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Llevaba ya un rato mirándose, cuando se dio cuenta de que no se reconocía. Era una sensación rara y a la vez extrañamente familiar, como cuando en el colegio te mandaban copiar cien veces la misma frase y las palabras acababan por no tener ningún sentido. Se tocó la cara, los ojos, la boca. Al llegar al cuello sus manos se detuvieron. Se levantó el vestido y sus ojos bajaron hasta los pechos, redondos y pequeños. Lo más probable era que le cupiesen en sus manos, pero algo le dijo que era mejor no arriesgar. A continuación su mirada siguió bajando hasta llegar a su cintura; era diminuta, tan estrecha que podría ser rodeada con un solo brazo. Y sus muslos, tan largos y esbeltos…

Unas risas la avisaron de que alguien se acercaba. Echó un último vistazo y dejó el vestido caer de nuevo sin forma alguna hasta sus tobillos. Giró a derecha, izquierda e izquierda de nuevo hasta salir de aquel laberinto, evitando mirarse en un solo espejo más. Aquél había sido el único en el que lo que había visto no le había dado asco, y decidió quedarse con el recuerdo de aquella imagen.

Volvió a casa andando. La feria no quedaba cerca, pero las paradas de autobús y sus paneles publicitarios de cuerpos perfectos siempre conseguían deprimirla. Al entrar, un olor a guiso le revolvió el estómago. Besó a sus padres y ayudó a su madre a poner la mesa. Sin embargo, una vez servida la cena, no consiguió llevarse a la boca más de dos cucharadas antes de excusarse, asegurando haber picado algo por ahí, y retirarse discretamente. Luego fue al baño, echó el pestillo y, una vez desnuda, se enfrentó a su realidad: pechos grandes, cintura inexistente, una enorme barriga y unos muslos tan anchos que si probara a meterlos en unos vaqueros reventarían las costuras al sentarse. A continuación dejó correr el agua del grifo para no ser oída y se provocó el vómito por segunda vez en lo que iba de día.

El espejo del baño fue el último en ver de pie a Ana, segundos antes de tambalearse, desplomarse y dar con sus 47 kilos en el suelo y la sien derecha en el water.

 


Esta semana le tocaba a Psiqui proponer tema, y dijo:‘El tema es: Un laberinto, podéis escribir lo que queráis, siempre que sea un laberinto de ideas, de emociones, de los de verdad…simbólicos…’

 

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Masticó un poco más. Las naúseas eran cada vez mayores. Su estómago, vacío tras más de una luna de ayuno, se revolvía sin saber a qué agarrarse. A lo lejos, un grupo de chacales lo observaba, decidiendo si sería presa o enemigo. Cerró los ojos y pudo olerlos, notar el calor de sus cuerpos, oír el latido de sus corazones… sentir su hambre. Avivó las llamas con unas ramas de acacia que había dejado secar durante el día, mientras observaba cómo los chacales se alejaban hasta ser engullidos por la oscuridad del desierto. Las temperaturas habían bajado considerablemente al caer la tarde. Se acercó un poco más al fuego, absorto en las sombras que dibujaba a su alrededor. Las veía alargarse y encogerse, formando extrañas siluetas que cambiaban antes de que pudiera decidir a qué se parecían.

De repente, una de las sombras se separó del resto elevándose sobre su cabeza. Lejos de asombrarse, se dio cuenta de que de aquello debía ser lo que había estado esperando. Sin avisar, la sombra cayó sobre las rocas y éstas se convirtieron en tiernas hogazas ante sus ojos. El olor del pan recién hecho inundó el aire, lo oyó crujir en sus manos al partirlo y notó cómo su boca se llenaba de saliva… Entonces una punzada le atravesó el estómago. Hasta ahora masticar trozos de hongo seco junto al fuego le había ayudado a entender muchas cosas… Buscó la respuesta a su alrededor. Había decenas de piedras, puede que cientos. Sería tan fácil convertirlas en panes… aún así, era algo que ni siquiera se había planteado hacer hasta ese instante. Se metió otro trozo de hongo en la boca, inspiró profundamente y evitando dirigir su mirada hacia las piedras, dijo en voz alta:

