella estaba dispuesta a intentarlo. Y ahora, sentado frente a ella en aquel restaurante en el que habían celebrado tantas cosas, viéndola mover la ensalada con el tenedor, sin llevárselo a la boca, mientras las lágrimas recorrían sus mejillas y caían sobre su plato, era incapaz de pronunciar una sola palabra.

Era una sensación tan extraña, tan irreal… Después de tanto tiempo enamorado de ella, la sola idea de dejar de estarlo lo descolocaba por completo. Por un momento se sintió aturdido y eufórico a la vez. Se sintió liberado. Le dieron ganas de gritar, de levantarse de allí, meterse en el primer bar que encontrara por el camino y beber hasta no recordar ni siquiera su nombre. Y de follar, no de hacer el amor, de follar. De follar con cualquiera menos con ella.

Sabía que a poco que buscara podría encontrar un millón de excusas para levantarse de la mesa, pagar y marcharse, una por cada vez que ella no estuvo ahí cuando él la necesitó, por cada mentira, por cada desprecio… Pero no lo hizo. Terminó el primer plato, el segundo y el postre sin apartar la vista de ella. Ella, por su parte, no probó bocado, siguió llorando en silencio sin levantar la vista del plato, mucho después incluso de que el camarero lo retirara. Sintió lástima por ella… Y en ese preciso instante comprendió hasta qué punto todo había cambiado, empezando por él…

Hacía apenas unos meses verla llorar le habría partido el corazón, y ahora… ahora simplemente le daba pena. Como cuando te enteras de que hace un mes ha muerto alguien de quien no consigues recordar ni siquiera el nombre. Le daba pena, sí, pero no le afectaba. Por no sentir, ni siquiera sentía rencor… Era como tener el corazón anestesiado, como si de repente todo aquello por lo que había pasado durante los últimos meses hubiera dejado de doler.

Tampoco es que a ella le hubiera temblado el pulso a la hora de poner fin a su relación. El golpe había sido limpio, preciso, certero. Y aunque si algo había aprendido a su lado era a encajar los golpes, a absorberlos cuando era imposible evitarlos, aquél lo pilló tan cansado, tan dolorido, que no le quedaron fuerzas para levantarse. En el fondo, pensó, tendría que agradecerle que lo hubiese dejado. Él jamás habría sido capaz de tirar la toalla. Habría seguido luchando a su manera, sin devolver un solo golpe, mientras ella se lo hubiese permitido. Y ahora…

Pasó una eternidad antes de que ella decidiera levantar la vista del plato y mirarlo con esos enormes ojos oscuros que le suplicaban que rompiera aquel silencio que los había acompañado durante toda la cena. Jamás la había visto tan derrotada, tan desarmada, tan indefensa. Y por primera vez en lo que iba de noche sintió la necesidad de abrazarla, de protegerla incluso de sí misma, como siempre había hecho. Estiró el brazo por encima de la mesa y acarició su mano. Sólo tenía que dejar que las palabras que había estado preparando salieran de su boca… Y todo volvería a ser como antes.

El amor. El deseo. La dependencia. El dolor.

Entonces comprendió que aquellas palabras no tenían ya ningún sentido. Ahora sólo tenía que encontrar la manera de que lo que tenía que decirle no sonara a reproche.


Esta semana me tocaba a mí proponer tema, y mi propuesta fue ‘cambio de planes’.

