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(Visto el éxito que tuve cuando traté de endiñaros a Brow, no sé ni para qué lo intento… peeeeeero…)

gatitos“Hola, te envío unas fotos a ver qué hacemos. Una gata callejera los ha parido en mi jardín. Pero la madre no da señales de vida. Los vi ayer. Cuándo te los llevo?”

Mi primera reacción fue reírme “jajaja”. Pero hasta por wasap se notaba que era una risa nerviosa. Y A. lo sabía.

Qué malo es conocerse…

Como veis, son 3 gatitos, de dos semanas (quizá tres), PRECIOSOS, a cuya madre debe haber atropellado un coche o algo similar (de lo contrario habría vuelto).

Yo no tengo sitio para más bichos. Vivo de alquiler en una caja de cerillas y con 2 gatos y 1 perro-caballo ya estoy servía… Pero A. no para en su casa y si alguien no se hace cargo de ellos pronto, van a tener un final muy triste.

gatitos2Como yo no sé mirar pa’otro lado, me he ofrecido a hacerme cargo de ellos hasta que coman solos. Pero definitivamente no me los puedo quedar, así que he decidido tirar de blog para buscarles una familia. No me vale cualquiera, lo digo desde ya. La idea no es quitármelos de encima, es encontrarles una casa donde vayan a cuidarlos de manera responsable.

Si alguien quiere alguno de ellos (o sabe de alguien que los pueda querer), que me avise vía comentario o vía mail (pormeuncocacola@gmail.com) y lo hablamos. De momento están en Sevilla, pero si hace falta llevarlos a alguna parte, también podemos hablarlo. Yo puedo orientaros, en caso de que sea vuestro primer gato, y echaros un cable en lo que haga falta, pero primero echadme un cable vosotros a mí, por lo que más queráis…

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De La Chaparrita me gusta que, estando en un barrio tan pijo como el mío, la gente con la que suelo coincidir allí sea gente corriente: familias ruidosas, mexicanos nostálgicos, parejas acarameladas…

Me gustan sus paredes lilas, anaranjadas y amarillas, sus salvamanteles de yute y la barra donde me invitan a un Nestea cuando espero comida para llevar.

Me encanta muchísimo que tanto el dueño, dos metros de amabilidad mexicana, como el camarero, mexicano también y de sonrisa perfecta, me reconozcan siempre que voy y me llamen señorita :cool:

Y, por supuesto, me encanta la carta, al menos la parte que he probado: los frijoles con crema, las flautas de patata, el sope callejero, los tacos de raja de chile poblano, las quesadillas de flor de calabaza (cuando las tienen), los tamales de verdurita y los de raja; y, psssí, vale… los crepes de dulce de leche, los margarita y los chupitos de tequila 😀 .

Cuando voy a La Chaparrita me gusta pillar la mesa que está junto a la ventana o, en su defecto, la que hay en la esquina del fondo. Me gusta pedir cosas para compartir y luego algo más para cada uno, y si es de noche, salir de allí con ese puntito que me hace ir riéndome discretamente por la calle aunque sin llegar a potar por las esquinas.

(…)

Del Duplex me gusta que por fin sé llegar sin perderme. Y sólo me ha llevado 6 años¡¡¡ 😀

Me gustan sus 3 plantas y me gusta no haber tenido que sentarme nunca en la del medio. Me gustan sus camareros, que suelen ser guiris como la clientela, y la música que suelen poner.

Y me gusta su carta, ofkórs: me encantan los champis con soja, los cubos de camembert frito con salsa de arándanos, las croquetas de espinaca, la cazuelita de provolone, las patatas al vino dulce…

Cuando voy al Duplex me gusta sentarme en una de las mesas de arriba que dan a la barandilla, o en la mesa de abajo que hace rincón, mirar la carta como si no supiera qué voy a pedir y observar al camarero acercarse con la primera jarra de sangría. Y es que, al pan, pan,  la sangría del Duplex me encanta tantísimo que creo que es el único restaurante del mundo en el que, cuando voy, como fruta 😎

Y tanto si son las 4 de la tarde como las 10 de la noche, me encanta salir de allí habiendo dedicado no menos de una jarra a brindis varios, riéndome de todas las chorradas que he ido acumulando mientras estaba dentro y haciendo eses por el empedrado de vuelta a casa.