‘Está escrito. No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’

La sombra no le contestó. Retirándose lentamente de las piedras, lo guió hasta la cima de la colina más alta. Desde allí, la vista era francamente impresionante. No había nada que lo separara del cielo. En contraposición, el negro abismo bajo sus pies parecía infinito. A lo lejos, un halcón planeaba sobre el vacío. Entonces la sombra se arrastró hacia él hasta convertirse en la suya, extendió los brazos, dispuestos para planear, y saltó. Él siguió su ejemplo, cerró los ojos y abrió los brazos… Podría dejarse caer a sabiendas de que Él mandaría a sus ángeles para sostenerlo. Sólo en ese momento lo entendió. Su padre le había dado brazos, no alas. Dio un paso atrás y, rompiendo el silencio de la noche, gritó:

‘Está escrito. No tentarás al señor, tu Dios’.

La sombra se enfureció por primera vez, dando vueltas a su alrededor con tanta ira que supo que no podría huir aunque quisiera. Atrapado en su interior pudo ver cómo el reino de Yahvé se extendía sobre la tierra: vio pueblos aniquilados en nombre de la salvación, miles de inocentes torturados y quemados por los defensores de la fe, hermanos levantados en armas por un trozo de tierra a la que llamaban Santa, países enteros donde el hambre se propagaba como una plaga mientras los sacerdotes nadaban en la opulencia… sin embargo no consiguió ver a Dios por ninguna parte.

¿Era eso lo que le esperaba? Por un momento dudó. Después de todo, él no había elegido aquello… Y justo cuando estaba a punto de claudicar, lo vio claro. Aquello no podía ser sino un engaño. Era imposible que un mensaje tan sencillo acabara de aquella manera.

‘Retírate, Satanás, porque está escrito: adorarás al Señor, tu Dios, y sólo a él rendirás culto’.

La sombra obedeció, regresando al fuego del que había salido. Un instante después, éste se apagó como si nunca hubiera sido encendido.

Se puso en pie y sacudió su túnica. Al fin podía dar su retiro por acabado. Ahora estaba preparado para llevar la Misericordia de Dios a todos los hombres.

Antes de partir contempló el amanecer en silencio. Sin duda la Gloria de Yahvé era infinita…


Esta semana me tocaba a mí proponer el tema, y (vaya usted a saber por qué) esto fue lo que dije: “El tema es Epifanías (en el sentido de “revelación”) y Penitencias. Mezclado, no agitado. A ver qué os sale.”

Justo cuando estaba pensando “a ver qué coño escribo yo ahora”, vi que alguien había dejado un comentario en un post antiguo de Blas, entré a cotillear (cuando se trata de mi viajero favorito soy así de curiosa, jeje) y ya que estaba releí el post. Primero pensé en escribir sobre una revelación de alguien que estuviera en el desierto y que fuera hasta el culo de peyote (o similar). Lo de que el protagonista fuera quien es, vino solo (desierto +revelaciones+penitencias)… Luego, buscando información sobre las drogas de la época en esa zona en particular, encontré este artículo en la Wiki, y pensé que no era una idea tan descabellada después de todo…

En el foro, Psiqui me dijo: ” Este relato me recuerda a ‘El evangelio según Jesucristo’ de José Saramago. No sé si te has inspirado o no, pero es muy parecido el planteamiento, sobre todo el párrafo donde ve el reino de Yahvé… Así que tendrás que citarlo”.

Lo cierto es que aún no he leído nada de esa señora (que diría Espe, jeje), y en concreto de este libro no había oído hablar en mi vida. Por eso no lo he citado.

Lo que sí me ha ayudado es releer partes del nuevo testamento (en concreto, Mateo 4, 1-11), así como algunos datos sobre los Esenios.

Espero que a nadie se ofenda por mi relato, porque no he pretendido ser irrespetuosa en ningún momento, sólo contar una historia.

Feliz Semana Santa a tod@s!!!