 

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Llevaba ya un rato mirándose, cuando se dio cuenta de que no se reconocía. Era una sensación rara y a la vez extrañamente familiar, como cuando en el colegio te mandaban copiar cien veces la misma frase y las palabras acababan por no tener ningún sentido. Se tocó la cara, los ojos, la boca. Al llegar al cuello sus manos se detuvieron. Se levantó el vestido y sus ojos bajaron hasta los pechos, redondos y pequeños. Lo más probable era que le cupiesen en sus manos, pero algo le dijo que era mejor no arriesgar. A continuación su mirada siguió bajando hasta llegar a su cintura; era diminuta, tan estrecha que podría ser rodeada con un solo brazo. Y sus muslos, tan largos y esbeltos…

Unas risas la avisaron de que alguien se acercaba. Echó un último vistazo y dejó el vestido caer de nuevo sin forma alguna hasta sus tobillos. Giró a derecha, izquierda e izquierda de nuevo hasta salir de aquel laberinto, evitando mirarse en un solo espejo más. Aquél había sido el único en el que lo que había visto no le había dado asco, y decidió quedarse con el recuerdo de aquella imagen.

Volvió a casa andando. La feria no quedaba cerca, pero las paradas de autobús y sus paneles publicitarios de cuerpos perfectos siempre conseguían deprimirla. Al entrar, un olor a guiso le revolvió el estómago. Besó a sus padres y ayudó a su madre a poner la mesa. Sin embargo, una vez servida la cena, no consiguió llevarse a la boca más de dos cucharadas antes de excusarse, asegurando haber picado algo por ahí, y retirarse discretamente. Luego fue al baño, echó el pestillo y, una vez desnuda, se enfrentó a su realidad: pechos grandes, cintura inexistente, una enorme barriga y unos muslos tan anchos que si probara a meterlos en unos vaqueros reventarían las costuras al sentarse. A continuación dejó correr el agua del grifo para no ser oída y se provocó el vómito por segunda vez en lo que iba de día.

El espejo del baño fue el último en ver de pie a Ana, segundos antes de tambalearse, desplomarse y dar con sus 47 kilos en el suelo y la sien derecha en el water.

 


Esta semana le tocaba a Psiqui proponer tema, y dijo:‘El tema es: Un laberinto, podéis escribir lo que queráis, siempre que sea un laberinto de ideas, de emociones, de los de verdad…simbólicos…’

 

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Masticó un poco más. Las naúseas eran cada vez mayores. Su estómago, vacío tras más de una luna de ayuno, se revolvía sin saber a qué agarrarse. A lo lejos, un grupo de chacales lo observaba, decidiendo si sería presa o enemigo. Cerró los ojos y pudo olerlos, notar el calor de sus cuerpos, oír el latido de sus corazones… sentir su hambre. Avivó las llamas con unas ramas de acacia que había dejado secar durante el día, mientras observaba cómo los chacales se alejaban hasta ser engullidos por la oscuridad del desierto. Las temperaturas habían bajado considerablemente al caer la tarde. Se acercó un poco más al fuego, absorto en las sombras que dibujaba a su alrededor. Las veía alargarse y encogerse, formando extrañas siluetas que cambiaban antes de que pudiera decidir a qué se parecían.

De repente, una de las sombras se separó del resto elevándose sobre su cabeza. Lejos de asombrarse, se dio cuenta de que de aquello debía ser lo que había estado esperando. Sin avisar, la sombra cayó sobre las rocas y éstas se convirtieron en tiernas hogazas ante sus ojos. El olor del pan recién hecho inundó el aire, lo oyó crujir en sus manos al partirlo y notó cómo su boca se llenaba de saliva… Entonces una punzada le atravesó el estómago. Hasta ahora masticar trozos de hongo seco junto al fuego le había ayudado a entender muchas cosas… Buscó la respuesta a su alrededor. Había decenas de piedras, puede que cientos. Sería tan fácil convertirlas en panes… aún así, era algo que ni siquiera se había planteado hacer hasta ese instante. Se metió otro trozo de hongo en la boca, inspiró profundamente y evitando dirigir su mirada hacia las piedras, dijo en voz alta:

‘Está escrito. No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’

La sombra no le contestó. Retirándose lentamente de las piedras, lo guió hasta la cima de la colina más alta. Desde allí, la vista era francamente impresionante. No había nada que lo separara del cielo. En contraposición, el negro abismo bajo sus pies parecía infinito. A lo lejos, un halcón planeaba sobre el vacío. Entonces la sombra se arrastró hacia él hasta convertirse en la suya, extendió los brazos, dispuestos para planear, y saltó. Él siguió su ejemplo, cerró los ojos y abrió los brazos… Podría dejarse caer a sabiendas de que Él mandaría a sus ángeles para sostenerlo. Sólo en ese momento lo entendió. Su padre le había dado brazos, no alas. Dio un paso atrás y, rompiendo el silencio de la noche, gritó:

‘Está escrito. No tentarás al señor, tu Dios’.