(…)

Lo malo del Porta Rossa es aparcar… pero como a mí siempre me dejan en la puerta, lo soporto con resignación 😎

Lo bueno del Porta Rossa es TODO lo demás, y todo lo demás incluye a los dueños -un italiano, muy italiano, y un español, encantadores ambos-, a los camareros, la decoración del local, las servilletas de tela…

La carta del Porta Rossa es sencillamente alucinante. No hay ni un solo plato al que se le pueda poner un pero, desde los antipasti – esa ensalada de calabacín con parmesano y trufa, los cornetti de espárragos con crema y, mi entrante favorito, la melazane alla parmigiana-  hasta los platos principales – los ravioli rellenos de muselina de setas con salteado de piñones, romero y nata están pa’cantarles. Eso sí, conviene dejar hueco para los postres. Salir de allí sin probar la panna cotta al caramelo, independientemente de lo lleno que estés, es imperdonable.

Cuando vamos al Porta Rossa, porque al Porta Rossa solemos ir los 4, me gusta elegir una mesa que quede junto a alguna pared y sentarme junto a Paula, dejando a los chicos enfrente. Me gusta comerme la mini pizza que me toca cuando aún quema, antes de que mi hija me la quite como hace con la de Nacho. Me gusta  jugar con los grissini, ponérmelos a modo de bigote súper largo y utilizarlos luego para coger las aceitunas.

Y me gusta que, antes de irnos, alguno de los dueños se acerque para ver qué tal estaba todo y nos sonría y nos ofrezca un limoncello y nos diga que espera vernos pronto por allí.

Y llegar luego a una casa con un sofá destrozado y sin lámparas, porque ahorrar para comprar las que a mí me gustan significaría ser hormiga y ser hormiga implicaría renunciar al presente que son  las mesas para dos (o para cuatro) en las que hartarme de comer y brindar con aquellos a los que quiero.

Y esa renuncia, al menos para alguien como yo, es inconcebible… Porque las mesas para dos son la pura esencia de la felicidad inmediata. Y a fin de cuentas ésa es la única felicidad que podemos concebir las cigarras.

Escrito por: Bloody el 14 Feb 2009

Exposición de la obra de J. Ripollés en Sevilla, Febrero 2009 (citas extraídas de su página web. Si os parecen interesantes, os recomiendo que os deis una vuelta por ella).


‘FELICIDAD’
/ ‘Lo horizontal y lo vertical es lo fácil. Lo difícil es apostar por las líneas transgresoras’.

‘PENSADOR’ / ‘Cuando vivía en mi masía aislado sólo tenía contacto con dos personas: un pastor y un leñador. Un día les dije que me iba a Nueva York y el leñador me preguntó: ¿Pero volverás a la noche, no?’

‘PENSADOR’ / ‘Para pintar no necesito únicamente estar al sol, sino sentir su contacto en todo mi cuerpo. Por eso pinto desnudo, pero no para escandalizar a nadie’.

(SIN TÍTULO) / ‘He llegado a pasar mucho tiempo sin pintar porque no me apetecía y porque no tengo la facultad de mentir’.

‘NIÑO CORRIENDO’ / ‘La pobreza me hizo libre. De pequeño tuve que recoger estiércol para ayudar a mi familia, pero yo cogía sólo la boñiga que yo quería y donde quería. Nadie me decía ni cuál ni dónde tenía que ir’.

‘LA REINA’ / ‘La gente me llama estrafalario y que visto así para vender más. Invito a quien lo crea así a que pruebe a ver cómo le va’.

TOTEM CABEZAS’ / ‘No creo en las rupturas’.