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Salió de la sala sabiendo que la estaría esperando. Apostaría lo que fuera a que se haría el encontradizo y, con cualquier excusa, la invitaría a un café, puede que incluso a cenar. Durante la conferencia no le había quitado la vista de encima, aunque él había evitado cruzar la mirada con ella en todo momento. Eso le dio la oportunidad de fijarse mejor. Había visto que no llevaba alianza, aunque eso no tenía por qué significar nada… y en cualquier caso, no era su problema.

Y allí estaba, hablando con otro de los asistentes del que no tardó en despedirse en cuanto la vio acercarse. Era su turno. Se retiró el pelo con las dos manos, consiguiendo que su camiseta se levantara lo justo para mostrar su cintura, pasó entre algunos grupos fingiendo no sentir las miradas sobre ella, y finalmente lo miró directamente a los ojos. Sabía que, en ese momento, para él no había allí nadie más. Bajó la mirada y sonrió. Le encantaba esa parte del juego. Cada gesto, perfectamente estudiado, cada reacción, absolutamente previsible. La hacía sentirse como un animal, puro instinto.

Mientras se acercaba a él, trató de adivinar cómo sería en la cama. Se preguntó qué le gustaría y hasta dónde estaría dispuesto a llegar. Y supo que acabaría haciendo cualquier cosa que ella le propusiese. Lo volvería loco de deseo, tanto que terminaría confundiéndolo con amor. Como todos. Y ahí se acabaría la diversión. Como siempre. Entonces lo dejaría. Ella no necesitaba que la quisieran…

La saludó como si acabara de darse cuenta de su presencia, y comenzaron a charlar mientras la gente pasaba por su lado felicitándolo por la charla y despidiéndose de él. Media hora después, con el local ya vacío, le propuso salir de allí y tomar un café. Ella se limitó a sonreírle. Luego abrió la puerta y dejó que la siguiera.

Comenzaba el partido…

‘Maria’ / Blondie.

‘Maria’ / Blondie.

She walks like she don’t care / Smooth as silk, cool as air / Ooh, it makes you wanna cry .

Camina como si nada le importara / Suave como la seda, fría como el aire./ Ooh, te dan ganas de gritar.

She doesn’t know your name / and your heart beats like a subway train / Ooh, it makes you wanna die

No se sabe tu nombre./ Y tu corazón late como una locomotora./ Oh, te dan ganas de morirte.

Ooh, don’t you wanna take her? / Wanna make her all your own?

Ooh, no quieres llevártela? / y hacer que sea sólo tuya?

Maria./ You’ve gotta see her! / Go insane and out of your mind
Latina. / Ave maria./ A million and one candlelights.

Maria./ Tienes que verla!/ Te vuelve loco y te hace perder la cabeza.
Latina./ Ave maria./ Un millón de velas encendidas y una más.

I’ve seen this thing before / In my best friend and the boy next door / Fool for love and fool of fire

Esto ya lo he visto antes./ Entre mi mejor amiga y su vecino./ Locos de amor y de deseo.

Won’t come in from the rain. / She’s oceans running down the drain. / Blue as ice and desire.

No llegará con la lluvia./ Ella tiene océanos corriéndoles por las venas./ Azules como el hielo y el deseo.

Don’t you wanna make her? / Ooh, don’t you wanna take her home?

No quieres hacerle el amor? /No quieres llevártela a casa?

Maria (…)

Ooh, dont you wanna break her? / Ooh, dont you wanna take her home?

No quieres doblegarla? /No quieres llevártela a casa?

She walks like she dont care./ You wanna take her everywhere./ Ooh, it makes you wanna cry.

Camina como si nada le importase./ Te la llevarías a cualquier parte./ Oh, te dan ganas de gritar.

She’s like a millionaire./ Walking on imported air. / Ooh, it makes you wanna die.

Se comporta como si fuese millonaria./ Como si fuese mucho mejor que tú./ Oh, te dan ganas de morir.