La sombra se enfureció por primera vez, dando vueltas a su alrededor con tanta ira que supo que no podría huir aunque quisiera. Atrapado en su interior pudo ver cómo el reino de Yahvé se extendía sobre la tierra: vio pueblos aniquilados en nombre de la salvación, miles de inocentes torturados y quemados por los defensores de la fe, hermanos levantados en armas por un trozo de tierra a la que llamaban Santa, países enteros donde el hambre se propagaba como una plaga mientras los sacerdotes nadaban en la opulencia… sin embargo no consiguió ver a Dios por ninguna parte.

¿Era eso lo que le esperaba? Por un momento dudó. Después de todo, él no había elegido aquello… Y justo cuando estaba a punto de claudicar, lo vio claro. Aquello no podía ser sino un engaño. Era imposible que un mensaje tan sencillo acabara de aquella manera.

‘Retírate, Satanás, porque está escrito: adorarás al Señor, tu Dios, y sólo a él rendirás culto’.

La sombra obedeció, regresando al fuego del que había salido. Un instante después, éste se apagó como si nunca hubiera sido encendido.

Se puso en pie y sacudió su túnica. Al fin podía dar su retiro por acabado. Ahora estaba preparado para llevar la Misericordia de Dios a todos los hombres.

Antes de partir contempló el amanecer en silencio. Sin duda la Gloria de Yahvé era infinita…


Esta semana me tocaba a mí proponer el tema, y (vaya usted a saber por qué) esto fue lo que dije: “El tema es Epifanías (en el sentido de “revelación”) y Penitencias. Mezclado, no agitado. A ver qué os sale.”

Justo cuando estaba pensando “a ver qué coño escribo yo ahora”, vi que alguien había dejado un comentario en un post antiguo de Blas, entré a cotillear (cuando se trata de mi viajero favorito soy así de curiosa, jeje) y ya que estaba releí el post. Primero pensé en escribir sobre una revelación de alguien que estuviera en el desierto y que fuera hasta el culo de peyote (o similar). Lo de que el protagonista fuera quien es, vino solo (desierto +revelaciones+penitencias)… Luego, buscando información sobre las drogas de la época en esa zona en particular, encontré este artículo en la Wiki, y pensé que no era una idea tan descabellada después de todo…

En el foro, Psiqui me dijo: ” Este relato me recuerda a ‘El evangelio según Jesucristo’ de José Saramago. No sé si te has inspirado o no, pero es muy parecido el planteamiento, sobre todo el párrafo donde ve el reino de Yahvé… Así que tendrás que citarlo”.

Lo cierto es que aún no he leído nada de esa señora (que diría Espe, jeje), y en concreto de este libro no había oído hablar en mi vida. Por eso no lo he citado.

Lo que sí me ha ayudado es releer partes del nuevo testamento (en concreto, Mateo 4, 1-11), así como algunos datos sobre los Esenios.

Espero que a nadie se ofenda por mi relato, porque no he pretendido ser irrespetuosa en ningún momento, sólo contar una historia.

Feliz Semana Santa a tod@s!!!

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Salió de la sala sabiendo que la estaría esperando. Apostaría lo que fuera a que se haría el encontradizo y, con cualquier excusa, la invitaría a un café, puede que incluso a cenar. Durante la conferencia no le había quitado la vista de encima, aunque él había evitado cruzar la mirada con ella en todo momento. Eso le dio la oportunidad de fijarse mejor. Había visto que no llevaba alianza, aunque eso no tenía por qué significar nada… y en cualquier caso, no era su problema.