‘TOTEM CABEZAS’ / ‘He sido mejor amante que marido. El amante da ilusión, el marido es el contenido de la comodidad. Cuando en la vida me he dado cuenta de que me he convertido en marido en vez de amante, me he ido’.


‘ENCANTADORA’ / ‘En mi infancia no pude ser niño. Por eso luego le pedí a la vida que me dejara serlo. Los niños viven una vejez prematura en una guerra’.


‘TUMBADO’ / ‘A mi edad sería ridículo llamar la atención para ser famoso. Si quisiera llamar la atención, me bastaría con vestirme un día con un traje y corbata’.

‘HOMBRE CON MARIPOSA’ / ‘El arte es humanizar las experiencias del horror’.

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Este fin de semana he vuelto a Cádiz. Llevaba mucho tiempo sin ir. Quizá demasiado.

Recuerdo que cuando nos mudamos, allá por el ’84, no era más que una ciudad cualquiera donde nadie nos esperaba, ni amigos, ni familia, sólo un piso enorme y vacío y un colegio nuevo. Pero todo eso no me importaba. A mis 12 años era una optimista nata que pensaba que los comienzos, por muy difíciles que parecieran, no dejaban de ser una oportunidad para empezar de cero.

Me fui de Cádiz en el ’96, con 24 años, dejando atrás muchas cosas. Dejé amigos que no pude o no supe conservar, dejé el mar y el olor a sal en el aire, dejé los años en los que todo estaba por estrenar y nada parecía imposible, y dejé de tener una habitación individual para irme a una compartida.

(…)

Este fin de semana he vuelto a Cádiz, y aunque al principio parecía que no hubiera pasado el tiempo, pronto supe que sólo se trataba de un espejismo. Al cruzar la puerta y recorrer el largo pasillo que antes llevaba a mi cuarto, me di cuenta de que aquélla ya no era mi casa, aunque sigue sin quedarme claro en qué momento dejó de serlo.

De las 5 habitaciones que hay, 3 siguen prácticamente iguales, incluído el cuarto de mi hermano, que también se fue de allí hace bastantes años. En su armario sigue habiendo ropa suya, en su escritorio papeles, en sus estanterías apuntes de la carrera, y sus paredes siguen llenas de posters y corchos con fotos de sus amigos.

Sin embargo, mi antigua habitación es ahora la sala de estar, y la antigua sala de estar, una habitación con cama de matrimonio en la que se quedan mi hermano y su mujer cuando van los fines de semana.

Me encantaba mi habitación. Tenía estrellas en el techo, una cama que de día era un sofá, fotos en las paredes, peluches, discos, libros, y hasta una jacaranda en la acera de enfrente que casi podía tocar desde mi ventana. En mi cuarto siempre había amigos: charlando, tirados en la cama, escuchando música, o esperándome para salir. Allí fue donde di mi primer beso de verdad y donde hice el amor por primera vez.

Anoche dormí en el cuarto de mi hermano, rodeada de cosas que no significan nada para mí. Y reconozco que eché de menos mi habitación, mis estrellas, mi cama… Eché de menos tener un cuarto al que poder regresar en una casa en la que parece que nunca haya vivido. Y a pesar de poder olerlo, me di cuenta de que el mar nunca había estado tan lejos.

Por eso cuando oí a mi tía Pili decir: ‘cuántos recuerdos te debe traer estar de nuevo en casa…’, no pude evitar sonreír mientras pensaba que no hace mucho, al despertar en el piso de un amigo -un piso sin muebles ni cuadros ni siquiera un sofá donde sentarse a ver la tele- me sentí más en casa de lo que me había sentido esa noche entre aquellas paredes en las que dejé 12 años de recuerdos que alguien se había tomado la molestia de borrar.

(…)

Hoy he vuelto a casa, a mi casa, a esta ciudad sin mar, sin olor a sal, y sin amigos, en la que después de 12 años sigo sintiéndome una extraña.

Al menos –he pensado- si algún día me voy de aquí no habrá mucho que echar de menos…