Maria (…)


Esta semana le tocaba proponer tema a Jose Alberto, y ha dicho: “Un relato inspirado en una canción.. (tema libre, claro, únicamente enlazar o poner la canción que lo inspira).”

Luego ha dicho más cosas, pero como sus razones no cuelan… 🙂

(*) Más traducciones pinchando aquí.


 

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Cómo me gusta verlo dormir, con la babilla cayéndole por la comisura de los labios y el libro abierto sobre las piernas… Es que no sólo es guapo, encima es culto. Esta semana trae uno bastante gordo, El código Da Vinci. Más de quinientas páginas, que se dice pronto… A veces, cuando veo que se le va a caer, me acerco, se lo quito de encima y le pongo algo para que no pierda la página por la que va, un billete del metro, una factura de la comida, cualquier cosa… Lo hago con mucho cuidado, porque últimamente tiene muy mal despertar. Pero es normal… que tu mujer te deje para irse con tu mejor amigo no es plato de gusto para nadie. Aunque la verdad, yo creo que es lo mejor que le podía pasar. Menuda golfa era, lo sabía todo el mundo.

Antes de separarse siempre venía de buen humor. Llegaba canturreando, con su tupperware de albóndigas, pollo en salsa, filetes empanados o lomo adobado, dependiendo del día. Le pegaba una etiqueta con su nombre y lo guardaba en el pequeño frigorífico que compartimos. Cuando le conté que yo no comía carne ni pescado y que no tenía que preocuparse, porque ni por error me acercaría a sus tuppers, dejó de poner la etiqueta. Luego, poco a poco, se fue animando a probar la comida que yo me traía: ensalada de pasta, tortilla con pisto, albóndigas vegetales…

Cuando su mujer se fue, se abandonó muchísimo. A menudo llegaba tarde, sin afeitar, y en vez de tuppers, empezó a traer bocadillos. Me dio tanta pena que, casi sin pensar, empecé a cocinar para dos… Le llevó algún tiempo darse cuenta de que el bocadillo siempre acababa intacto. Hasta que hace cosa de un mes, me soltó, como el que no quiere la cosa: Mañana no cocines, invito yo. Pedimos a un chino. Allí tienen rollitos de primavera y todas esas mariconadas que ellos comen.

Desde entonces es como una tradición, los jueves pedimos al chino de la esquina: chop suey de pollo, cerdo agridulce, o pato laqueado, para él… rollitos de primavera, noodles o arroz tres delicias, para mí. Pero lo mejor de los jueves, sin duda, son las galletas de la suerte. Sé que es una tontería, pero reconozco que siempre las abro esperando encontrar una señal que me haga dar el paso, echarle valor y decirle de una vez lo que siento por él.

Mientras tanto, me conformo con verlo dormir y poder despertarlo cuando llega el pedido…

– Mi sargento, perdone que lo despierte, pero la comida ya está aquí…

– Joder, Fonseca, te he dicho cien veces que no te pongas tan cerca para despertarme… y déjate de tanto “perdone” y tanta hostia, que con tanta tanta educación la gente termina por no tomarte en serio, por mucho tricornio que lleves en la cabeza, te lo digo yo… A ver si voy a tener que acabar sacándote de putas pa’que espabiles, jajajajaja… Pero come, hombre, come…


Esta semana le ha tocado proponer tema a Psiqui, y ha dicho:
” El tema es: Comida china o japonesa y relaciones de pareja… Espero que sea difícil y que vuestras mentes imaginativas se vuelvan algo calenturientas…”

Casi na… 🙂

 

 

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Estooo, a los que tengáis pensado a leer mi relato de esta semana, os recomiendo que leáis primero el de Q…


Jueves ya, joder. Jueves y yo sin disfraz. A ver de dónde coño saco uno pa’mañana… Si es que siempre me pasa lo mismo. To’pa última hora… Al final iré de fantasma, como el año pasao, con la sábana de flores.. Total, ya está rota. Lo malo es que hace dos meses que no la cambio… a saber lo que habrá criado ahí debajo. Lo mismo me meto y no salgo…

Piensa, Chuki, tío, que tú en pretecnología siempre sacabas notable…

Ya está. De puta. Eso no puede ser mu’difícil. Mi vieja siempre dice que la Yoli tiene una pinta’ guarra que echa pa’trás… lo mismo se enrolla y me deja algo… Qué cabrona, mi vieja. Pero cuando tiene razón, tiene razón, que la Yoli es mu’buena gente, pero se tira hasta a los charcos.