Y allí estaba, hablando con otro de los asistentes del que no tardó en despedirse en cuanto la vio acercarse. Era su turno. Se retiró el pelo con las dos manos, consiguiendo que su camiseta se levantara lo justo para mostrar su cintura, pasó entre algunos grupos fingiendo no sentir las miradas sobre ella, y finalmente lo miró directamente a los ojos. Sabía que, en ese momento, para él no había allí nadie más. Bajó la mirada y sonrió. Le encantaba esa parte del juego. Cada gesto, perfectamente estudiado, cada reacción, absolutamente previsible. La hacía sentirse como un animal, puro instinto.

Mientras se acercaba a él, trató de adivinar cómo sería en la cama. Se preguntó qué le gustaría y hasta dónde estaría dispuesto a llegar. Y supo que acabaría haciendo cualquier cosa que ella le propusiese. Lo volvería loco de deseo, tanto que terminaría confundiéndolo con amor. Como todos. Y ahí se acabaría la diversión. Como siempre. Entonces lo dejaría. Ella no necesitaba que la quisieran…

La saludó como si acabara de darse cuenta de su presencia, y comenzaron a charlar mientras la gente pasaba por su lado felicitándolo por la charla y despidiéndose de él. Media hora después, con el local ya vacío, le propuso salir de allí y tomar un café. Ella se limitó a sonreírle. Luego abrió la puerta y dejó que la siguiera.

Comenzaba el partido…

‘Maria’ / Blondie.

‘Maria’ / Blondie.

She walks like she don’t care / Smooth as silk, cool as air / Ooh, it makes you wanna cry .

Camina como si nada le importara / Suave como la seda, fría como el aire./ Ooh, te dan ganas de gritar.

She doesn’t know your name / and your heart beats like a subway train / Ooh, it makes you wanna die

No se sabe tu nombre./ Y tu corazón late como una locomotora./ Oh, te dan ganas de morirte.

Ooh, don’t you wanna take her? / Wanna make her all your own?

Ooh, no quieres llevártela? / y hacer que sea sólo tuya?

Maria./ You’ve gotta see her! / Go insane and out of your mind
Latina. / Ave maria./ A million and one candlelights.

Maria./ Tienes que verla!/ Te vuelve loco y te hace perder la cabeza.
Latina./ Ave maria./ Un millón de velas encendidas y una más.

I’ve seen this thing before / In my best friend and the boy next door / Fool for love and fool of fire

Esto ya lo he visto antes./ Entre mi mejor amiga y su vecino./ Locos de amor y de deseo.

Won’t come in from the rain. / She’s oceans running down the drain. / Blue as ice and desire.

No llegará con la lluvia./ Ella tiene océanos corriéndoles por las venas./ Azules como el hielo y el deseo.

Don’t you wanna make her? / Ooh, don’t you wanna take her home?

No quieres hacerle el amor? /No quieres llevártela a casa?

Maria (…)

Ooh, dont you wanna break her? / Ooh, dont you wanna take her home?

No quieres doblegarla? /No quieres llevártela a casa?

She walks like she dont care./ You wanna take her everywhere./ Ooh, it makes you wanna cry.

Camina como si nada le importase./ Te la llevarías a cualquier parte./ Oh, te dan ganas de gritar.

She’s like a millionaire./ Walking on imported air. / Ooh, it makes you wanna die.

Se comporta como si fuese millonaria./ Como si fuese mucho mejor que tú./ Oh, te dan ganas de morir.

Maria (…)


Esta semana le tocaba proponer tema a Jose Alberto, y ha dicho: “Un relato inspirado en una canción.. (tema libre, claro, únicamente enlazar o poner la canción que lo inspira).”

Luego ha dicho más cosas, pero como sus razones no cuelan… 🙂

(*) Más traducciones pinchando aquí.