Lo malo es que si le pido la ropa seguro que se me apalanca. Como no le gusta na’ una juerga. Y luego, con tres copas y dos porros no la aguanta ni su puta madre… Nah, que le den a la Yoli. Paso. Ni de fantasma ni de puta, me dejo puesto el uniforme y voy de basurero.

Hostias, tú! ¿Qué coño es….?? Tío!! Tío, ¿estás bien?

Help….me…

– Joder, colega, la que llevas encima!… Que el carnaval empieza mañana!! Tío, ¿me escuchas?

– Help….me…

– ¿Qué hablas, Spiderman? NO-TE-EN-TI-EN-DO.

– Help…

Mira, no sé lo que dices… pero ya te vale… has volcado el contenedor… ¿Quién va a recoger ahora toda esta mierda? ¿Tú? Joder!

– Me…llamo… Black Dragon…

– Black Pollas. No te jode. Venga, fuera de aquí, que viene mi colega con el camión… Tío! ¿Me oyes?

– ¿Qué pasa, Chuky…? ¿Y eso, tío!?

– Nah, un borracho… tú vacía el contenedor, que yo te alcanzo en el próximo. Voy a recoger esto y a dejar al nota este en ese cajero… (…) Y tú, Spiderman, ya no necesitas el traje, ¿a que no? ¿No contestas? Pues me lo llevo, colega… Ea, ahí te quedas, tapaíto con esos cartones… Y gracias, tío. No sabes el favor que me haces.


Tío, Chuky, qué disfraz más de puta madre! Mi sobrino tiene uno igual, jajaja.

– Tu sobrino y tú me la coméis, Chino. Además, desde que lo llevo puesto… no sé, pero te juro que noto algo….. algo….

– Qué pasa, que ya vienes mamao de casa, no? Anda que ya te val..

– Cuidado!

– Qué?… Tío, has cogido el botellín al vuelo! ¿Cómo coño has hecho eso?

Chukyman siempre en la sombra.

¿


Esta semana le tocaba a Louis proponer tema. Y nos ha pedido que nos pusiéramos en la piel de Blackdragon…

El caso es que en mi pueblo esta semana estamos de carnaval.

Y entre eso, y que la Q es una lianta…. XD

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Despertó sola, como cada mañana. No eran ni las 7 pero después de tanto tiempo madrugando para llegar al colegio antes que sus alumnos no podría quedarse en la cama aunque quisiera. Aun sabiendo que hacía años que nadie la esperaba ya en ninguna parte.

Se preparó una taza de té y la llevó en la vieja bandeja de mimbre hasta la mesita que había junto al ventanal. Frente a la taza humeante, su mirada atravesó su propio reflejo en el cristal y comenzó a observar a toda esa gente que se cruzaba como si no se vieran. Una joven que llevaba de la mano a su pequeña atrajo su atención. En ese momento la niña miró hacia el ventanal y le sonrió. Y se dio cuenta de que hacía meses que las únicas sonrisas que veía estaban atrapadas en los marcos de plata que había sobre el aparador.

Dejó la taza sobre la bandeja y cogió una de sus fotos favoritas, una tan antigua que apenas se reconocía en ella. Debía tener unos 20 años, llevaba en brazos a su sobrino favorito y una enorme sonrisa iluminaba su rostro. Su mayor sueño era entonces formar su propia familia. No sabía aún que la vida tenía sus propios planes para ella… ‘Los caminos del señor son inescrutables’ solía decir el padre McKenzie… El padre… casi lo olvidaba, había quedado en pasarse un rato antes del oficio para hablar con él sobre la función de Navidad.

Al llegar a la parroquia le sorprendió ver los escalones llenos de pájaros. El arroz estaba por todas partes. Y por un instante fue como retroceder en el tiempo. Recordó a un padre McKenzie 40 años más joven, esperando junto a ella en el altar, sonriéndole y tratando de no mirar el reloj. Recordó sus palabras dando la boda por anulada, cuando fue evidente que el novio no aparecería. Recordó el arroz que nadie tiró sobre su cabeza, la tarta que nunca llegó a probar, las habladurías…

Cogió un puñado del que había en el pasamanos y se lo guardó en el bolsillo de su abrigo. Sin sacar la mano de él, entró en la iglesia y se sentó, como siempre, en el tercer banco de la derecha, junto al pasillo, la espalda pegada al respaldo. Con la vista puesta en el altar dejó que sus dedos jugaran con el arroz en su bolsillo.

El padre McKenzie declaró haber encontrado a la señorita Rigby tumbada en el tercer banco de la derecha, su sitio habitual. Un puñado de arroz caía de su mano.

(…)

‘Eleanor Rigby’ / The Beatles.

‘Eleanor Rigby’ / The Beatles.

Ah, look at all the lonely people.

Ah, mira lo sola que está toda esa gente.

Eleanor Rigby picks up the rice in the church where a wedding has been / Lives in a dream / Waits at the window, wearing the face that she keeps in a jar by the door / Who is it for?

Eleanor Rigby recoge el arroz en la iglesia donde hubo una boda / Vive en su mundo / Espera junto a la ventana, lleva puesta la cara que guarda en un jarrón junto a la puerta / Para quién se la pone?

All the lonely people / Where do they all come from ? All the lonely people / Where do they all belong ?

Toda esa gente que está sola, de dónde viene?/ Toda esa gente que está sola, a dónde pertenecen?

Father McKenzie writing the words of a sermon that no one will hear / No one comes near./ Look at him working, darning his socks in the night when there’s nobody there / What does he care?

El padre McKenzie escribe el sermón que nadie oirá. Nadie va a venir. Mira cómo trabaja en él mientras zurce los calcetines por la noche, cuando está solo. Qué más le da?

All the lonely people(…)

Eleanor Rigby died in the church and was buried along with her name / Nobody came / Father Mckenzie wiping the dirt from his hands as he walks from the grave / No one was saved.

Eleanor Rigby murió en la iglesia y fue enterrada junto a su nombre. Nadie fue a su entierro./ El padre McKenzie se limpia las manos de tierra mientras se aleja de su tumba. Nadie se salvó.

All the lonely people (…)

(*) Más traducciones pinchando aquí.

(**) Esta semana le tocaba proponer tema al Escocés (que ha aprovechado para decirnos eso de “yo me voy por mi izquierda… yo me voy por mi izquierda…”) y no se ha comido mucho el coco, la verdad:“Tema libre, pero que incluya una canción de Los Beatles”

A mí no me había dado tiempo a escribir nada, por eso no he colgado nada en el foro. Peeero… como la idea sí la tenía, esta mañana he intentado darle forma y esto es lo que me ha salido. Por lo menos esta vez es cortito.

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Después de dos semanas de lluvias ininterrumpidas, por fin nevaba. En los bares, en los ascensores, en las oficinas, no se hablaba de otra cosa. Imaginó cuánto le habría gustado ver aquel manto blanco cubriéndolo todo, a pesar de que nunca había conocido a nadie que soportara peor el frío. En días como aquél, le gustaba abrazarla, notar su nariz helada en el cuello y sus manos metiéndose bajo su ropa en busca de calor. Seguramente habrían ido al Retiro y habría paseado con ella agarrada del brazo. O puede que se hubieran quedado en la cama haciendo planes y viendo caer la nieve a través del cristal. Entonces él habría dicho alguna tontería para que perdiera el hilo y habría aprovechado la ocasión para besarla. Y ella habría sonreído. Y él se habría sentido el hombre más afortunado del mundo y la habría besado de nuevo. Pensó en cuánto tiempo hacía que no la veía sonreír…

Al otro lado de la ventana, los copos de nieve le recordaban a las flores de jazmín que se desprendían de las ramas con el viento, flotando en el aire durante unos segundos para acabar posándose en el césped. Cuando plantaron aquel jazmín apenas les llegaba a las rodillas. Ocho veranos después se extendía por toda la pared y empezaba ya a trepar por la pérgola de madera que cubría el patio. Ahora sin embargo crecía salvaje, como si no supiera hacia dónde ir o dónde enredarse. Siempre había sido ella la que se había encargado de podarlo y cuidarlo, y ahora estaba tan perdido como él. Probablemente la nieve lo habría vencido con su peso y cuando volviera a casa lo encontraría tronchado y helado. Una angustia inesperada lo asaltó de repente… ¿Qué le diría si decidía regresar y preguntaba por su jazmín?

Hacía años que no nevaba de aquella manera. Incluso los informativos aconsejaban no coger el coche si no era imprescindible. El primer mareo del día la pilló sola, en la ducha. Cuando se lo contó, él le regañó como a una cría. Era la tercera vez en lo que iba de semana, y aún así no había manera de convencerla para que fuera al médico. Ella le quitaba importancia, seguro que era de la tensión, decía, nada que no se le pasase con una Coca-Cola. El segundo mareo le dio después de cenar y tras él vinieron los vómitos. Y antes de que él pudiera coger las llaves del coche, ella se desplomó. Fuera, las carreteras secundarias estaban cortadas por la nieve. La ambulancia no llegó a tiempo.

Desde entonces dormía. Y él velaba su sueño. Y la miraba, y la besaba, y le llevaba su música favorita… Sólo a veces, en silencio, le echaba en cara que hubiera sido tan cabezota. Sólo a ratos la culpaba por haberlo dejado tan solo. Por no despertar. Entonces salía de la habitación, bajaba a la cafetería, pedía un café, y se quedaba allí frente a la taza, esperando, dándole tiempo para reaccionar, para que despertara aunque sólo fuera para contestarle. Más tarde, cuando regresaba y la veía allí, dormida, le pedía disculpas por haberla dejado sola, le cogía la mano y le contaba cualquier cosa, el último chisme que hubiera escuchado en la cafetería. Y luego rompía a llorar…

Pero hoy no. Hoy era diferente. Hoy era su cumpleaños, o su no-cumpleaños, según se mirara. El quinto que pasaba en el hospital, aunque hacía ya tres que lo celebraban solos. Amigos, familiares lejanos, compañeros de trabajo hacía ya tiempo que habían dejado de ir. Mejor. Después de tantas noches junto a ella, de tantas reuniones con sus médicos en las que habían intentado hacerle entrar en razón, por fin había firmado… Esperó a que saliera la enfermera para sacar su regalo del cajón de la mesita que había junto a la cama. Era su última noche juntos, y quería estar a solas para mostrarle lo que había dentro del sobre. Primero leyó la carta, un par de folios llenos de guiños que sólo ella entendería, hojas escritas de madrugada en las que le decía que no sabía qué iba a hacer con sus noches cuando ella no estuviera… jamás pensó que le costaría más leerla que escribirla. A continuación, leyó en voz alta la copia del impreso. Éste era más breve. En él, daba su consentimiento para apagar la máquina que la mantenía con vida. Después de eso, todo habría acabado…

Menos para ti, cielo, para ti todo empezará de nuevoFeliz cumpleaños, amor mío.

Por una vez estaba seguro de haber acertado con su regalo . No pensaba contárselo a nadie, pero juraría que la había visto sonreír.

‘Si tú no estás aquí’ / Rosana.


Bueno, pues después de una larga e injustificada ausencia de más de 4 meses (ahí es nada), he vuelto a escribir en el foro. Y esto es lo que he colgado: breve, alegre… vamos, que lleva mi sello lo mires por donde lo mires… Qué le voy a hacer si es que… ♫♫ soy la juerga padre, la alegría de la huerta…♫♫ jeje.

El tema de esta semana lo ha propuesto Juan, y es Reciclaje.